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4 Opinión DOMINGO 18 6 2006 ABC PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de área: Jaime González (Opinión) Mayte Alcaraz (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado, M. Erice (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) J. López Jaraba (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: José Luis Romero Adjunto al Consejero Delegado: Emilio Ybarra Aznar Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Francisco García Mendívil PASQUAL MARAGALL NO JUEGA LIMPIO O que mal empieza, mal acaba. La campaña para el referéndum del Estatuto catalán comenzó con el lema intolerable del PSC en contra del PP, identificado como enemigo de Cataluña, y ha terminado con una grosera manipulación por parte del presidente de la Generalitat. Pasqual Maragall cerró la campaña con un mensaje transmitido en horas de máxima audiencia televisiva, aprovechando que la Junta Electoral central había desestimado sendos recursos del PP y de ERC, con el argumento- -formalmente correcto- -de que no le corresponde ejercer ninguna forma de censura previa. Maragall abusó de la buena fe de los guardianes del proceso electoral, con un mensaje volcado en reclamar la participación de los ciudadanos para que aquella comunidad autónoma pueda dar un paso de gigante como país Todo ello acompañado de las habituales dosis de victimismo y de referencias históricas sesgadas en favor de una concepción nacional de Cataluña. Es llamativo que el propio Consejo Audiovisual de Cataluña (CAC) adoptara un acuerdo según el cual el mensaje podría ser contrario al principio de neutralidad. Maragall ha utilizado a su favor la decisión de la Junta Electoral central, de manera que el juego sucio cierra una campaña que no ha sido precisamente modélica. La igualdad entre las distintas posiciones que se confrontan ante las urnas es un elemento capital en todo proceso democrático, y en este caso ha habido coacciones físicas hacia los populares y hacia Ciutadans de Catalunya y una utilización abusiva de los medios institucionales. El Estatuto que hoy se somete a votación supone una ruptura material del modelo constitucional vigente y en nada beneficia a los propios catalanes, puesto que el intervencionismo de los poderes públicos y las cuotas de poder que atribuye a la Generalitat otorgan ventajas a la clase política y no a la sociedad civil. De hecho, las maniobras de los defensores del sí son fiel reflejo de que el ambiente social es bastante frío. Aunque se apruebe en términos jurídicos, el resultado podría ser un fracaso político para los promotores del Estatuto si refleja- -como es probable- -el escaso entusiasmo de la gente por un debate artificial sobre identidades y competencias, mientras que se desperdicia toda la legislatura en cuanto a gestión de los asuntos que realmente importan. A mayor abundamiento, el Estatuto ha acabado con el tripartito que lo impulsaba y ha permitido el resurgimiento de CiU, lo que revela la extraña deriva de la estrategia del Partido Socialista. Zapatero y Maragall deberán echar cuentas, cada uno a su modo, acerca de las ventajas que les reporta una táctica tan errática como ajena a los intereses generales. Lo peor de todo es que las reglas más elementales de la democracia han salido malparadas durante las últimas semanas en el supuesto oasis que según algunos constituye la política catalana. L LA HORA DE LA JUSTICIA L juicio al que mañana se someterán Javier García Gaztelu e Irantzu Gallastegi por el secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco hará revivir a la sociedad española y a su familia aquellos trágicos días de julio de 1997. La convulsión que provocó la extrema crueldad de ETA en este brutal crimen se tradujo en una gran rebelión democrática y cívica contra el terrorismo y contra la complicidad del nacionalismo vasco. Fue el Espíritu de Ermua Por eso, que en estos momentos se celebre este juicio contra Txapote y Amaia no sólo es un motivo para renovar la confianza en los Tribunales de Justicia, sino también para no perder la esperanza en que se puede acabar con el terrorismo aplicando la ley y desmantelando su organización. Basta querer que así sea y poner los medios para lograrlo. El juicio a Txapote es un contrapunto ético y estético a la descontrolada perversión del lenguaje y de los conceptos que domina el actual discurso sobre el final de ETA y a la permanente invitación a pasar página y consentir que el proceso de diálogo con los terroristas avance como sea Pues bien, la imagen de Txapote hace imposible que ese diálogo se desarrolle como sea Antes bien, el expediente sanguinario de García Gaztelu, ya juzgado por el asesinato de otro concejal popular, José Luis Caso, refuerza las líneas rojas que nunca debían haberse traspasado en la gestión de la nueva tregua de ETA. Especialmente, la línea roja de la impunidad de los etarras, porque quien pretenda cualquier medida de benevolencia tendrá primero que hacer olvidar los rostros de García Gaztelu e Irantzu Gallastegi, criminales que no deben tener otro futuro que el cumplimiento íntegro de la pena máxima, que, en su caso, puede alcanzar los cuarenta años de prisión. Ya han demostrado lo que son. La actitud desafiante y burlona de Txapote y Amaia durante el juicio por el asesinato de José Luis Caso, concejal popular de Rentería, anula cualquier esperanza de arrepentimiento y, como acertadamente dijo el fiscal en sus conclusiones, E prueba la nula voluntad de reinserción de los etarras. El Gobierno socialista debería seguir muy de cerca el juicio que mañana comienza en la Audiencia Nacional, pues le permitirá entender mejor por qué la sociedad española no debe nada a ETA y por qué es la banda terrorista la que debe todo a los españoles. Frustrada por ETA misma la oportunidad de 1998- 1999, al ver negada cualquier contraprestación política, los etarras no deberían tener una segunda vuelta para eludir su derrota y cambiarla por una victoria. Y la tendrán si el Gobierno concede el más mínimo terreno a la negociación política con ETA Batasuna, porque será entonces cuando los terroristas consideren que el asesinato de Miguel Ángel Blanco, y todos los demás, era la expresión de un conflicto político Los terroristas ya han reiterado que no les quedan más gestos por hacer, que el alto el fuego permanente- -que no definitivo- -no es irreversible y que la paz depende de que se reconozcan sus aspiraciones de autodeterminación, amnistía y anexión de Navarra. Al mismo tiempo, Grande- Marlaska reitera que la mesa política está auspiciada por el frente militar de la organización terrorista ETA y la extorsión a los empresarios les estalla en la cara a los verificadores del proceso. En estas condiciones, es incomprensible que el presidente del Gobierno persista en su decisión de anunciar el diálogo con ETA. La verdadera oportunidad para la paz es sentar a Txapote en el banquillo de los acusados y mantener la política antiterrorista que permitió al Estado decantar a su favor la lucha contra ETA. García Gaztelu y Gallastegi se sientan en el banquillo gracias a la colaboración francesa, lo que es bueno recordar ahora que ETA apremia a Francia a seguir el ejemplo del Gobierno español y éste hace equívocas gestiones ante los jueces franceses. Por la paz se lleva trabajando mucho tiempo. Antes incluso de que llegara Rodríguez Zapatero a La Moncloa. Pero, eso sí, era una paz basada en la derrota incondicional de ETA y en la aplicación de la ley. UN PASO AL FRENTE DE HAMÁS AS presiones sostenidas e inequívocas de la comunidad internacional han acabado dando sus frutos y los radicales del grupo palestino Hamás aceptan ceder el control de un gobierno monocolor con el que nadie quería tener contactos directos, para formar otro de unidad nacional en coalición con Al Fatah, del presidente Abu Abbas, que a todas luces parece más adecuado para las circunstancias que atraviesa en estos momentos el pueblo palestino. Como no es razonable pensar que de estar al borde de la conflagración fraticida se pueda pasar en cuestión de horas a una paz sólida como el granito, es aconsejable contemplar este acuerdo con las debidas cautelas, pero sí al menos como una buena noticia después de un periodo en el que daba la impresión de que los territorios palestinos se hundían en el caos sin remedio. Si, como se espera, los líderes de Hamás aceptan por fin el reconocimiento del Estado de Israel, habrán dado un paso de gigante en el camino de la paz y de paso vaciarán de argumentos los planes unilaterales del Gobierno israelí. El órdago del referéndum que lanzó el presidente Ab- L bas ha sido al final la clave en un gesto que llevaba grandes riesgos en todas las opciones posibles: o dividía a los palestinos y los llevaba a la guerra civil o, como ha sucedido, servía para desbloquear una situación gravísima que de todos modos hubiera conducido a los territorios ocupados y a la franja de Gaza al desastre. Sería importante ahora que, si se confirma que Hamás acepta las fórmulas de compromiso, nadie aparezca como vencedor ni mucho menos como perdedor en un proceso en el que probablemente todos deberán pagar un precio político. La misión que emprende este lunes en la zona la comisaria europea de Relaciones Exteriores, Benita FerreroWaldner, llega por tanto en el mejor momento para reafirmar la postura europea, basada en la ayuda humanitaria sincera a la población civil (el Consejo aprobó cien millones) pero también en la firmeza en el propósito de no dialogar con organizaciones que no hayan demostrado su voluntad de salir de la lista de grupos terroristas. Esta ha sido al final la consigna más eficaz, el aliciente más claro para que los que tenían dudas comprendiesen por dónde pasa el único camino posible para la paz.