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ABC VIERNES 23 6 2006 Opinión 5 UNA RAYA EN EL AGUA IMPRUDENCIA TEMERARIA S ALEJANDRINOS PARA TOTO LEÓN UEDABAN tres garrochas de sol al horizonte en tu vieja Sanlúcar de Jara y manzanilla. Fue cuando la garceta o el vencejo, o el río, ay, Antonio, poeta, me anunciaron tu muerte. Este sol sanluqueño, ay, Toto, de tu vida, de nuevo condecora de azafrán y morado a un poniente de Coto, de bodega y mayetos. A ese mundo, tan tuyo, de pregón y de versos, de amistad en la copa o en la copla. De cante. De caballos, de toros, de coches a la larga, de escopetas que avientan dos tiros al destino. Ay, Toto, se te ha ido el vareto por Córdoba. Otra vez nos veremos. Negro luto la suerte. Resuenan tus poemas a tralla y cascabeles. Va Mata en el pescante llevando a Doña Petra hacia misa de once, ya el reloj sin esfera. Leyendo tus poemas maduros, qué tesoro, yo he visto las carretas de costo y simpecado pasar por las arenas de un viejo paraíso, donde, Adán, le ponías el ANTONIO nombre a la belleza, a la vida del camBURGOS po andaluz donde eras, el señor soberano de la fauna y la flora: el silvón, la cerceta, chibebes, zarapitos, espátulas, pardillas, garzas, abejarucos, el lubricán que alisa la arena de los pinos, esas curvas del río que trazan las adelfas, los lucios de neblina. Y el Rocío a lo lejos, tan cerca, ese romance que recitas ahora a la Blanca Paloma, pregón definitivo de marismas azules, que da la vuelta al ruedo de tu frente romana esa cinta morada que dice en tu sombrero que es Jerez y es Sanlúcar, y también Grecia y Roma, y un poco de Sevilla, albero y albariza, lo que da la grandeza a tus versos de hombre, ese paño escondido que en el arca no vendes y que al fin publicaste cuando estaba cayendo el sol sobre tu vida, calatravo tan recio. En casa de Tía Regla, donde tu hermano Eduardo, donde estuvo la infancia de Rafael, tu primo, yo he visto tu retrato, ay, Toto de mi alma, hermano de la Bética, de este sueño imposible. Te he visto en un Q mosaico que trajeron de Itálica. Tus rizos, tu sonrisa, tus ojos chispeantes, tu color tan de campo, tus manos de nobleza, yo las vi muchas veces allí en la calle Cuna. Como un viejo patricio de villa con columnas, impluvium en el patio donde ríe la fuente. Te orlaban los delfines que suben por el río. Estabas coronado con pámpanos de viñas de un septiembre infinito en que tú pregonabas las vendimias de sueños. Con Baco, ese compadre de un tabanco oloroso. Con cantes que no saben que la letra era tuya. Tú eras un patricio, el último de Roma, que vino en un trirreme, ¿por atún, por aceite? Quizás a ver al Duque, Montpensier sanluqueño. Y a mandar puerta a puerta hasta el Monte Testaccio ánforas lebrijanas ungidas con tus versos y quizás una bota con manzanilla nueva. No te has ido, ay, Toto, que aún el sol está alto, y faltan tres garrochas para las gaviotas que atardecen tan lentas, Zalabar, Bajo Guía, araucarias, compases de los viejos conventos, los retablos barrocos de plata de las Indias. Manzanilla pasada que no mueve molino es siempre nuestra vida cuando el sol se nos pone. Yo sé lo que ha pasado: que has venido a Sevilla, a casa de Tía Regla. La calle Cuna mece tu humanismo romano. Tú eres un mosaico de grandeza del alma, en donde cabe Roma, en donde Grecia cabe, en donde Andalucía proclamas con palabras que rimas con la gracia de una media verónica. Tres versos que conviertes en cuatro, como un trébol, a todos los que tienen la suerte de escucharte. Romances con hondura de muleta a la izquierda. Y el soneto, tan clásico, tan bien arrematao, cuando se te arrebujan tus saberes del campo, del toro, del caballo, del mar, de la bodega, la jondura de un cante o el trato de una feria. Iré a verte esta tarde, allí a la calle Cuna. Lloran estatuas ciegas en vasos lacrimales. Tus rizos, tu sonrisa, tus ojos chispeantes, tu color tan de campo, tus manos de patricio estarán para siempre, tan Roma, en el mosaico que hicieron las teselas de los que te queremos. UERTE tiene Zapatero de que el carné de presidente del Gobierno no contemple el sistema de puntos que va a implantarse en el de conducir, porque si así fuere él iba a perder unos cuantos por exceso de velocidad e imprudencia temeraria en la negociación con ETA. Si después del último comunicado etarra no reduce la marcha antes de abordar la doble curva peligrosa del diálogo directo con los terroristas, va a entrar de lleno en el supuesto que su ministro de Justicia quiere penalizar con cárcel para los conductores de riesgo. Va demasiado deprisa, y lo malo es que no circula solo, sino que conduce un autobús en el que viaja todo el país con el aliento encogido. IGNACIO Parecerá demagogia, CAMACHO pero no deja de resultar significativo que el Gobierno quiera meter en prisión a todo el que sobrepase de largo los límites de velocidad y, al mismo tiempo, pretenda abordar una negociación en la que, con toda seguridad, tendrá que contemplar algunas excarcelaciones de etarras. Será para que dejen sitio a los conductores temerarios, que sin duda son una plaga social, responsable de muchas muertes al año en la carretera. Antes de reformar el Código, quizá habría que preguntar a los ciudadanos si prefieren ver en libertad a los locos del volante o a los locos de la pistola. A tenor de las exigencias de ETA en el último despacho de su reciente fiebre escribidora- -y siempre será preferible, desde luego, que redacten comunicados a que pongan bombas- los terroristas pretenden considerarse exentos del cumplimiento de la ley que rige para la ciudadanía común, se trate de la Constitución, del Código Penal o de las normas de circulación. Si no se puede arrestar a los que recaudan el impuesto revolucionario, llegará el día en que si un guardia detiene a un batasuno por ir a 190 en la autopista de Behobia pueda acabar escuchando la famosa pregunta de Otegi al juez Marlaska: ¿Sabe esto el fiscal del Estado? De modo que alguien tiene que pisar el freno de este autobús desbocado en que se ha convertido el llamado proceso de paz La separación de poderes no puede llevar al Gobierno a ignorar que hay jueces deteniendo a extorsionadores etarras y sentarse con sus jefes en una mesa, como si la mano izquierda de la ley no supiese lo que hace la derecha. El momento es sin duda muy delicado porque, justo cuando el presidente muestra más prisa por acelerar el diálogo, han empezado a fluir tercas realidades que contradicen su buena voluntad: la desafiante arrogancia de los asesinos de Miguel Ángel Blanco, el arresto de la banda de cobradores del frac, el comunicado impertinente que reclama la exención legal absoluta para los terroristas y sus pretensiones. Por esa vía no se puede correr a la velocidad que pretende Zapatero, ignorando las señales que invitan a la prudencia. Su carné de conducir el país no tiene puntos, pero los ciudadanos saben descontar de memoria el saldo de un gobernante.