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ABC DOMINGO 18 6 2006 51 Cultura y espectáculos La Mecánica de la Astronomía renovada es el primer libro a partir de cálculos exactos sobre los movimientos celestes. Obra del danés Tycho Brahe, permitió a Kepler enunciar sus tres leyes y ahora la edita San Millán con todo lujo de detalles El primer gran tratado de astronomía moderna ve ahora la luz en español TEXTO: JESÚS GARCÍA CALERO MADRID. Tycho Brahe no es tan conocido como Galileo o Copérnico, pero tiene tanto mérito y derecho como ellos. Nació en Dinamarca en 1546 y el Rey Federico II, su protector, le cedió una isla, la de Hven, desde donde sentó las bases de la astronomía moderna. De hecho, sin su trabajo no habrían sido posibles las leyes y teorías de Johannes Kepler o Isaac Newton. Durante más de treinta años, y con una exactitud inédita hasta entonces, el astrónomo danés fue registrando los movimientos de planetas- -sobre todo Marte- -y otras estrellas. Con todos esos cálculos escribió el primer tratado de astronomía moderna, Astronomiae instauratae Mechanica, o Mecánica de la Astronomía renovada Uno de los pocos ejemplares de esa obra, de 1602, que se conservan en España, es el que atesora la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Ahora ha servido para que la malagueña editorial San Millán publique un facsímil primorosamente editado y numerado, que se presentará la próxima semana. Es la primera vez que se traduce al español, y el libro se presenta acompañado por un amplio estudio científico de Nicolás García Herrera, que pone en contexto la vida y las obras del astrónomo y que está prologado por el vicedirector- tesorero de la Academia de San Fernando, Pedro de Navascués. Primera página de la obra de Tycho Brahe, que ahora aparece en facsímil Perdió parte de la nariz en un duelo matemático Tycho Brahe debió tener su temperamento, puesto que no se arredraba ante Aristóteles si sus observaciones desmentían al estagirita. A los 20 años, en 1566, discutió durante una fiesta con el noble danés Maderup, por cuestiones matemáticas y, tras un duelo, perdió parte del hueso nasal. Tuvo gran influencia en la corte de Federico II de Dinamarca, que le cedió la isla de Hven, donde construyó el gran obserbatorio de Uraniborg. Tantas envidias despertó el trato favorable del Monarca que, a su muerte, debió buscar refugio en Wandsbaek y luego en la Praga del Emperador Rodolfo II, donde pudo concluir su gran obra. Murió de uremia el 24 de octubre de 1601, por retener sus aguas más allá de lo que exige la cortesía en la fiesta de un noble, como recuerda Kepler en su diario personal. Sus últimas palabras fueron Que no parezca que he vivido en vano Kepler se encargó de publicar su obra en versión definitiva. La vida pendiente del cielo El 21 de agosto de 1560, a los 14 años, Brahe contempló un eclipse de sol y, en 1563, observó la conjunción de Júpiter y Saturno, que se veían tan próximos que casi se confundían y que las tablas de Alfonso X del Sabio predecían con un mes de error. Desde entonces pasó toda su vida dedicado al estudio y a la invención de instrumentos que permitiesen calcular con exactitud la posición y los movimientos de los astros. La aparición de una supernova en la constelación de Casiopea en 1572 fue una de las mayores oportunidades de poner a prueba su pericia y superar con mentalidad científica las teorías aristotélicas, entonces asentadas, de que en el firmamento no existía corrupción o generación de cuerpo alguno. El nacimiento, de hecho la muerte, de una estrella imponía otra visión. Brahe Construyó grandes cuadrantes con precisión de hasta un séptimo de minuto de arco, y por ello diseñó y utilizó herramientas de varios metros de envergadura. Hoy no se conserva ni uno sólo de sus instrumentos. Su empe- Cuadrante mural que Brahe construyó en la isla de Hven ño por dominar las ciencias matemáticas y hacer más precisos sus cálculos le llevaron a alejarse de los grandes prejuicios de la época y sus predicciones le dieron pronto fama mundial. Siguiendo la estela cometaria de ese prestigio, un joven astrónomo llamado Johannes Kepler le hizo llegar su Mysterium Cosmographicum, que tanto esfuerzo le había costado. Kepler se desesperaba tratando de demostrar que el movimiento de las esferas celestes se acomodaba a la perfecta y noble geometría de cinco poliedros. Tycho Brahe supo detectar la potencia matemática del que pronto sería su discípulo, aunque le hizo ver sus errores de método al contrastarlos con sus propios cálculos. Aquella conjunción de ABC datos recabados durante treinta años y la capacidad matemática de Kepler fraguó los cimientos de la moderna astronomía, hizo posible las leyes del propio Kepler y, a su vez, éstas permitieron los avances de Newton. Tycho Brahe permanece en la base de esta cadena científica que llega hasta nosotros y que cambió el modo de entender el universo. Cabe recordar que la astrónoma española Pilar Ruiz Lapuente identificó en 2004 los restos de la supernova observada por Brahe en 1752.