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D 7 18 6 06 Su imagen de una refugiada afgana de ojos verdes, en 1984, le hizo mundialmente famoso. Y es que este fotógrafo norteamericano tenaz e inquieto, tan paciente como aguerrido, ha recorrido GUTIERREZ Y DE LA FUENTE 20 D 7 LOS DOMINGOS DE Steve McCurry FOTÓGRAFO el planeta para trazar la geografía del alma en unas imágenes que recogen la maldad y la bondad en términos absolutos. Su exposición Pilgrimage (hasta el 30 de junio en Madrid; en Barcelona, desde el 18 de septiembre) nos muestra el reverso del dolor: la paz, sencillamente En momentos terribles, la cámara se convierte en concha protectora ISABEL GUTIÉRREZ- -Usted ha retratado los horrores de la guerra, pero, al mismo tiempo, la religión, y en especial el budismo, es el hilo que vincula buena parte de su obra. ¿Qué relación guarda con ella? -A la religión me acerqué por accidente. He trabajado en diversos países budistas, Sri Lanka, Camboya, Tailandia... y el budismo es el nexo común de todos ellos. Yo no fui allí por el budismo, tan sólo estaba buscando otras historias. Pero me di cuenta de que me ofrecía una segunda mirada, más poderosa, sobre la existencia. Allí es más que una creencia o una práctica. Me sorprendían los usos y costumbres que lleva tras de sí: vida contemplativa, actitudes extraordinariamente gentiles, sensibilidad, optimismo, una energía enorme... No importa si crees o no, no importa en qué crees. Son apasionadamente antiviolentos. ¿Y cómo le afectó? -Me vino muy bien. Mi vida, en esos momentos, era muy complicada: siempre ocupado, siempre en tránsito. Fue una oportunidad de trabajar de una manera diferente, con más calma. -El hecho es que muestra una visión muy hermosa de la religión, incluso el islam: oración, recogimiento, silencio... Nada que ver con su utilización como arma de guerra. -Es irónico, casi hilarante, que se asesine en nombre de la religión. He viajado por muchos rincones de este planeta y, de entre las gentes que he conocido, los budistas son los más sanos. Tienen un comportamiento más acorde con la idea de que éste puede ser un buen lugar. Resultan extraños en un mundo en el que la violencia y el terrorismo casi son omnipresentes. -Dice que en la India aprendió a ser paciente. ¿Cuánta paciencia y cuánta osadía tienen sus fotografías? -Algunas fotos suceden inesperadamente, mientras que otras son el resultado de una larga espe- ¿Existe la estética del desastre? ¿Puede apreciarse belleza en una imagen de muerte y destrucción? -A veces, contemplar la destrucción me produce un extraño efecto. A mí me sucede cada vez que veo el hongo de la bomba atómica. Lo miro y me deja perplejo, porque es una imagen poderosa y hermosa. Pero cuando piensas en el drama que dejó... Esa belleza terrible me crea una sensación de extrañeza. -Igual que el 11- S. Las imágenes de los impactos de los aviones y de las torres derrumbándose casi son adictivas... -Sí, aunque sepas que allí murieron tres mil personas... Es extraño. ¿Hay alguna fotografía de la que se haya arrepentido? -Tal vez una que tomé en la India de la cremación de un muerto entre una multitud. Y la de un cuerpo humano siendo devorado por unos perros. Era mi primera visita a la India, estaba horrorizado, pero... Hay muchas cosas que te dejan en estado de shock -La foto de la refugiada afgana de ojos verdes, que tomó en 1984, es su imagen más célebre. Pero ¿es la mejor? -No sé si es la mejor, pero creo que es tan popular porque resulta muy sincera. Provocó muchos interrogantes sobre su persona. Y sí, ha sido muy positiva para mí. Me ha hecho muy feliz. -Volvió a fotografiarla diecisiete años más tarde para National Geographic cuando ya estaba casada y tenía tres hijos. Pero seguía siendo una refugiada, ajena a la popularidad de su rostro. Qué ironía... -La vida es divertida y curiosa a un tiempo. Es un camino abierto. Ella vive la vida que le tocó: es una refugiada y sus padres fueron asesinados, pero, al mismo tiempo, tiene salud y tres hijos. No sé si realmente es feliz, no sé si está contenta, triste o rabiosa. Créame, en Afganistán se valora más si tan sólo puedes ver o caminar. Sufren, pero aguantan. Mis límites NO DAÑAR Dependen del caso y la circunstancia. Mis límites están en la privacidad o en el hecho de causar daño a alguien en particular. Sí creo que tenemos que ser sensibles con las situaciones ajenas, valorar si molestas o si puedes provocar dolor IGNACIO GIL Mis destinos ANGKOR, QUIZÁ Me gusta perderme por el sur de Europa, Portugal, España, Italia... De cualquier forma, en la India se desarrolla la cultura más rica que conozco. ¿Y mi rincón favorito? Seguramente está en los templos de Angkor, en Camboya ra. Es como ir de caza: necesitas paciencia, cuidado, acción cuando es necesario... ¿Es cierto, como dicen muchos de sus colegas, que la cámara protege psicológicamente frente al horror que retrata? -En los momentos más terribles, la cámara se convierte en una especie de concha protectora, porque te recuerda que lo que estás haciendo es tu profesión. Y es que, muchas veces, necesitas coraje para seguir con tu trabajo y tu vida, para enfrentarte a situaciones terribles. Y la cámara ayuda.