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ABC JUEVES 22 6 2006 11 La Iglesia baja el tono del debate sobre la unidad de España para evitar disensiones internas El Gobierno reanudó el pasado lunes las repatriaciones de inmigrantes irregulares a Senegal Pasqual Maragall Presidente de la Generalitat de Cataluña El porrón cambia de mesa MIQUEL PORTA PERALES ELENA CARRERAS dad de configurar un tándem electoral con José Montilla. El aparato del PSC rechazó ambas propuestas y parece ser que Maragall llegó a la conclusión de que, en caso de guerra abierta, quien acabaría perdiendo sería el PSC en su conjunto. En paralelo, la dirección socialista le ha hecho llegar mensajes disuasorios a través de amigos comunes como Narcís Serra. El PSC considera que el electorado del cinturón de Barcelona estaba dispuesto a Antes de comparecer en el Palau, Maragall, de visita en un colegio, comunicó su decisión a un niño de 12 años castigar a Maragall por la deriva nacionalista del tripartito, tal y como ya hizo en el referéndum del Estatuto. Fiel a su carácter imprevisible, Maragall decidió ayer que un niño de doce años de sexto de Primaria podía ser el primero en saber de su propia boca que no repetiría como candidato. Así que, antes de comparecer ante los medios, en una tempranera visita a un colegio público, y ante la oportuna pregunta del pequeño, Maragall no tuvo reparos en explicarle que lo dejaba. El domingo se cumplen ocho años del regreso de Maragall de su exilio dorado en Roma para disputarle la presidencia de la Generalitat a Jordi Pujol. En 1999, se quedó a las puertas de la Generalitat; en 2003 volvió a perder en número de escaños. No tendrá la ocasión de comprobar si a la tercera va la vencida. El heredero de Pujol no se presenta a la reelección. Lo han leído bien: Maragall no ha sido el recambio, sino el sucesor de Pujol. Por sus obras le conocerán. El nacionalismo identitario con vocación política de Pujol tiene su réplica en un Maragall que reivindica el autogobierno de Cataluña de acuerdo con su tradición histórica nacional La cultura de la queja de Pujol se refleja en un Maragall que ejercita el victimismo con el déficit fiscal y el no reconocimiento de la plurinacionalidad y pluriculturalidad del Estado. Finalmente, el pragmatismo de Pujol se encarna en un Maragall que se resigna al entendimiento con el vecino español ¿Podemos creer a Maragall? Es difícil, pues tiene la mala costumbre de contradecirse a diestro y siniestro. ¿España? Tomen nota. De un lado, dice que España es un proyecto apasionante De otro, afirma que Cataluña es verdad, España es mentira Respecto al qué y el porqué de España, selecciono unas perlas que brillan por sí solas: se debe llegar a un consenso sobre la legitimidad de la existencia de España como unidad política aceptada por todos. Hay que reconsiderar el adiós a España. La madre España, también; España será nuestra hija o no será. Esperamos poder decir pronto: bienvenida España nueva. España es un proyecto estimulante, sí, de pueblos autónomos que, finalmente, encuentran un marco que les permite su propia y libre respiración, y que avanzan juntos, no porque se les obligue, sino porque quieren ¿Qué creen ustedes que se esconde detrás de tan retorcida gramática? Probablemente, un proyecto igual de forzado. Maragall nos había prometido 8 años al frente de la Generalitat. Y ahora abandona. Abandona presionado por su partido, que necesita jubilar al gran responsable del fiasco del nuevo Estatuto. Maragall es una víctima del Estatuto, de las propias contradicciones, y de los fraca- sos de un tripartito que nunca supo liderar. Al parecer, Montilla será el candidato. Hoy, todos elogian a Maragall. Y sonríen para sus adentros. Zapatero, porque Montilla es su candidato; los ciudadanos, porque se sienten aliviados; los socialistas, porque entienden que Montilla lava su mala imagen y conecta mejor con el voto del cinturón industrial; los convergentes, porque perciben que Mas ganará la partida a ese cordobés hermético; los republicanos, porque creen que la candidatura de Montilla atraerá a los nacionalistas de izquierda a sus filas. Y yo pienso- -recordando a Ernest Lluch- -que Cataluña puede dejar de ser una sociedad en la que siempre beben los mismos del porrón, pues el abandono de Maragall no supone sólo un relevo, sino la posibilidad de que el porrón cambie de mesa. Aunque uno teme que Montilla- -el auténtico urdidor del Pacto del Tinell- -pueda hacer bueno a Maragall. La corona de espinas que Carod clavó a Maragall En mayo de 2005, un viaje a Israel provocó la protesta oficial de la Conferencia Episcopal y de las jerarquías del resto de las principales confesiones en España. Carod se puso una corona de espinas en Tierra Santa y Maragall le siguió la broma en tan vergonzoso episodio; hasta le hizo una foto de tal guisa. Para que nada faltara, la bandera española no apareció en la corona que los dos ofrendaron en el Museo del Holocausto Zapatero y Mas, la foto que el president no digirió El sábado 21 de enero de 2006, el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y el de CiU, Artur Mas, pactan el nuevo Estatuto de Cataluña, a debate entonces en el Congreso. Fue el principio del fin de la era Maragall, y la fotografía que plasmó el acuerdo en la Moncloa no fue digerida nunca por el President que la contempló siempre como una traición del PSOE y del PSC. A partir de ese momento vivió en la soledad. El tripartito estalla; ERC a la oposición El 5 de mayo de 2006, las bases de ERC obligan a la dirección de la formación republicana a votar no al nuevo Estatuto. La situación del tripartito se hace insostenible y seis días después Pasqual Maragall expulsa a los seis consejeros republicanos y anuncia la convocatoria de elecciones para después del verano. A menos de dos años y medio de su nacimiento, el gobierno nacionalista y de izquierdas es ya historia. El Estatuto apuntilla a su gran valedor A Pasqual Maragall sólo le quedaba el Estatuto para mantenerse como candidato socialista en las próximas elecciones. El sí triunfó por amplia mayoría, pero la altísima abstención, que superó el 50 por ciento, no fue aval suficiente para mantener a raya a todo el aparato socialista que ha hecho pinza en Madrid y Cataluña y le ha obligado a abandonar. El gran proyecto de Maragall ha acabado siendo su propio verdugo.