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ABC DOMINGO 18 6 2006 Opinión 7 TRIBUNA ABIERTA POR GRACIÁN ¿ES SOBERANO EL PUEBLO? Aprendamos las lecciones de la Historia. Hagamos que el pueblo sea realmente soberano. Construyamos España, sí, pero hagámoslo cumpliendo y haciendo cumplir sin fraudes ni artificios la Constitución vigente, también para reformarla E N nuestro régimen político la soberanía reside en el pueblo español. Él fue el poder constituyente que aprobó la Constitución de 1978. Él lo sigue siendo ahora, ya que la propia Constitución dispone que la soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado (1.2 CE) y por eso la ley es expresión de la voluntad popular (preámbulo CE) Y él, nosotros el pueblo, será en Derecho el único poder constituyente que pueda llevar a cabo alguno de los cambios fundamentales del régimen, tal como señala la propia Constitución en su artículo 168: cuando ésta se revise totalmente, o cuando se revise en parte si tal revisión afecta a su Título Preliminar, al relativo a la Corona o a la regulación de los derechos fundamentales y libertades públicas. Para modificar estos puntos la Constitución dispone que el pueblo de España debe manifestarse doblemente, primero mediante elecciones a nuevas Cortes Constituyentes, y después mediante referéndum de todo el pueblo español. Por ello, cuando la Constitución ordena acudir al poder constituyente, que es el pueblo español, y no se hace así, hay fraude constitucional, pues se le priva de la soberanía. Hay así fraude contra el pueblo soberano cuando un Estatuto de Autonomía declara, sin acudir a él en la forma constitucionalmente establecida, que determinados poderes no emanan de él, sino de parte de él. O que España no ha sido constituida por una Nación española sino por varias naciones, contra lo que dice claramente el artículo 2 de la Constitución, que está en el Título Preliminar. O modifica el catálogo de derechos y libertades públicas contenido en la Sección 1 del Capítulo Segundo del Título I de la Constitución, haciendo así que los españoles no sean iguales ante la ley, lo que evidentemente requeriría acudir al pueblo español en función del citado artículo 168. También se defrauda al pueblo soberano cuando los poderes constituidos modifican por su cuenta y sin acudir a él la estructura esencial de España como Estado, su actual Régimen político. Esto sucede: -Si se modifica su vigente forma política, que es la Monarquía Parlamentaria, sin cumplir los cauces constitucionalmente previstos en el artículo 168 de la Constitución. En un Estado democrático de Derecho moderno ya no caben plebiscitos encubiertos y no regulados por la ley sobre el Régimen, como el que tuvo lugar en España el día 12 de abril de 1931, cuando a través de unas elecciones municipales (ni siquiera parlamentarias) se cambió la Monarquía por una República, dejando sin efecto por la fuerza de los hechos y sin amparo legal alguno la Constitución de 1876 (a pesar de que se eligieron 39.568 concejales partidarios de la República y 40.324 de la Monarquía) -Si sin acudir al pueblo español España es transformada de hecho en una Confederación o Unión de Comunidades Políticas en la que el Estado español carece en la práctica de Poder efectivo. El apartado primero del artículo 1 de la Constitución, que está en el Título Preliminar, dice que España es un Estado Es uno. Por tanto, un Poder constituido no puede crear por su cuenta una Confederación. -Si sin acudir al pueblo español el Estado es transformado por los poderes constituidos en un Estado federal o confederal. El artículo 2 de la Constitución diseña el Estado Autonómico, con un Estado único y descentralización por regiones y nacionalidades. No hay Estado federal ni confederal. Es un fraude convertir el Estado con Autonomías en un Estado federal o confederal sin apelar al pueblo y sin cumplir los requi- sitos democráticos y legales establecidos en nuestro Estado de Derecho. El pueblo soberano no puede permitir que poco a poco un nuevo régimen se vaya imponiendo por la fuerza de los hechos: se pretende que haya varias naciones. Se construye en la práctica un Estado confederal. Se utiliza el Estado como moneda de cambio en función de los intereses particulares. Se tiende a transformar aquellas naciones en estados, a formar una confederación de comunidades políticas libremente asociadas... El resultado es algo que en nada se parece a lo que diseñó el soberano pueblo constituyente en 1978. Y además establecido contra las previsiones constitucionales. Ya ha sucedido. Por ley de 15 de septiembre de 1932 se aprobó un Estatuto de Cataluña en el que ésta se constituía en Región Autónoma dentro del Estado español (artículo 1) y en el que se regulaba expresamente la modificación por cauces legales del propio Estatuto, requiriendo para ello la aprobación de las Cortes de la República (artículo 18) A pesar de ello, el día 6 de octubre de 1934 Cataluña proclamó por su cuenta el Estado Catalán dentro de la República Federal Española. Lo que a su vez motivó un decreto del Gobierno de España en el que se declaraba el estado de guerra en todo de territorio de la República española Este decreto justificaba la declaración del estado de guerra en la necesidad de reestablecer el imperio de la Constitución y de conservar las libertades que ha reconocido la República ¿Qué hacer? Una comunidad de hombres libres e iguales únicamente puede modificarse por eso que Kant llamaba la voluntad popular universalmente unida, y Rousseau, la voluntad general. Voluntad que se compone en democracia mediante la participación de la voluntad individual de todos los ciudadanos, conformándose así la voluntad popular de la que habla la Constitución española, la voluntad del pueblo español. ¿Qué hacer, por tanto? Aprendamos las lecciones de la Historia. Hagamos que el pueblo sea realmente soberano. Construyamos España, sí, pero hagámoslo cumpliendo y haciendo cumplir sin fraudes ni artificios la Constitución vigente, también para reformarla. Cuando ella lo exige hay que acudir al pueblo, a todo él. Sólo así conservaremos las libertades que la Constitución nos garantiza. Y, además, esto es lo democrático: acudir al propio pueblo español para reformar la Constitución que él se ha dado a sí mismo. Colectivo que reúne a 60 intelectuales y profesores de reconocido prestigio REVISTA DE PRENSA POR JUAN PEDRO QUIÑONERO CATALUÑA, POLICÍAS Y PSIQUIATRAS La realidad catalana descrita por la prensa de referencia quizá sea difícilmente comprensible para los lectores mejor intencionados en Francia, Inglaterra, Alemania o Austria. En París, intentando resumir todos los puntos de vista presentes en el debate del Estatuto catalán, Le Monde compila una colección de declaraciones contradictorias. Carmen Osuna, emigrante andaluza: Mis hijos han nacido aquí. Yo me siento andaluza y catalana. Pero no española. Los franquistas fusilaron a mis padres Lluís María Todó, escritor: ¿Soy más catalán o más español? No lo sé. Ser catalán es como ser gay: un suplemento de identidad Inma Tubella, rectora de Universidad abierta: Creo que el proyecto catalán es más avanzado que el proyecto español. Quiero estar en vanguardia Joan Pujol, presidente de Fomento del Trabajo: Sí, somos españoles. Toda esta historia nos incomoda mucho a los empresarios Por su parte, Le Figaro también reúne muy diversas opiniones, que resume así: La campaña ha revelado profundas diferencias entre los catalanes En Londres, el Guardian escribe: España está dividida en 17 regiones, con distintos grados de autogobierno. Se espera que el sí de los catalanes precipite nuevas exigencias de otras regiones, mañana Por su parte, el Independent da la palabra a Jordi Xucla, que tiene esta visión de España: España no es una nación, sino un tejido de distintas realidades nacionales, catalanas, vascas, gallegas, valencianas y otras En Berlín, Albert Boadella parece responder a tales afirmaciones cuando declara a Tageszeitung: Mi tesis es muy sencilla. Los países pueden enfermar, como las personas. Y se dan enfermedades colectivas. Y en Cataluña quizá esté ocurriendo algo de esto, que conduce a la pérdida del sentido de la realidad y a la paranoia Sin entrar en tal debate psiquiátrico, Berliner Zeitung recoge el mismo diálogo de sordos entre Jordi Serra, alcalde de Roda de Ter, diciendo que los catalanes son ciudadanos de segunda clase en España, y el mismo Boadella afirmando que los catalanes están sufriendo una enfermedad colectiva En Viena, Der Standard subraya las diferencias entre nacionalistas partidarios y hostiles al nuevo Estatuto. Por su parte, Wiener Zeitung se pregunta por el alcance de tan graves enfrentamientos, el lunes, dejando en suspenso el alcance de la onda de choque esperada, más allá de Cataluña.