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54 Cultura DOMINGO 18 6 2006 ABC CLÁSICA Ciclo Fundación Scherzo Obras de L. van Beethoven. Intérprete: Paul Lewis (piano) Lugar: Auditorio Nacional. Madrid. TEATRO El rincón de la borracha Mi misterio del interior El rincón de la borracha. Autor y director: Secun de la Rosa. Iluminación: Pedro Pablo Melendo. Intérpretes: N. Pinot, H. Castañeda, R. Jiménez y S. de la Rosa. Mi misterio del interior. Textos: Juan Cañas y Álvaro Tato. Dirección: Yayo Cáceres. Música y arreglos: Y. Cáceres, J. Cañas, M. Magdalena y D. Rovalher. Escenografía: Jesús Sanjurjo y Ron Lalá. Iluminación: Diego Domínguez. Vestuario: Bengoa Vázquez. Intérpretes: J. Cañas, I. Echevarría, M. Magdalena, D. Rovalher y Á. Tato. Lugar: Teatro Alfil. Madrid. PAUL LEWIS, BRAVURA Y ENERGÍA ANTONIO IGLESIAS arl Reinecke, compositor, director y pianista alemán, escribió en 1897 un libro sobre Las Sonatas para piano de Beethoven como Cartas a una amiga (real o imaginada) que leí y releo cuando he de tratar de las treinta y dos sonatas escritas por el coloso de Bonn que, además, suponen la mejor guía de toda una estética seguida a lo largo de su vida. Naturalmente, y sobretodo, cuando llega la Número 29, en Si bemol mayor, Op. 106, cuyo renombre de Hammerklavier nos habla de la evolución que por aquel entonces (año 1819) sufría el piano, algo que, indudablemente, tuvo mucho que ver en la escritura de esta obra. Acabamos de escuchársela al pianista británico Paul Lewis, en su recital ofrecido para el público del ciclo de la Fundación Scherzo. Me pregunté si habría leído a Reinecke, que derrocha en su análisis párrafos que es preciso conocer cuando se desea hacer bien las cosas, en relación con las Sonatas aunque no se comulgue por entero con sus asertos. Se trata de una de las obras básicas del mejor pianismo romántico alemán, que es preciso examinar con sumo cuidado (otros estudios convendrán, por supuesto) sin descuidar cuanto pudo tener que ver con su escritura la sordera que padecía Beethoven en aquel tiempo. Y todo ello lo traigo a colación porque Paul Lewis, que había integrado la primera parte de su programa con la interpretación de otras dos Sonatas beethovenianas, las Números 25, Op. 79 y 15. Op. 28 haciéndolo con suma corrección mecánica, con un precioso juego de sonoridades y, lo que es más infrecuente, con valiente respeto de la velocidad de sus tempi aunque sin subir ese escalón de la excepción, al llegar a la segunda parte de la jornada, ocupada por la Hammerklavier la inició revelándose con la bravura y energía que nos parecía imposible en el Paul Lewis anterior. Todos los momentos tremendos, repletos de dificultades mil ante una técnica y, lo que nos importa siempre más aún, enfrentándonos con su subjetivismo, aumentó el interés de la jornada, tornándola en la que mereció un éxito del público, que no es precisamente ante esta obra cuando más le llega su mensaje. C RISA EN SESIÓN DOBLE JUAN IGNACIO GARCÍA GARZÓN Alex Ubago y Amaia en un momento del concierto en el Calderón ÁNGEL DE ANTONIO Más de cincuenta artistas repasaron en directo los éxitos del pop en castellano Los 40 Principales celebró anoche sus 40 años PABLO M. PITA MADRID. Fue como un repaso nostálgico a varias décadas de éxitos del pop en castellano. En el Vicente Calderón se escucharon anoche un buen puñado de esas canciones que han quedado grabadas en el corazón de varias generaciones de españoles, desde las añejas Escuela de calor de Radio Futura; Quiero besarte de Tequila- -interpretada por su componente Ariel Rot- Al calor del amor en un bar de Gabinete Caligari- -con Jaime Urrutia- Sufre mamón de Hombres G: o La flaca de Jarabe de Palo; hasta los más recientes bombazos como Zapatillas de El Canto del Loco, o Nada de esto fue un error de Coti. Fueron alrededor de 50.000 las personas, pertenecientes a todas las edades- -había familias enteras- las que se acercaron hasta el estadio situado en H el Paseo de los Melancólicos para darse este baño de estrellas- -musicales- -reunidas para conmemorar el cuarenta aniversario de la cadena radiofónica Los 40 Principales. A lo largo de cerca de siete horas desfilaron por el escenario 57 grupos o artistas en solitario, entre otros, y aparte de los anteriormente citados, Estopa, Luz Casal, Melendi, Ana Torroja, Fangoria, Bisbal, Amaral, Revólver, Juanes, Danza Invisible, Pereza, Marta Sánchez y La Oreja de Van Gogh, todos ellos con una misma banda de acompañamiento y siguiendo el esquema de interpretar una canción con el antecesor, otra en solitario y una última con el siguiente músico, lo que ofreció la posibilidad de contemplar inesperados dúos. Las escasas pausas eran aprovechadas por los presentes para hacer la ola y cantar A por ellos, oé an coincidido en el teatro Alfil dos montajes que desde diferentes presupuestos ofrecen un suculento menú de risa inteligente. El rincón de la borracha es una obra de Secún de la Rosa en su línea de comicidad crítica con ramificaciones frikis En un bar de carretera regentado por una antigua actriz, Susan Scotch (cuyo apellido da pistas de que más que del Stanislavsky es fiel al método Justerini Brooks) se cruzan las vidas de distintos especimenes humanos, fundamentalmente la dueña, el camarero, la chica de la limpieza y un obseso de los crucigramas que se acaba de quedar sin trabajo, además de otros curiosos tipos que ofrecen un variado muestrario de la delirante comedia humana aliñado con dosis agridulces de poesía urbana. Una propuesta tan divertida como interesante y nada epidérmica en su aproximación, desde el punto de vista de la comedia, a asuntos como los malos tratos, el desempleo o la amarga rutina de la soledad y la incomunicación. Diálogos ágiles y certeros que ponen de manifiesto la absurda lógica del mundo en que vivimos, y muy buenas interpretaciones de Natalie Pinto, Helena Castañeda, Raúl Jiménez y De la Rosa, que se multiplican en diversos papeles para poner de manifiesto que en el fondo, del fondo, del fondo, lo que enciende la vida, es la vida Mi misterio del interior es un formidable invento en el que la compañía Ron Lalá aborda y borda, en clave musical, una sucesión de hilarantes números sobre asuntos como la percepción del yo, una interpretación inversa del botellón, una coreografía polaca colectiva, unas bulerías del Polo Norte y un descacharrante y peliagudo cultivo del palíndromo en un concurso televisivo en el que se intenta desenmascarar al hombre capicúa y se descubre que, efectivamente, se trata de un impostor que en sus frase utiliza sólo una vocal, la a. Un espectáculo vibrante, musicalmente redondo y, sobre todo, muy inteligente.