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2- 3 D 7 LOS DOMINGOS DE El arte y la muerte ZABALA DE LA SERNA Los toros, como son un espectáculo tan imprevisto, tan maravillosamente absurdo, en un mundo racionalista de mataderos y frigoríficos, suscitan los más extraños comentarios de los niños y los extranjeros Lo escribió Agustín de Foxá en ABC en 1957. Hoy, los mataderos y los frigoríficos existen más que nunca. La muerte de los animales en mataderos congela su efecto colateral en la sociedad. En Cataluña se matan a destajo cerdos que viven estabulados en condiciones infrahumanas ¿Importa más que el cerdo viva en condiciones infrahumanas o que el hombre viva en condiciones infrahumanas? Una reciente normativa elimina las fiestas de interés nacional en las que se maltraten animales o personas ¿En este orden? ...O personas En un debate, el parlamentario de ERC Oriol Amorós comparó la tradición de los toros con el maltrato a las mujeres. Precisamente Amorós, partidario de que en España se imparta el islam, que admite la lapidación de mujeres, la ablación, la amputación. Cualquier persona que haya estado en un matadero sabe que la vida y la muerte de los animales allí es más lúgubre y atroz que la del toro peor lidiado Rodríguez Braun argumentaba así su pensamiento. En las corridas el toro muere con la dignidad que le otorga su lucha frente al hombre que hace de su embestida arte. De tú a tú. Nada que ver con las fiestas populares en que se maltratan animales o personas La muerte del toro en la plaza justifica su existencia. El arte y su bravura la dignifican. El toro de fuego es lo que manda la tradición en Medinaceli, espectáculo apreciado también en Cataluña Juan empiezan el próximo sábado. Claro que sobre esta tradición también hay otras miradas. Así, desde el ayuntamiento cauriense, su portavoz explicó a D 7 que lo que se lanza al toro no son dardos, aunque quizá el efecto visual sea otro. Lo que se le hace al animal, que tiene la piel muy dura, por lo que es como si a usted le picase un mosquito, es clavarle unas cosas muy ligeras que se tiran con un canuto. Parece que el toro está herido, pero no le pasa nada. Es una tradición ancestral, y los canutos, artesanales, a lo que ya sólo se dedican dos personas. Los canutillos se lanzan durante el encierro (300 metros) hasta que el toro llega a la plaza, donde se le recorta (25 minutos) y después, tras el aviso de las campanas, escapa a las calles. El toro de Coria no espera que vayan a por él, como haría uno noble y bravo, sino que busca la salida. La gente desde las casas le tira agua para refrescarlo, y, a partir de ahí, lo que dure el toro ¿Lo que dure? El juego que dé. Luego, se le mata con un rifle. Esta tradición aúna pasado y presente, es un punto de encuentro y de diversión También como nexo de unión entre el pasado y el futuro sucedió que, al año siguiente de prohibir- -por las denuncias de ANPBA (www. bienestar- animal. org) -que se arrojara una cabra desde el campanario de Manganeses de la Polvorosa, tres encapuchados hicieron conato de arrojar otra con el nombre de Chillerón Pero para el presidente de la asociación animalista, artífice de que las leyes de protección no sean papel mojado, fue sólo una anécdota. Como el dicho clásico, él también piensa que África empieza en los Pirineos, al menos en el trato a los animales EFE Con el apoyo del poder Lo que será debido, como explicó a D 7 el filósofo Jesús Mosterín, autor de ¡Vivan los animales! (Edit. Debate) al gran atraso de España, que vio pasar la Ilustración sin participar en ella, y que favoreció esa España negra tan bien reflejada en las pinturas de Goya. Cuando la Inquisición ya era historia en el resto de Europa, aquí seguía actuando, y mientras en otros países se abolían las corridas de toros, en España eran fomentadas por Fernando VII. Así que tenemos un espectáculo en que se tortura a un animal con el apoyo del poder establecido y que en los festejos populares se hace además con una muchedumbre que suele estar bajo intoxicación etílica. Así, las administraciones públicas, en vez de desasnar a la población, contribuyen a su embrutecimiento llamando cultura popular a lo que no es más que cultura cutre Además, para ello se busca justificación ética en la tradición, que lo mismo podía servir para avalar la ablación del clítoris o el secuestro en Colombia, práctica habitual desde hace generaciones, de lo que se deduce que el hecho de que algo sea tradicional puede hacerlo interesante, pero de ninguna manera ético Y si el pueblo quiere divertirse- -da ideas el filósofo- ¿por qué no hacer como en Tarazona, don- de sustituyeron la tradición de soltar a un preso, al que los mozos daban pedradas y cuchilladas en su huida, por un muñeco de trapo al que arrojan chocolatinas? En una sociedad con una amplia oferta de ocio, ¿qué sentido tiene divertirse con estas salvajadas? También el pueblo hizo de las ejecuciones públicas un espectáculo de primer orden, toda una tradición con la que disfrutaban a rabiar los dotados de mala leche congénita Al final, frente a los que se regocijan con los festejos populares de sangre y muerte Mosterín argumenta: Que un toro no pueda hablar o hacer matemáticas no quiere decir que no pueda sentir dolor y placer como nosotros, ya que tenemos el diencéfalo muy parecido Sin duda, el toro de Coria, por San Juan, y el de la Vega de Tordesillas, por la Virgen de la Vega- -acaban de pedir a la Conferencia Episcopal que tome postura ante el martirio animal en honor a santos y vírgenes- son las dianas del peor encarnizamiento; los dos iconos a derribar por la extrema crueldad que implican como insiste Núria Querol, del Grupo para el Estudio de la Violencia en Humanos y Animales. Debido a factores culturales- -añade- -parece que nuestra sociedad ha divi- Mosterín: A estas salvajadas se les busca justificación ética en la tradición, lo que también podría servir para avalar la ablación del clítoris o el secuestro donde sea habitual dido a los animales en primera clase o de compañía y de segunda, todos los demás. Si lo que se hace al toro en estos festejos se infligiera a un animal de compañía se consideraría delito, según nuestro Código penal, y en algunos países, incluso por ley, se demandaría evaluación psicológica, ya que el maltrato a un animal puede ser un signo de trastorno Y mientras la vicepresidenta del Gobierno Teresa Fernández de la Vega se decide a recibir a los animalistas que se afanan en acabar con la tradición de Tordesillas, y para los que hasta el momento ni está ni se la espera aun pidiéndole cita por burofax, la modernidad empieza a airear el que será con seguridad un tórrido verano: en Sagunto, como en Benicarló y Benifayó, patos de goma sustituyen a los vivos en su pesca de ánades; en Fuentelmonje hacen encierros ecológicos con bichos de gomaespuma; en Manganeses de la Polvorosa, a la cabra en vez de tirarla se la hace desfilar, y en Nalda, donde hasta 1995 pervivió una secuela de la tradición medieval por la que los más pudientes se divertían soltando gallos vivos para ver cómo los más pobres se peleaban por ellos, ahora usan aves de trapo para entretener al pueblo. Eso sí, al final, comilona de pollo, asado. Porque al fin y al cabo no cuesta tanto superar la animalada e impedir que tanta crueldad nos haga tan costoso, como le ocurre al nobel John Maxwell Coetzee, mirar a los ojos de muchos de nuestros semejantes.