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4 Opinión JUEVES 22 6 2006 ABC PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de área: Jaime González (Opinión) Mayte Alcaraz (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado, M. Erice (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) J. López Jaraba (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: José Luis Romero Adjunto al Consejero Delegado: Emilio Ybarra Aznar Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Francisco García Mendívil CATALUÑA EN CRISIS L balance del mandato socialista en Cataluña se ha traducido en una crisis política sin precedentes en esta Comunidad, culminada con el anuncio de Pasqual Maragall de que no repetirá como candidato a la Generalitat. Se ejecuta así otra parte del acuerdo entre CiU y Rodríguez Zapatero para facilitar al PSOE el desprendimiento del lastre acumulado por la experiencia nefasta del tripartito y la oportunidad fallida del nuevo Estatuto. Con su retirada, Maragall paga la factura de sus errores, pero también de las estrategias de La Moncloa, porque nada de lo que ha sucedido en Cataluña se ha producido sin el estímulo de Zapatero: él apoyó la convergencia del socialismo con el nacionalismo extremista de ERC; él avaló al tripartito, que luego laminó el Estatuto y él exportó el invento a la política nacional, con la conversión de los independentistas de Carod- Rovira en socios preferentes. Aquel experimento de hacer subir al poder político a un partido con resabios antisistema, como es ERC, no podía dar un resultado mínimamente aceptable. Maragall tampoco es el único responsable del desaguisado del nuevo Estatuto catalán, que Zapatero rescató de su fracaso en dos ocasiones, facilitando su aprobación en Barcelona y en Madrid con sendos pactos con el partido opositor al gobierno de Maragall. Imputar a éste ahora la responsabilidadpor la mala gestión del proceso estatutario o las tensiones derivadas de su discusión y aprobación es querer hacer leña del árbol caído. Maragall tiene culpa, sin duda, pero no toda, ni siquiera la principal. Lo queha hecho fracasar políticamente a Cataluña ha sido la temeridad socialista de creer que podía dar solvencia a la alianza con el extremismo de ERC. Y esto es lo que Zapatero propició, incluso después de que, como publicara ABC en enero de 2004, Carod cometiera la deslealtad de entrevistarse con ETA para sellar una tregua limitada a Cataluña. El escenario políticocatalán es desalentador, y nada lo demuestra más que la falta de ilusión por el nuevo Estatuto, y la crisis institucional de una comunidad en la que el nacionalismo, incluido el actual PSC, ha sido incapaz de articular un proyecto político estable para los catalanes, al margen del victimismo y del enfermizo enfrentamiento con Madrid. El Estatuto ha roto el tripartito, ha defenestrado al presidente de la Generalitat y ha provocado elecciones anticipadas. Y el socialismo que iba a regenerar la política catalana, liberándola de las cargas del pasado pujolista, se abraza a CiU para remontar la crisis. Poca regeneración, sin duda. A pesar de la marcha de Maragall y de la convocatoria anticipada de comicios autonómicos, el mal ya está hecho. Un mal reiterativo que es impune para una clase política acostumbrada a encubrirse recíprocamente, aun a costa de mantener a más de media sociedad metida en su casa el día en que se vota el Estatuto que les convierte en nación. Aunque Zapatero se comporte como un espectador de esta crisis- -lo mismo que hace en otros episodios no menos graves- suya es la responsabilidad de haberla propiciado, por acción y por omisión, tomando decisiones incompatibles con los intereses nacionales por los que debía velar. E ¿QUÉ COMPROMISOS? C ON su último comunicado, hecho público ayer, ETA ha puesto definitivamente sus cartas sobre la mesa, colocando al Gobierno en una encrucijada a la que ha llegado por sus propios errores. La banda terrorista se presenta a sí misma con la brutal sinceridad que hizo de este proceso de paz un espejismo desde el primer día, proceso al que sólo el empeño del Ejecutivo en negar la realidad le dio una apariencia de verosimilitud que los etarras han disipado de forma implacable. Realmente, ETA no dice nada que no haya dicho antes- -por ejemplo, en la entrevista publicada por Gara -o que no estuviera resumido en la bocanada criminal de Txapote al término del juicio por el asesinato de Miguel Ángel Blanco. Esta vez, el Gobierno debe dar su opinión. No vale refugiarse en el tópico de que no comenta los comunicados de ETA. Éste sí tiene que ser valorado por ese Ejecutivo que anuncia todos los días su voluntad de sacar adelante el proceso de paz sea lo que esto sea después de conocer las condiciones y los objetivos de los etarras. No hay un paso atrás en los planteamientos de ETA. Al contrario, los terroristas parecen llamar al orden a Rodríguez Zapatero para que no se equivoque con ellos. Por eso, el comunicado recuerda que los etarras han luchado y luchamos con las armas en la mano y que nuevas generaciones se sumarán a la lucha ETA le recuerda a Zapatero que es una organización terrorista. Por supuesto, el Gobierno tiene que fijar su opinión ante este comunicado y, sobre todo, de cara a futuras decisiones, porque Zapatero se ha quedado sin argumentos, siquiera retóricos, para seguir manteniendo su intención de iniciar el diálogo con ETA. No debería consolarse con que la banda le tiente con pasar a la historia como el pacificador, ni con que reitere que su voluntad y su deseo es solucionar el conflicto Ya lo ha dicho otras veces, tantas como treguas ha revocado. El Gobierno tiene ante sí la propuesta definitiva de ETA. El presidente tiene que rechazarla sin paliativos. Lo que la banda le propone es inaceptable, de principio a fin. No hay Estado que sobreviva a una negociación como la que plantean los etarras, que realmente no es una negociación sino un plan de rendición en el que el Estado debe desarmarse y en el que está predeterminado el resultado: la eliminación del Estado de Derecho, la anexión de Navarra y el ejercicio de la autodeterminación. ETA no acepta los límites de la Constitución, desprecia el Estado autonómico y, lo que es todavía más grave, exige al Gobierno que empiece a adoptar y cumplir sus compromisos de alto el fuego Si ETA miente al referirse a estos compromisos, Rodríguez Zapatero debe pronunciarse públicamente, porque al líder de la oposición, Mariano Rajoy, y a la opinión pública les dijo que no había asumido ninguno con los terroristas. Ha llegado el momento de que el jefe del Ejecutivo hable sinceramente a la sociedad española, que tiene derecho a ser informada por sus representantes legítimos y no por los terroristas. ¿Qué compromisos son ésos? Llegado a este punto, la falsedad del proceso de paz se ha hecho evidente. Los terroristas se jactan de seguir con las armas en la mano, de augurar la continuidad terrorista con nuevas generaciones, de amenazar a quienes crean que esta tregua concluirá en su derrota y de advertir al Ejecutivo que las decisiones y pasos de Euskadi Ta Askatasuna serán consecuencia de la actitud que mantenga el Gobierno español ante el proceso abierto en Euskal Herria Es decir, la voluntad inequívoca de ETA es seguir con el terrorismo si el chantaje no surte efecto. Es posible que la banda haya emitido este comunicado a raíz de la operación policial contra su red de extorsionadores. Pero más parece destinado a reconvenir a Rodríguez Zapatero para que no disfrace la situación y no confunda a nadie. ETA no quiere que se malinterprete su tregua. El Gobierno, sí. Por eso desacredita el discurso del Ejecutivo y recuerda que la oportunidad de la tregua no es para alcanzar la paz, sino la soberanía, la anexión de Navarra y la impunidad de sus crímenes. Los voceros que despachan estos comunicados como productos de consumo interno ya están amortizados. También los que espigan sus párrafos para quedarse con la frase vacua de que ETA reitera su voluntad de negociar. Ayer los terroristas dieron un ultimátum y el Gobierno debe asumir la responsabilidad que exige la situación, rechazando las condiciones de los etarras, sean cuales sean las consecuencias. AMENAZAS POR EL FIASCO AIRBUS IRBUS constituye el negocio central de la compañía europea EADS, uno de los símbolos de la capacidad tecnológica e industrial del viejo continente, donde confluyen intereses privados y públicos, compañías europeas de varios países y los gobiernos francés y alemán (también el español, que mantiene un 5,4 por ciento a través de la SEPI) El consorcio europeo compite desde hace años con la gran industria aeronáutica norteamericana, que en algún momento se sintió seriamente amenazada por los productos fabricados por los europeos, especialmente por los modelos Airbus, que en poco más de dos décadas han conquistado la mitad del mercado de las aerolíneas. Los norteamericanos se han reestructurado, fusionado y revisado políticas y estrategias y parece que empiezan a invertir la tendencia a su favor. El éxito de Airbus enterraba el fiasco del Concorde, que ha sido uno de los mejores ejemplos de despilfarro público y de despropósito al que conducen las pretensiones políticas de grandeza industrial. Precisamente cuando Airbus aspiraba al liderazgo mundial, se suceden fracasos en dos de sus modelos estrella, el A 380 y el A 350, que amenazan la solvencia de todo el proyecto y su propio futuro. A El Gobierno francés, que controla el 15 por ciento del consorcio, sin ser responsable directo de la gestión, reclama ahora más protagonismo y pretende asumir la dirección del proyecto, incluso a costa de la posición alemana. La bronca política en la Asamblea Nacional evidencia que estamos ante un problema político que contamina el proyecto industrial y tecnológico y que amenaza la inversión de los demás socios. El reforzamiento del carácter público de EADS no aporta ninguna garantía de rectificación de los errores, quizá todo lo contrario. Que el problema abra una crisis política en Francia, hasta el punto de que la oposición reclame el adelantamiento de las elecciones, despierta los peores temores. Los gestores de EADS, especialmente los de Airbus, se han equivocado, no cumplen los plazos pactados y tampoco aciertan con el producto, y semejantes errores deben corregirse desde la empresa y el mercado, con más transparencia y exigencia de responsabilidades, no con politización e intervencionismo; y mucho menos con subsidios. De la inteligencia de alemanes y españoles, también socios de este proyecto, cabe esperar soluciones prácticas que eviten un fracaso funesto para los europeos.