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10 MARTES 20 6 2006 ABC Nacional El espíritu de Ermua revive el asesinato de Miguel Ángel Blanco en el arranque de la negociación Los terroristas, crecidos por la falta de apoyo a la Justicia en el proceso b Txapote y Amaia afrontan con indiferencia la primera sesión del juicio oral, en el que el fiscal solicita 50 años de prisión por el secuestro y el asesinato del edil NATI VILLANUEVA MADRID. Nueve años después del secuestro y posterior asesinato del concejal del PP Miguel Ángel Blanco, de las mayores movilizaciones de la historia de la democracia que desembocaron en el espíritu de Ermua la Audiencia Nacional sentó ayer en el banquillo a los autores del primer crimen de ETA transmitido en tiempo real, el que el 12 de julio de 1997 provocó una respuesta sin precedentes en el País Vasco, una rebelión ciudadana que, también por primera vez, plantó cara al terrorismo y proclamó a los cuatro vientos: Todos somos Miguel Ángel Blanco Nueve años después de la muerte del joven edil, ha sido precisamente la respuesta social y la actitud de nulo arrepentimiento de sus asesinos- -Francisco Javier García Gaztelu Txapote e Irantzu Gallastegi Amaia -las que han permitido mantener vivo ese espíritu de Ermua que ayer murió para muchos cuando, coincidiendo con el inicio de un juicio que llega nueve años tarde, el PSOE anunciaba que Zapatero no hará una comparecencia especial (en el Congreso de los Diputados) para informar del inicio del diálogo con ETA. mua) entraron en la sala de vistas para acompañar a la familia de Blanco en el duro trance que supone rememorar la muerte de un ser querido. Al igual que sucedió en el proceso por el asesinato del también concejal del PP José Luis Caso la semana pasada, tanto Txapote como Amaia para quienes el fiscal pide 50 años de cárcel por secuestrar y matar a Miguel Ángel, se negaron a declarar y aprovecharon la primera sesión del juicio para ponerse al día de sus andanzas penitenciarias. Tan indiferentes permanecían al desarrollo del juicio que sólo interrumpían su conversación para saludar a los etarras que fueron llamados a declarar como testigos: Ibon Muñoa, Kepa Echevarria, Sebastián Lasa y Gregorio Escudero. Los tres últimos se negaron a testificar, por lo que el fiscal solicitó que se dedujera testimonio del acta para iniciar actuaciones, en su caso, por un posible delito de desobediencia. Pero no fue la única petición del representante del Ministerio Públi- co, Miguel Ángel Carballo, quien se dirigió al tribunal hasta en dos ocasiones para que reprendiera a los etarras por su actitud chulesca. Me comporto como quiero contestó Lasa al fiscal después de que éste le llamara la atención por acercarse al habitáculo blindado para saludar a los procesados con el puño en alto y sonrisas. Testimonio clave Sí testificó Ibon Muñoa, el etarra condenado ya por colaboración con el comando Donosti cuyas declaraciones policiales y judiciales apuntaron desde un primer momento a Txapote Amaia y al fallecido José Luis Gueresta como autores del secuestro y crimen de Miguel Ángel Blanco. Ayer, sin embargo, aseguró que lo poco que recordaba sobre su confesión no era cierto, pues le habían obligado a declarar bajo torturas Para salvar los principios de publicidad y contradicción, Muñoa tuvo que escuchar la lectura de fragmentos de sus propias declaraciones por boca de la secretaria judicial. En todas relató cómo alojó en su domicilio a Txapote y Amaia que ambos le comunicaron que iban a secuestrar a un concejal del PP; que les ofreció un apartamento en Zarauz para esconder a Blanco durante el tiempo que durara su cautiverio; e incluso que un mes después Tres de los cuatro etarras que tenían que testificar se negaron a hacerlo, lo que les costará una nueva imputación del asesinato del concejal participó en una conversación en la que Txapote aseguró que las consecuencias políticas del secuestro y crimen de Blanco tenían que valorarse a un año vista El testimonio de su madre FRANCISCO JAVIER GARCÍA GAZTELU Pistolero de ETA Los estertores de Ermua Mientras el secretario de Organización socialista, José Blanco, comunicaba en Ferraz la buena nueva centenares de personas se manifestaban ante la Audiencia Nacional en contra de la negociación. Con pancartas, velas y camisetas con el rostro de Miguel Ángel Blanco, los manifestantes rememoraron aquel espíritu de Ermua el de 1997, y apoyaban a una familia que está convencida de que si los que abanderan el proceso se sentaran delante de asesinos como Txapote romperían de inmediato cualquier tipo de negociación con los terroristas. Y es que la actitud de los procesados- -crecidos con la comprensión del Gobierno de Zapatero y del Ejecutivo vasco e indiferentes ante la justicia que imparte la Audiencia Nacional- -indignó a los amigos y representantes políticos que, como Ignacio Astarloa, Carmelo Barrio, María San Gil o el socialista Carlos Totorika (alcalde de Er- Con la ayuda de HB D. MARTÍNEZ Txapote asesinaba y punto. Su vida es la muerte de Blanco, Ordóñez, Múgica, Nieto, Caso, Morcillo... Y también la del ensamblaje de HB- -antigua Batasuna- -y ETA. Tras intentar una matanza en el cuartel de la Guardia Civil de Arnedo (La Rioja) el terrorista ahora juzgado consiguió huir a Francia, junto a sus compinches del comando Donosti gracias a la presunta colaboración de Juan José Petrikorena, por aquellas fechas- -agosto de 1995- -concejal de HB. Ahora Perikorena, que facilitó a Txapote un coche para que pudiera esconderse en el país vecino, comparte el cartel de la ilegalizada Batasuna junto a Otegi y demás cuadrilla. Criado en el terrorismo callejero y después de hacer la carrera en el Donosti García Gaztelu se aupó a la dirección de ETA como jefe del aparato militar Y como tal se encargó de reorganizar la banda durante el alto el fuego de 1998 y, por tanto, fue quien preparó el día siguiente el asesinato con coche bomba en Madrid del teniente coronel Blanco. Hasta su detención en octubre de 2001 en el bar La Havana de Anglet (Francia) Txapote ordenó los 26 primeros asesinatos cometido por ETA después de la ruptura de la tregua. Las crónicas de entonces decían que García Gaztelu era la línea dura es decir, de los que no tienen palabra. Ni siquiera la tiene en el juicio. Txapote mataba y punto. Además de los tres etarras, comparecieron como testigos, entre otros, el funcionario de la Policía que encontró el cuerpo, ya casi sin vida, de Blanco con dos disparos en la cabeza; uno de los facultativos de la Cruz Roja que lo trasladó al hospital, y la madre del concejal. Su testimonio fue, sin duda, el más emotivo. Rota por la pérdida de su hijo y en tratamiento médico desde entonces (al igual que su marido, que ayer no acudió al juicio) Consuelo Garrido relató cómo se enteró del secuestro de Miguel Ángel. Acababa de llegar a casa, se puso las zapatillas y en ese momento empezaron a llamar preguntando por él, llamadas continuas; yo decía que mi hijo estaba trabajando y nadie me decía nada Al final de la tarde ya me contaron que estaba secuestrado Garrido aseguró que Miguel Ángel nunca había recibido amenazas y si fue así nunca se lo dijo a la familia. La misma actitud de obstrucción a la Justicia que mostraron ayer los asesinos de Miguel Ángel Blanco (quienes, entre risas, ni siquiera se dignaron a escuchar la voz de la madre de su víctima) también la exteriorizaron los 53 procesados del macroproceso