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68 MARTES 20 6 2006 ABC FIRMAS EN ABC ciones y diversas acciones contra la oligarquía masculina tanto en Norteamérica como en Londres. El propio presidente Theodore Roosevelt, en unas declaraciones que le valieron las simpatías del género femenino, llegó a afirmar que la culpa de tanta protesta se debía a la aparición de la máquina de coser, que permitía a las mujeres hacer su trabajo más deprisa (sin quedarse ciegas) y les dejaba mucho tiempo libre para incordiar con eso de sus derechos (sic) En 1975, Naciones Unidas declaró el 8 de marzo como día oficial de la Mujer Trabajadora, para conmemorar el 8 de marzo de 1908, fecha fatídica en la que algo más de un centenar de trabajadoras del sector textil de Nueva York se encerraron en la fábrica donde prestaban sus servicios y se declararon en huelga, debido a la precariedad de sus salarios y las excesivas horas de trabajo. Ante el volumen de los acontecimientos, los empresarios tomaron la decisión de incendiar la fábrica para obligar a las trabajadoras a deponer su actitud. Sin embargo, ellas no salieron y fallecieron abrasadas. Desde entonces, la sociedad ha sufrido un cambio vertiginoso en dirección a la consecución de unos parámetros de igualdad entre sexos, llegando incluso a compensar positivamente a la mujer en funciones sociales, políticas y laborales. Aunque estamos lejos de lograr una paridad justa y equitativa para hombres y mujeres. Los países anglosajones fueron pioneros en la lucha reivindicativa por la igualdad de sexos; también encontramos los primeros referentes de la literatura femenina actual en nombres de escritoras anglófonas de comienzos del siglo pasado, que convirtieron sus vidas en tema literario y cimentaron lo que ahora conocemos como literatura de género, entre las que podemos citar a Virginia Woolf, Katherine Mansfield, Djuna Barnes, Anaïs Nin, Mary McCarthy... Como afirma Ana María Navales en su ensayo La lady y su abanico (Sial Ediciones, 2000) un grupo de escritoras que, aun con estilos diversos, comparten lo autobiográfico y lo experimental, el amor por lo introspectivo más que por la acción, el interés por la naturaleza de la mente humana, la exploración propia que les lleva al conocimiento de lo femenino, una similar pasión por la escritura y la aceptación de la soledad del escritor que puede conducir a vidas semienclaustradas, como podría ser el caso de Virginia Woolf, o a la bohemia y al desarraigo, como en Jean Rhys o Djuna Barnes, que es otra forma de apartamiento. Un grupo de mujeres libres y fuera de lo convencional en un mundo regido por hombres. Depresiones, intentos de suicidio, la desesperación nacida del abismo que separa lo que se anhela y lo que se obtiene, sea en el terreno del arte o de la misma existencia, señalan una senda de sufrimiento: el destino de la mujer emancipada, que pelea por su libertad, va de la mano de la imposibilidad de encontrar, si no el amor ideal o la felicidad utópica, una vida estable. Una historia aún por escribir. BASILIO RODRÍGUEZ CAÑADA ESCRITOR Y PRESIDENTE DEL PEN CLUB DE ESPAÑA MUJER Y LITERATURA. UNA HISTORIA AÚN POR ESCRIBIR La mujer decidió, hace algo más de un siglo, iniciar su revolución particular para tomar posesión del espacio que les correspondía en la cultura... ENGUA, creación, escritura, comunicación, obra y literatura son términos de género femenino. Aunque el universo literario no siempre ha estado en disposición de reconocer esta naturaleza. Sin embargo, todo el mundo ha escuchado en alguna ocasión que quienes escriben gozan de una especial sensibilidad Es decir, que tienen particularmente desarrollada la capacidad humana de percibir sensaciones, sentir emociones, de responder a esos estímulos externos y, sobre todo, para entender y cultivar el arte en sus múltiples manifestaciones. Cualidades, todas ellas, que tiene más trabajadas la mujer. Bien es cierto, que la escritura, al igual que la comunicación oral y gestual, son una necesidad y un patrimonio comunitario, sin distinción algu- L na y mucho menos de género. El nivel de control y dominio de cada uno de estos modos comunicativos es lo que puede elevarlos a la categoría de arte. Y, lamentablemente, no todos podemos arrogarnos capacidades artísticas. La mayoría se tiene que conformar con ser mero usuario o espectador gozoso de las infinitas manifestaciones de la actividad creativa. Pero la historia de la Humanidad casi siempre ha estado narrada por hombres que han procurado dejar su impronta, otorgando a la mujer papeles secundarios que no eclipsasen el orgullo de la masculinidad. Así pues, el terreno histórico, cultural y literario, siempre ha sido menos propicio a reconocer su propia esencia femenina que a enarbolar los atributos masculinos. Lo que podemos com- probar al ver el desigual trato, con respecto a sus compañeros, que recibieron aquellas mujeres que tuvieron un papel estelar en hitos históricos, movimientos culturales o grupos literarios. A pesar de todo, la mujer, exacerbada por este enfoque tan discriminatorio, decidió, hace algo más de un siglo, iniciar su revolución particular para tomar posesión del espacio que les correspondía en la cultura, la historia y En 1848, las sufragistas norteamericanas la literatura universales. exigieron por primera vez el derecho al voto, aunque tuvieron que mantener una larga lucha hasta que se les reconociera este derecho en 1920, tras un duro pulso al dominio aplastante masculino, con múltiples manifesta- MIGUEL TORRES PERIODISTA UNA VICTORIA PERSONAL P OCAS personas he conocido con menos afán de protagonismo que Guillermo Luca de Tena, y pocas también he conocido que mereciesen el reconocimiento público a una serie de valores y actuaciones que siempre ejerció con la mayor discreción, huyendo de cualquier acción que pudiera ser interpretada como un reclamo de públicos homenajes. Por eso, después de haber recibido el Premio Rafael Calvo Serer de Comunicación, quiero resaltar el acierto de quienes han discernido el galardón a una persona que ha protagonizado una larga, tenaz y arriesgada labor periodística y empresarial con la mayor hombría y discreción. No temo equivocarme, ni exagerar un ápice, si afirmo que sin Guillermo Luca de Tena el periódico ABC no existiría en la actualidad. ABC es el único periódico que ha conseguido sobrevivir en Madrid de cuantos se publicaban al iniciarse los años sesenta. Y eran cabeceras sólidamente enraizadas en la opinión pública, pero que no pudieron superar las convulsiones de unos tiempos difíci- les. Todos aquellos periódicos murieron, y con ellos fueron también desapareciendo la mayoría de los que nacieron durante la transición. Si ABC sobrevivió fue, al margen del trabajo de los que lo hicieron, por la voluntad de hierro, por la fidelidad a la herencia recibida, por el sentido de la responsabilidad histórica, por la identificación con unos ideales políticos y sociales, de Guillermo Luca de Tena, el hombre que se hipotecó personalmente, poniéndose en gravísimo riesgo económico personal. Fue una apuesta quijotesca que permitió al cabo de unos años salvar la continuidad del diario y llegar posteriormente a un acuerdo de fusión con otro poderoso grupo editorial. Vocación periodística y vocación empresarial, y el ejercicio de ambas, se han unido siempre en Guillermo. Su experiencia como director de ABC de Sevilla y como consejero delegado de Prensa Española le permitieron asumir con garantías la presidencia en 1975 y añadir la dirección del periódico en Madrid en 1977, haciendo frente a las consecuencias de unos años de desconcierto, y enderezando el rumbo del periódico con una implicación económica personal que tenía muchos riesgos, y de la que salió adelante mientras morían las cabeceras de una decena de periódicos. He sido testigo durante veinticinco años en ABC, muchos de ellos trabajando directamente a sus órdenes, del liberalismo de su carácter, de la fidelidad a sus principios políticos sin obtener beneficio alguno de ellos cuando se consagraron con la transición, de la tenacidad para lograr sus metas y de la capacidad de dirección y de mando sin caer nunca en el autoritarismo. Todos los grandes diarios del mundo de singladura centenaria han vivido momentos críticos en su travesía por las aguas de la historia. Un barco de papel enfrentado a la turbulenta escritura de los días. En el caso de ABC, a la escritura de los últimos, y conflictivos, cien años. Y todos los grandes diarios han tenido, en un momento, la persona que ha sabido asegurar su continuidad, mientras a su alrededor otros naufragaban. En ABC esa persona ha sido Guillermo Luca de Tena, galardonado con el premio que recuerda el nombre de un intelectual, Calvo Serer, al que el poder político dinamitó hace treinta y cinco años su periódico. Katharine Graham, la editora del Washington Post tituló sus memorias Una historia personal como personal ha sido la victoria de Guillermo Luca de Tena.