Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC JUEVES 22 6 2006 Nacional LA CRISIS CATALANA LOS EFECTOS EN EL EJECUTIVO SOCIALISTA 13 Montilla elogia el papel histórico de Maragall y cree oportuno que otros tomen su relevo de Moncloa alegan que si Zapatero quisiera relevar en julio a López Aguilar, no se ralentizaría la marcha de esas reformas porque están muy encauzadas José Montilla Ministro de Industria El ministro de Industria es un hombre de partido, inmerso en la organización interna. En esa práctica política el partido alcanza categorías ontológicas. Todo por el PSC- PSOE, nada en su contra Un cordobés trepa el Montseny VALENTÍ PUIG Maragall habla hoy en Moncloa Respecto a los demás miembros del Gabinete, cualquier otra sustitución constituiría cierta sorpresa entre los socialistas toda vez que si Zapatero no relevó a ministros quemados en la remodelación del pasado 7 de abril- -se cita a Miguel Ángel Moratinos o María Antonia Trujillo- no parece que haya motivos sobrevenidos que le aconsejen hacerlo ahora señalan. Ayer Montilla no confirmó ni desmintió en el Congreso que será el sustituto natural de Maragall en la lista del PSC, pero su entorno dejaba entrever su convencimiento de que le queda poco en Madrid. Montilla elogió el papel trascendental de Maragall en la historia del PSC y de Cataluña y su generosidad al concluir que tras al referéndum del Estatuto haya considerado oportuno que otros tomen su relevo Hoy, Maragall se reúne con Zapatero en Moncloa y hablará a la Prensa desde la sede de la Presidencia del Gobierno. Tratará de convencer a la opinión pública de que su renuncia se basa en una decisión propia y no se debe a presiones del PSC y de un Zapatero muy desmarcado- -y desengañado- -desde hace meses por la conducta del todavía presidente de la Generalitat. Serán días de flores en público para el Maragall que se retira. Pero en privado, en el PSOE bulle el alivio de quien se quita un peso de encima. Montilla es un hombre quedo, en las antípodas del candidato ideal según los manuales. Hubiéramos pensado que su posición más idónea era la de ministro del Interior entre otras cosas porque en su larga trayectoria municipal- -teniente de alcalde en Sant Joan Despí, alcalde de Cornellà- -había ejercido el poder con rigor y contundencia, aplicando la ley, desocupando okupas y manteniendo el orden público desde la convicción de que la izquierda cometió el error de ceder a la derecha el patrimonio de la seguridad pública. Pero aterrizó en Industria. Le correspondía ser el interlocutor del PSOE con el empresariado catalán. La ardua conjunción astral de Estatut y OPA de la Caixa contra Endesa delató en su lenguaje corporal algunas fases de inquietud. Quizás por su pasado juvenil en la izquierda más radical del Partido del Trabajo de España (PTE) José Montilla es un hombre muy de partido, inmerso en la organización interna, y para eso es secretario general de los socialistas catalanes y miembro de la ejecutiva del PSOE. En esa práctica política el partido alcanza categorías ontológicas. Todo por el PSC- PSOE, nada en su contra. Sólo un cutis muy atezado resiste un herpes como el caso Filesa. Montilla estuvo al frente de los llamados capitanes los alcaldes de la periferia de Barcelona que chocaban todos los días con la gente guapa del maragallismo. Luego las aguas se calmaron y Montilla resultó ser el gran muñidor de la paz interna en el socialismo catalán y, en consecuencia, hombre muy de fiar en Ferraz. Más allá de la resistencia de las conchas de un galápago, a veces Montilla se atreve a un cierto humor andaluz, aunque luego se retrae de nuevo. El laconismo es una ventaja cierta según los maestros en astucia política. Ese Pasqual Maragall que tantos malos ratos le ha hecho pasar, sin descontar alguna que otra humillación, ahora se retira de la Generalitat A quienes poco nos importa que el presidente de la Generalitat haya nacido en Lavapiés o en Tarrasa, a condición de que haga las cosas bien, José Montilla es un candidato socialista Algunos creen que, si llega a la Generalitat querrá mejorar su pedigrí y añadirá más nacionalismo de plena idoneidad. Gestiona, es correoso, tiene sentido de la autoridad, amplia experiencia de la cosa pública. Si sus apariciones en la campaña del referéndum han de ser un precedente, Montilla sería un candidato extremadamente gris, átono, de lenguaje incoloro, aparentemente falto de nervio. El duelo Mas- Montilla será cualquier cosa menos épico. Algunos escépticos no excluyen que, de llegar a presidir la Generalitat Montilla quiera mejorar su pedigrí y añada más nacionalismo donde hace falta menos esencialismo. Ese es un riesgo que no deja ser experiencia al uso para la ciudadanía de Cataluña.