Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
70 Economía DOMINGO 18 6 2006 ABC EL GRAN TÚNEL DEL TIEMPO D ecía Anatole France que el futuro es un buen sitio para guardar las ilusiones, pero este poeta francés que murió hace más de 80 años no pensaba que llegaría un momento en el que las ilusiones que la tecnología y nuestra imaginación nos ponen delante, se sitúan ya en un futuro inalcanzable para cualquiera de los que estamos vivos en estos momentos. No es raro, por ejemplo, escuchar teorías sobre las ventajas que podría producir para toda la humanidad la colonización del planeta Marte. Y lo cierto es que en estos momentos existe la tecnología adecuada para lanzarse a esta aventura espacial y, llegado el caso, estoy seguENRIQUE ro de que también teneSERBETO mos dinero para ponerlo en marcha. Pero el problema es que se trata de un proyecto tan gigantesco que si funcionase como negocio, no empezaría a ser rentable seguramente hasta después de sesenta u ochenta años. Es verdad que la esperanza de vida en los países occidentales ha aumentado tanto que cuando la gente recibe la herencia de sus padres ya no la necesita. Las herencias eran un mecanismo medieval para que los padres que raramente pasaban de los cuarenta y cinco años de vida legasen la tierra o el taller a un hijo que entonces estaría formando su propia familia. Ahora, eso se produce más bien cuando el eventual beneficiario ya está cerca de la edad de jubilación y ha concluido prácticamente su carrera profesional. Que se lo pregunten a Carlos de Inglaterra, el heredero por antonomasia, que ya veremos si no tiene más de 65 años cuando su madre le ceda el negocio familiar. Pero a pesar de que vivimos más, aún no podemos estar en este mundo tanto tiempo como para ver realizados los grandes proyectos que quedan por hacer en el planeta para unir continentes o construir puentes. El túnel de San Gotardo en Suiza, por ejemplo, se empezó a estudiar hace cuarenta años, no se pondrá en marcha hasta 2013 y tardará- -pongamos- -otros 25 años en ser rentable. Es decir, que si fuera una inversión privada no daría dividendos a sus promotores hasta cincuenta años después de haber puesto el dinero. Las rentas no las vería el visionario ahorrador que tuvo el arrojo de arriesgar su dinero en una obra de ese tamaño sino, como poco, sus nietos. Pero el mundo necesita hacer realidad esas ilusiones, esos túneles bajo el mar y a través de las montañas, necesita conquistar planetas lejanos. El futuro seguirá siendo un buen sitio para guardar las ilusiones y los sueños del hombre, pero hay que buscar fórmulas para que las inversiones en esas grandes ideas también puedan ser provechosas en el presente para aquellos que hoy tengan el coraje de apostar su dinero por el futuro, aunque no vayan a vivir para verlo hecho realidad. Ana Patricia Botín, en un momento de la junta celebrada ayer en Santander J. M. SERRANO El presidente del Santander afrontó ayer la junta de accionistas anual con la tranquilidad que da una cuenta de resultados imbatible, que, además, pone de manifiesto la transformación radical que ha sufrido el banco a lo largo de los últimos diez años Emilio Botín se abona al principio del cambio constante TEXTO: FERNANDO CORTÉS SANTANDER. La transformación sufrida por el Santander en los últimos diez años- -en los que ha multiplicado su valor en Bolsa por ocho y su beneficio por doce- -no ha impedido que la junta que cada año celebra el banco en la capital cántabra siga siendo un acto entrañable, casi familiar. Emilio Botín se presentó ayer ante sus accionistas entre relajado y pletórico, consciente de que frente a la cuenta de resultados de 2005 hay pocos argumentos en contra que valgan. Habló con la claridad con la que acostumbra, para decir, entre otras cosas, que nuestra economía, pese a ir bien, se desangra por el lado de la competitividad; que no comparte las críticas vertidas por Manuel Conthe contra las empresas cotizadas por su forma de gobernarse, y sobre todo, que la entidad que preside transita por una galaxia muy diferente a la de sus competidores. El Santander juega ya en la liga de los más grandes, en la que dejar de pedalear significa caerse de la bicicleta. Por eso Botín insinuó que tiene el talonario preparado para hacer adquisiciones en cuanto se tercie. Y en la misma dirección, aunque en diferente sentido, recordó que lo mismo que puede comprar, también puede vender; por ejemplo, el 19,8 de Sovereing. Las operaciones estratégicas no son, sin embargo, lo que más preocupa a los accionistas del Santander. El 60 de las consultas realizadas por éstos se refieren a la posible eliminación del regalo que el banco entrega por asistir a la junta (este año, una toalla de playa) Botín aclaró, de forma taxativa, que el presente, tal y como manda la tradición, se mantendrá en el futuro. Botín trató incluso con cierto cariño al grupo de enemigos íntimos que le surgió tras adquirir Banesto, hace ya doce años, y que encabezado por Rafael Pérez Escolar, ex consejero de dicha entidad, mantiene un duelo constante con el banco en los tribunales. Eso sí, el presidente del Santander, antes de concederle la palabra, recordó que Pérez Escolar está condenado, con sentencia firme, por apropiación indebida y estafa en el caso Banesto. A la hora de responder a las preguntas de este grupo delegó en el secretario del consejo, quien se limitó a dar una respuesta estrictamente técnica a unas consultas por otro lado bastante abstractas. Fiel también a lo que ya es una tradición, Botín no hizo referencia alguna a su posible sucesión al frente del banco, aunque el realizador de la transmisión televisiva de la junta, tal vez en un gesto subliminal, mantuvo en pantalla un dilatado primer plano de Ana Patricia Botín, que se alargó hasta el punto de que la aludida terminó por esbozar una sonrisa cómplice.