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ABC LUNES 19 6 2006 Sociedad 61 Medio Ambiente Lejos de ser un territorio virgen, el Ártico recibe cada año grandes cantidades de sustancias contaminantes, transportadas hasta el Polo por las corrientes oceánicas y la acción de los vientos. Unos compuestos químicos que ya están afectando a la salud de muchos animales árticos, como osos polares, belugas, focas y aves marinas Tóxicos no, por compasión TEXTO: A. ACOSTA MADRID. Son 30 millones de kilómetros cuadrados repartidos por Canadá, Dinamarca, Finlandia, Islandia, Noruega, Rusia, Suecia y Estados Unidos. Una región donde la nieve y el hielo son esenciales para la vida de cuatro millones de personas y el buen funcionamiento de sus ecosistemas. Pero lejos de ser un territorio virgen, el Ártico recibe cada año grandes cantidades de sustancias contaminantes, transportadas por las corrientes oceánicas y los vientos. WWF Adena hace tiempo que es consciente de que el Ártico constituye un sistema de alarma temprana, algo así como el canario de los mineros, para algunos de los problemas ambientales más graves que la humanidad afronta, como la contaminación por sustancias tóxicas o el cambio climático. Ahora, un nuevo informe de esta organización conservacionista concluye que existen cada día mayores evidencias de que las sustancias perniciosas están ya afectando a la salud de muchos animales árticos, como osos polares, belugas, focas y aves marinas. Aunque resulta difícil establecer una relación causa- efecto directa, según el informe, existen razones poderosas para relacionar la contaminación química con la deficiencia inmunológica, las alteraciones hormonales y los cambios de comportamiento en la fauna ártica. Las ballenas beluga prefieren las aguas someras costeras, donde se concentran los contaminantes. Tanto es así que los cuerpos de algunas belugas del estuario Saint Lawrence (Canadá) están tan contaminados que sus carcasas son tratadas como residuos tóxicos. Amenazas, suma y sigue Y es que además de las amenazas que suponen las colisiones con los barcos, los vertidos de petróleo, la contaminación acústica, las redes de pesca en las que quedan atrapadas y el declive de los recursos alimenticios, el estuario de Saint Lawrence- -donde viven entre 500 y 700 de estos cetáceos- -recibe los desechos y descargas de una de las regiones más industrializadas del mundo. Esto les lleva a sufrir infecciones por parásitos, otras enfermedades infecciosas, cáncer (sobre todo intestinal) y lesiones que indican problemas reproductivos e inmunes. Es la única especie de cetáceos del Ártico de la que existen estudios cientícos sobre la exposición a sustancias químicas, aunque se sabe que las ballenas piloto de las islas Faroe presentan también altas concentraciones de sustancias químicas tóxicas. Las focas y leones marinos están siendo contaminados con productos químicos como los PCB (actualmente prohibidos) pesticidas organoclorados, metales, retardantes de llama bromados y químicos fluorados. Estas sustancias les provocan deformidades del esqueleto, problemas reproductivos, enfermedades cutáneas, cáncer y cambios en los niveles de vitamina A y la hormona tiroidea. Además de la contaminación, focas y leones marinos se enfrentan al cambio climático, la pesca comercial y a sus predadores, pues comparten su hábitat con humanos, zorros, lobos, perros y osos polares. También las aves, al igual que los mamíferos, son susceptibles de sufrir alteraciones en los niveles de hormonas y su ciclo reproductivo está precisamente controlado por éstas. Y es que La preocupación está en que los tóxicos interactúen con otros desafíos ambientales que pesan sobre el Ártico las hormonas del tiroides regulan el metabolismo, el crecimiento, el peso, la función del sistema nervioso, la puesta de huevos y la reproducción. Por ejemplo, en el gavión hiperbóreo, otro superpredador ártico, los niveles elevados de PCB, PFOS (un producto químico utilizado como repelente del agua y las manchas) y organoclorados se han asociado con problemas reproductivos y alteraciones hormonales que producen falta de atención parental durante la incubación, huevos inviables, pollos nacidos en males condiciones, disminución de la eficacia alimenticia y asimetría alar. La preocupación está en que la contaminación por tóxicos interactúe con las restantes amenazas que pesan sobre el Ártico, como el cambio climático, la destrucción de hábitats y la reducción de los recursos alimenticios, multiplicando el riesgo para la supervivencia de muchas especies animales de la región. Además, según el informe, la contaminación química del Ártico está afectando también la salud de algunas poblaciones indígenas que mantienen una dieta tradicional basada en alimentos extraídos del mar. Sustancias contaminantes Así, los osos polares se están viendo afectados por los PCB, pero los científicos advierten que otras sustancias de comercialización más reciente, tales como los ignífugos bromados o los compuestos fluorados, se están añadiendo a su carga tóxica. Los investigadores también han observado con alarma que los plaguicidas organoclorados reducen la capacidad de estos superpresadores para producir anticuerpos contra las enfermedades infecciosas, haciéndoles menos resistentes a las condiciones extremas del Ártico. Otros efectos de estas sustancias sobre ellos hablan de alteraciones en los niveles hormonales y de vitamina A y de un adelgazamiento de los huesos por falta de calcio. Además, se ha observado un incremento en los casos de enfermedades como tumores, neumonía o mastitis y de la incidencia de ciertas infecciones por tétanos o el virus del herpes, debido a la inhibición en la producción de los mecanismos de defensa. En el mar, la situación no es mejor. La salud de los osos polares se está viendo seriamente afectada por la carga tóxica que soportan