Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
18 6 06 PRÓXIMA PARADA NUESTROS CORRESPONSALES Roma Buenos Aires Ópera china Un arte en peligro Ya no hay público para la ópera china, un espectáculo maravilloso, pero cuya contemplación puede durar días. Para evitar que desaparezca, se grabarán en internet miles de horas de viejas producciones POR PABLO M. DÍEZ CORRESPONSAL EN PEKÍN Bruselas Berlín París Rabat Nueva York Jerusalén México Washington Berlín Atenas Lisboa Moscú Viena PEKÍN Pablo M. Díez Estocolmo l libreto original de El Pabellón de las Peonías una de las obras del siglo XVI más representativas de la ópera china, constaba de 55 actos y su representación se alargaba durante varios días. Para hacer más accesible al público moderno esta pieza, que ejemplificaba la refinada y antiquísima escuela Kunqu, recientemente se estrenó una versión mucho más corta que tenía 27 actos y duraba sólo nueve horas. Su puesta en escena, dividida en tres noches para no cansar a la audiencia, fue un gran éxito, pero no frenó el imparable declive de este arte tan atractivo como complejo, declarado en 2001 Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad por la Unesco. No en vano, de las 367 clases de ópera tradicional que se interpretaban en China a finales de los años 50, más de un centenar han dejado de representarse y la mayoría de ellas se han extinguido. Aunque los orígenes de la ópera china, de la que todavía perduran 262 tipos, se remontan a hace 800 años, la actual escuela de Pekín nació en 1790 con motivo del cumpleaños del emperador Qianlong. Para esta celebración llegaron a la capital varias compañías de las provincias de Anhui, Shaanxi y Sichuan que, con su estilo bullicioso y populista, acabaron con la hegemonía de la ópera Kunqu, una modalidad surgida siglos atrás en Jiangsu que había destacado por su elegancia. Desde entonces, la ópera china ha combinado el verso, la prosa, el canto, la música y las acrobacias para representar unas historias con fuerte carga social a través de varios personajes estereotipados. Entre ellos, destacan el venerable anciano, el joven y acrobático héroe, el villano con la cara pintada, el bufón y la mujer, cuyos papeles fueron representados por hombres hasta 1930 porque la sociedad china tenía a las actrices en tanta consideración como a las E prostitutas. De hecho, algunos de los astros más rutilantes de la ópera china han sido actores, como el célebre Mei Lanfang, quien desde 1920 hasta 1940 recorrió medio mundo interpretando y cantando arias como una fémina y cuya profesionalidad artística fue alabada incluso por Charles Chaplin. Prohibición comunista Prohibidas durante la época comunista, estas singulares obras sufrieron los nefastos efectos de la Revolución Cultural por no servir a las necesidades de las masas. En aquellos años, numerosas escuelas cerraron y los actores tuvieron que refugiarse en el cine o en el teatro de corte popular auspiciado por el régimen para adoctrinar al proletariado. Más tarde, cuando todo parecía indicar que la apertura económica del gigante asiático iba a contribuir a su florecimiento, la ópera china se encontró con el rechazo de una sociedad volcada en el consumismo y la modernidad y más interesada por emular a Occidente que por recuperar sus raíces. Como consecuencia, decenas de obsoletos y cochambrosos teatros fueron demolidos y, en su lugar, se han alzado imponentes y lujosos rascacielos para acoger los miles de empresas que han invadido China en busca de su inabarcable mercado y de su irrisoriamente barata y abundante mano de obra. Mientras tanto, la ópera nacional sólo ha podido sobrevivir explotando sus aspectos más pintorescos y folclóricos como reclamo para los turistas. Con el fin de combatir esta agonía que se prolonga medio siglo, la Academia China de las Artes está recopilando por primera vez tan valioso legado histórico y cultural para transmitírselo a las futuras generaciones. Mediante el empleo de tecnología digital, la Academia elaborará un archivo que recogerá las representaciones contenidas en más de 40.000 viejos discos de vinilo, en 15.000 horas de grabaciones sonoras y unas 2.000 de vídeo. Sin embargo, la mayoría de las grabaciones pertenecen a las variedades más famosas, como la ópera de Pekín, la Kunqu y las de las provincias de Henan y Sichuan. Por ello, y aunque el programa pretende también involucrar a los centros culturales regionales, decenas de escuelas locales menos conocidas corren el riesgo de desaparecer para siempre. No son buenos tiempos para la ópera china, pero ¿podrá ésta ser salvada por la alta tecnología? La Ópera de Pekín lleva actuando más de 200 años, pero pierde rápidamente popularidad EFE