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26 VIERNES 23 6 2006 ABC Internacional Olmert lamenta ante Mahmud Abbas los accidentes israelíes que matan a civiles Tras la cita protocolaria de ayer, ambos líderes acuerdan reunirse antes de dos semanas en Egipto b Israel, que descarta una opera- ción militar terrestre en la Franja de Gaza, seguirá con sus asesinatos selectivos pese a la muerte de 21 inocentes en nueve días JUAN CIERCO. CORRESPONSAL JERUSALÉN. Ehud Olmert y Mahmud Abbas desayunaron ayer en la localidad turística jordana de Petra. Lo hicieron en compañía de Simón Peres y del Rey de Jordania, Abdalá II. Un saludo, entre abrazo y apretón de manos; un par de sonrisas forzadas; algunas frases hechas sobre futuras concesiones dolorosas; un café con leche y bollos, y un lamento. La cosa no podía dar para mucho más, pues no habrá negociaciones políticas entre las partes mientras no se resuelva antes el diálogo entre Al Fatah y Hamás- -algo oxidado en los últimos días- -que lleve al reconocimiento del Estado de Israel por parte del Gobierno palestino. No volverán a verse las caras (ayer fue la primera vez desde que Olmert se convirtió en primer ministro hebreo) hasta que cese el lanzamiento de los artesanales cohetes Qassam sobre Sderot y sus alrededores. No se citarán en Egipto a finales de junio o principios de julio, mientras Tel Aviv no ponga fin a los asesinatos tan poco selectivos que en los últimos días han acabado con la vida de 21 civiles inocentes, entre ellos siete niños, en Gaza. Esta cuestión, precisamente, fue la que lamentó Olmert durante su compa- recencia junto a Eli Weisel ante el auditorio de la Conferencia de Petra. El primer ministro de Israel dijo que siente los graves accidentes en los que han muerto civiles palestinos. Esta no es la política israelí, sino que se ha tratado de errores puntuales ¿Accidentes o crímenes de guerra? La organización hebrea de derechos humanos Betselem salió de inmediato a la palestra para calificar esos accidentes esos errores de crímenes de guerra puesto que la legislación humanitaria internacional prohíbe atacar incluso objetivos militares legítimos si se corre el riesgo de dañar a civiles Que es exactamente lo que ocurre a diario en Gaza. Betselem cifró en 23 los civiles palestinos muertos entre el 20 de mayo y el 21 de junio, entre los que no contó a los 8 muertos en la playa de Gaza, pues no ha cerrado su investigación sobre la responsabilidad del incidente. En ese tiempo no murió un solo israelí. Poco influirá esta acusación en los líderes políticos, en los mandos militares israelíes. El propio Ehud Olmert negó con semblante serio, indignado por la comparación, que se pueda equiparar el terrorismo palestino a los ataques de su Ejército, porque, según dijo, el Tsahal no intenta dañar a inocentes, sino todo lo contrario También dejó clara la postura del Ejército el jefe de la Fuerza Aérea israelí, el general Eliezer Shkedi, quien aseguró al respecto que esos ataques aéreos son la única alternativa para luchar contra el terrorismo en Gaza, salvo que llevemos a cabo una operación militar terrestre que queremos evitar a toda costa Shkedi acusó por su parte a las células terroristas palestinas de lanzar los cohetes Qassam entre las casas de los civiles, lo que dificulta nuestra prevención, algo que no vamos a dejar de hacer porque para nosotros lo más importante es proteger la vida de los ciudadanos israelíes Explicaciones, todas ellas, dirigidas a la comunidad internacional y a la opinión pública israelí, pero nada convincentes para los habitantes de Gaza y de Cisjordania, y mucho menos aún para los miembros de las familias palestinas rotas, una tras otra, con tozuda y machacona insistencia, en las últimas semanas. Ahí están los Al- Mugrabi (dos niños y un padre muertos) los Ghalia (siete de sus miembros fallecidos en la playa) los Bardawi (Fátima, embarazada de siete meses, y su hermano Zacarías) Ahí están, muertos y enterrados por error por accidente Olmert, Abbas y Abdalá II (de izquierda a derecha) estrechaban sus manos ayer en la milenaria ciudad de Petra AP Niños palestinos con cara de muerto J. CIERCO JERUSALÉN. En Gaza hay varias plagas, pero una, la de los niños, destaca por encima de todas. En Gaza hay niños por todas partes. En las esquinas vendiendo pañuelos de papel. Sujetando las riendas de los burros que tiran de unos carros a punto de desarmarse. En la puerta de los colegios, que hacen turno tras turno, con horarios especiales, por la sobredosis de niños. Junto a las mezquitas, los viernes de oración, pero también los lunes y miércoles de devoción. Al lado de sus casas, jugando a palestinos e israelíes. En los campos de refugiados, enganchados a esas cometas que vuelan por los cielos ocupados de la Franja. En Gaza hay niños por todas partes, también en las morgues, donde en los últimos días apenas caben. Hay niños muertos junto a los vehículos de esos milicianos, unas veces sí otras no, objetivo de los aviones sin piloto israelíes que les disparan sus misiles dirigidos por control remoto. Hay niños muertos en sus propias casas, cuando un proyectil israelí se equivoca de objetivo. Hay niños muertos en las playas, de donde vuelven cadáveres cuando habían ido a pasar una tarde de merienda y baño. En Gaza hay varias plagas, pero una, la de los niños, destaca por encima de todas. Hay niños por todas partes. Sobre todo en las morgues, adonde llegan con cara de muerto.