Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
4 Opinión VIERNES 23 6 2006 ABC PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de área: Jaime González (Opinión) Mayte Alcaraz (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado, M. Erice (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) J. López Jaraba (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: José Luis Romero Adjunto al Consejero Delegado: Emilio Ybarra Aznar Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Francisco García Mendívil KIRCHNER Y LA TENTACIÓN POPULISTA AS buenas relaciones entre España y Argentina son imprescindibles para los dos países y la visita a España del presidente Néstor Kirchner no hace sino demostrarlo. Esos lazos afectivos y sentimentales van mucho más allá de las frías cifras de la inversión o la deuda, pero precisamente porque son tan sólidos y profundos, debemos aspirar a que sean al mismo tiempo beneficiosos en términos concretos para los ciudadanos de las dos naciones. En este caso se comprueba que la intensificación de las relaciones políticas de Kirchner con el Gobierno que dirige José Luis Rodríguez Zapatero ha resultado muy fácil. Pero esa sucesión de gestos no tendrá los efectos correspondientes en las relaciones con los grandes inversores españoles si el argentino no se convence de que tiene que dar los pasos necesarios para favorecer la integración económica entre los dos países. Kirchner pretende mantener una especie de equidistancia entre las posiciones más o menos ortodoxas- -que son las que le están dando buenos resultados para sacar al país de la crisis- -y las extravagantes ideas populistas que representan el venezolano Hugo Chávez y el boliviano Evo Morales. La defensa y el elogio de lo que estos últimos representan que hizo ayer en su discurso institucional no es el mejor argumento para convencer a los inversores de que Argentina es el excelente mercado que debería ser. Al contrario, revela una tendencia cuyas consecuencias para el continente suramericano no han dejado de ser perjudiciales. Argentina es un país que política e históricamente ha tenido una gran importancia en el mundo; no se entendería muy bien que ahora sucumbiese a la tentación de alinearse con esta corriente que predica el aislamiento económico, el antinorteamericanismo y esta nueva fórmula de racismo que es el indigenismo. Esta tendencia vive en estos momentos un periodo de gran efervescencia en toda Iberoamérica y si se produjera el domingo 2 de julio la victoria del candidato del partido de la Revolución Democrática, Andrés Manuel López Obrador, en México, representaría una seria amenaza para la evolución política de otros países, incluyendo a Argentina. Kirchner tiene suficiente experiencia para saber que el liberalismo bien administrado es la mejor receta para el progreso económico de los pueblos, que las inversiones españolas que hace unos años permitieron sobrevivir a su país en plena crisis llegaron sobre todo porque las empresas creían que Argentina saldría tarde o temprano de la crisis si se aplicaban recetas razonables. Muchas aceptaron incluso recortar sus ganancias manteniendo congeladas sus tarifas y siguieron allí porque el horizonte era lo bastante claro para esperar mejores tiempos. Pero si Kirchner hubiera seguido el mismo camino que escogió recientemente Bolivia, probablemente las inversiones no hubieran resistido. L MEMORIA Y REVANCHA E L Partido Socialista continúa empeñado en reabrir viejas heridas que la sociedad española había cerrado con sensatez durante la Transición. El Congreso de los Diputados aprobó ayer una proposición de ley sobre la declaración de 2006 como año de la Memoria Histórica considerando a la Segunda República como antecedente del sistema constitucional vigente y urgiendo la aprobación inmediata de una normativa que rehabilite a las víctimas del franquismo. Los votos en contra del PP, así como- -por razones muy distintas- -del PNV y de ERC, reflejan la disparidad de criterios en una Cámara que debería estar más pendiente del futuro que del pasado. El pretexto del aniversario sirve para provocar la discordia social, puesto que una parte muy importante de los españoles coincide con los historiadores más solventes en la idea de que los dramáticos acontecimientos de 1936 fueron el resultado del fracaso de un régimen convulso Así titulaba ABC un suplemento publicado el pasado 14 de abril, con un planteamiento que- -a día de hoy- -es el único razonable: solo la historia debe juzgar y no existe razón alguna para enfocar la política actual bajo el sofisma de vencedores y vencidos y, menos todavía, de los hijos o los nietos de unos y de otros. Por fortuna, la España contemporánea no se parece en nada a la del periodo 1931- 1936. Es ahora una sociedad de clases medias, con un notable desarrollo económico y la presencia internacional que corresponde a una potencia de nivel medio- alto. No hay lucha de clases, ni cuestiones agrarias o religiosas, salvo las crisis provocadas de forma artificial. Solo el oportunismo y una visión estrecha del interés partidista pueden explicar- -pero nunca justificar- -la ofensiva emprendida desde el PSOE y alguno de sus aliados para quebrar el consenso básico exigido por una sociedad democrática, aunque el texto aprobado en el Congreso no se priva de hacer una alusión a la Constitución como fuente de concordia en un extraño guiño que refleja la inconsistencia de estas maniobras. Todo vale al parecer, aunque suponga crear un nuevo motivo de malestar en una sociedad crispada por decisiones que atentan contra el modelo constitucional vigente. Cierto sector de la izquierda española nunca ha llegado a aceptar ese gran pacto nacional que fue la Transición democrática. Según este sector, la Constitución se elaboró bajo la presión de unos supuestos poderes fácticos y vino a consolidar el entramado político y socioeconómico del régimen anterior, permitiendo a sus beneficiarios instalarse en una nueva legitimidad. De estas falacias propias del sectarismo intelectual surgen ahora consecuencias indeseables. Nada impide el estudio objetivo y riguroso de la historia de España a través de las instancias universitarias y académicas. Pero no hay ningún argumento para justificar que el Congreso entre en juegos de revisionismo histórico y mucho menos de revanchismo mal disimulado, con una actitud parcial y sesgada en favor de un punto de vista muy concreto. Impulsar la vuelta al pasado, dividiendo a los ciudadanos, es una prueba de escasa responsabilidad. En realidad, su finalidad es buscar motivos para defender la tesis de que ha llegado la hora de dar un salto adelante respecto del modelo constitucional, aunque (como reflejan los resultados del referéndum catalán) los ciudadanos distan mucho de plantear las cosas en los mismos términos que la clase política. Esto es lo que sucede con la mal llamada memoria histórica que resulta ser más bien una memoria contra la historia. Se quiere imponer una verdad oficial, (que, por cierto, es propia de los sistemas totalitarios y no de las sociedades abiertas y plurales) al margen de los recuerdos personales y sobre todo, de los datos contrastados por los historiadores que son los encargados de contar las cosas tal y como fueron, con sus luces y sus sombras. Los únicos beneficiados de esta pretensión absurda son los enemigos de la España constitucional. La Monarquía parlamentaria ha sido un éxito como titulaba otro suplemento especial de ABC al cumplirse el pasado mes de noviembre el trigésimo aniversario de la proclamación de Don Juan Carlos. La sociedad española no hace cuestión de la forma de gobierno: las opiniones republicanas, respetables sin duda cuando se plantean en términos democráticos, son absolutamente minoritarias a pesar de que algunos se esfuerzan todo lo posible en darles más importancia de la que tienen. En el mundo altamente competitivo de nuestros días, un país que se empeña en poner piedras en su propio camino juega con evidente desventaja respecto de las sociedades que piensan en anticipar el futuro y no en revivir el pasado. BENEDICTO XVI IMPONE SU SELLO ENEDICTO XVI nombrará número dos del Vaticano al cardenal Tarcisio Bertone y, para sorpresa de la Curia, explicó que lo ha escogido porque el nuevo secretario de Estado conjuga atención pastoral y preparación doctrinal además de la confianza recíproca madurada durante los años en que hemos trabajado juntos Quienes se oponían al nombramiento de Bertone como sucesor del cardenal Angelo Sodano subrayaban que el arzobispo de Génova no es un diplomático y carece de experiencia internacional. Por eso, el hecho de que el Papa decida entregar el cargo más importante de la Curia a un no diplomático es otro indicio de lo que va a ser su Pontificado. Benedicto XVI se interesa poco por la política y mucho por el Evangelio. Poco a poco va imponiendo su estilo frugal y sencillo, contagiando al resto de la Curia un estilo de trabajo serio y centrado en la misión espiritual de la Iglesia. B La época de los Estados Pontificios ha quedado definitivamente atrás. La Iglesia es una potencia sólo espiritual, y la actividad de la Santa Sede girará cada vez menos en torno a la diplomacia y cada vez más en torno a la evangelización. No es que vaya a desaparecer la diplomacia vaticana- -la más antigua y la más avezada del planeta- pero sí que la Iglesia se expresará cada vez más a través de los obispos de las diócesis y de las Congregaciones en Roma. Los tres primeros nombramientos de Benedicto XVI para la Curia vaticana son arzobispos que eran pastores excepcionales en sus diócesis: William Levada en San Francisco, Ivan Dias en Bombay, y Tarcisio Bertone en Génova. Personas de gran talla intelectual y teológica pero, al mismo tiempo, de una gran cercanía a sus sacerdotes y a los fieles de a pie. Benedicto XVI retiró la triple corona de su escudo pontificio y en su lugar puso una mitra de obispo. Elocuente gesto, como elocuentes son sus primeros nombramientos.