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ABC LUNES 19 6 2006 Nacional 23 REFERÉNDUM DEL ESTATUTO CATALÁN 18- J LA JORNADA EN LA CALLE Rambla del Raval, unos y otros explican su sentir ante un Estatuto que nadie sin excepción reconoce haber leído. Víctor, nacido en Algeciras pero criado en Barcelona desde pequeño, regenta un bar- restaurante. Del trabajo que tuviera iba a depender su traslado al colegio electoral. Como muchos otros ciudadanos, su voto oscila entre lo primario y lo sofisticado, entre la valoración estricta del texto y lecturas más elaboradas: Me sale decir no por ser un Estatuto corto. Pero votaré que sí para que se calle el PP. Toda mi familia es andaluza, y es alucinante lo que llegan a pensar de los catalanes. Ya está bien de mentiras En el mismo establecimiento trabajan dos bolivianos y dos colombianos: el Estatuto les cae más bien lejos, su prioridad es otra. ¿Les gustaría poder votar? Sí, claro, eso significaría tener los papeles ¿Y si pudiesen votar? ¡Uf! Primero, los papeles Entre Pakistán y Teruel En la calle Hospital, en la sede de una agrupación de ciudadanos hindúes, el Estatuto cae más bien lejos Unos metros más allá, José Antonio Escartín vive en el Raval desde que sus padres, con él en brazos, llegaron al Chino desde Teruel en 1937. No le ha ido mal. Chófer de profesión, disfruta ahora de una jubilación más o menos arreglada, entre baños de sol en la Barceloneta y partidas de dominó con los amigos. Su piso de renta antigua en la calle Cadena fue derribado. Ahora le han dado uno nuevo en Riera Alta, con ascensor y todo Pocos minutos después de haber votado que no, reniega de un texto que dice sólo ha servido para que nos peleemos entre españoles En cosas como la lengua, el Estatuto es malo para los no catalanes dice incluyéndose en este grupo pese a que durante años defendí Cataluña por toda España. Antes era catalanista, ahora no A su lado, aunque en mundos diferentes, Muhamed Barbés, paquistaní llegado a Barcelona ahora hace doce años, tiene otra lectura, más pragmática: Más dinero para Cataluña es bueno Es el Estatuto del Raval. Un corte de la Cataluña real. Los vecinos de toda la vida y la nueva inmigración se encuentran, pero no se mezclan, en la Rambla del Raval, un anticipo de la Cataluña que viene El Estatuto del Raval, entre el piso- patera y el zumbido del Sonar TEXTO: ÀLEX GUBERN FOTO: YOLANDA CARDO BARCELONA. Tiene la Rambla del Raval, en el corazón de Ciutat Vella, algo de anticipo de la Cataluña que viene. En lo que era antes una abigarrada sucesión de callejuelas y pasajes lúgubres- -el núcleo duro del antiguo Chino- -se abre ahora una rambla de dimensiones propias del Eixample. La inspiración higienista del urbanismo barcelonés de los 80 propició la transformación de un distrito en el que, en perpetua evolución, conviven ahora los pisos patera y tasas de tuberculosis propias de un país subdesarrollado con galerías de arte y el zumbido de fondo de la modernidad del Sonar. Los inmigrantes, más del 30 por ciento de la población del barrio, conviven con los vecinos de toda la vida, una porción cada vez más envejecida substituida año a año por jóvenes deseosos de vivir en el meollo de la ciudad. Todo sucede en Ciutat Vella. Con el sol cayendo a plomo sobre la Los catalanes priorizaron el sol y la playa a las urnas. En la playa de la Barceloneta, el Estatuto quedó en segundo plano El chapuzón, artículo primero TEXTO: ANNA CABEZA FOTO: YOLANDA CARDO BARCELONA. Los domingos son sagrados aquí comentaba ayer Rosa en la playa de la Barceloneta. Con la llegada del buen tiempo, ella y sus amigas se reencuentran cada siete días en el litoral barcelonés y pasean, charlan, toman el sol y se remojan. A la sombra, sus maridos organizan campeonatos de dominó. Ayer era un día más y si acaso después de comer ya iremos a votar aseguraba Rosa. El mal tiempo pronosticado no apareció y las urnas tampoco cambiaron los planes de los barceloneses, ansiosos de sol y baños. Los abuelos y las familias con niños, los más tempraneros, acudieron a las playas sin haber pasado por los colegios electorales. Es el caso de María y Pablo, que fueron hasta El Masnou (Barcelona) para que Paula, de seis meses, pasara su primera jornada en el Mediterráneo. Dejaron en segundo plano las urnas. A partir de mediodía, los más jóvenes empezaron a llegar, también en masa, a las playas de Barcelona. Àn- La Barceloneta, ayer, con las torres olímpicas al fondo gels y sus amigos, que como soldados tras una guerra reposaban en la playa de Sant Sebastià, todavía no habían ido a dormir, y mucho menos, a votar. Después de una noche interminable en la disco, estar aquí es el mejor fin de fiesta aseguraba la joven, que comentaba entre risas que yo qué sé si iré a votar... primero tengo que dormir Como ellos, Carmen, que estaba en la Barceloneta, renegaba de los políticos y también aseguraba que no sé si votaré. El Estatuto, ni lo conozco, ni me va ni me viene