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8- 9 S 6 LOS SÁBADOS DE Que regalen uno a Beckham ALFONSO MUÑOZ Karl Lagerfeld con Nati Abascal ¿Aireando viejas tensiones? Khruschov y Mao Ze Dong en agosto del 58 ludable que el de los aparatos de aire acondicionado. Él los compraba en Casa Rubio, una tienda clásica de Sevilla que cerró, y ahora los encuentro en la calle Sierpes, siempre azules o negros, y los llevo en el bolsillo de la chaqueta o en el del pantalón En Sevilla, se utilizaba de Feria a Feria (desde la de abril a la de San Miguel, en septiembre) y se llevaba a los toros a juego con el color de la chaqueta. Lo elegante- -dice Morales- -era abanicarse con el índice y el pulgar sin hacer aspavientos, como las mujeres El duque de Lugo en los toros no enseña el puñal una escritora. De la tienda (1858) decía César González Ruano que era la portasoleña por excelencia. Por fuerza sabe lo que se lleva, lo reglamentario, usos, costumbres. Podría contar historias de clientes, pero su discreción le impide dar nombres. Lo que sí nos da son unos puntos esenciales sobre los abanicos de hombre. Deben ser lo suficientemente grandes para dar aire, y lo suficientemente pequeños para que quepan en el bolsillo delantero de la chaqueta. Había todo un código alrededor del abanico y hay quien cree que dan un toque afectado, aunque a mí me parece que es más bien sofisticado, El hombre, a diferencia de la mujer, que lo tiene como arma de seducción, lo utiliza por práctico y funcional Normas y costumbres Arturo Llerandi, de Casa de Diego, es una autoridad en esta cuestión. Tiene 64 años y la primera vez que se puso tras el mostrador tenía cuatro. Le subió su padre a un cajón y vendió un abanico a Los diez mandamientos del Puñal o el tamaño importa mucho -El abanico masculino se llama Puñal por la forma recta y decreciente de sus varillas. -Miden entre 15 y 20 cms. -Las varillas están separadas entre ellas. -Tiene el país (la tela) proporcionalmente más grande que el femenino, para compensar su pequeño tamaño. -Sobrio y liso en el color. Antes, el blanco era de etiqueta y el negro no se usaba. -Se lleva siempre en el bolsillo delantero de la chaqueta. A veces, también, en el bolsillo trasero del vaquero. -Nunca se utilizan dentro de casa; son para el exterior. -En pareja, siempre tiene prioridad el femenino. -Los tienen siempre en Casa Gil y en Casa de Diego (Madrid) y en Feliciano Foronda o Lola Ortega, en Sevilla, que disponen de piezas antiguas. La moda masculina, siempre tan limitada de recursos, inspiración y accesorios, se empeña en rescatar prendas que le son ajenas. La falda masculina, objeto de una reciente exposición en Madrid, ha tenido numerosos intentos de recuperación, pero todos fallidos. Con idéntica ingeniería de marketing, le toca el turno ahora al abanico. A pesar de su formato de bolsillo, son contados los hombres que hoy lo utilizan. Karl Lagerfeld, prolífico genio de la moda, hizo de su abanico un apéndice esencial de su imagen. En 2002, se sometió a una sacrificada dieta y tras perder cuarenta y dos kilos, celebró su renacimiento, escribiendo un libro y arrinconando a su querido compañero de vaivenes en el fondo de un cajón. En el panorama nacional, encuentro pocos ejemplos, con excepción de algún político, y a Don Jaime de Marichalar, cuyo repertorio de accesorios evoluciona al ritmo de las estaciones. Sólo existe una persona capaz de difundir el abanico for men y elevarlo a la cresta de la moda. A las pruebas me remito: ¿quién podía imaginar hace pocos años a nuestros futbolistas, haciéndose mechas doradas en el pelo; o luciendo pendientes de brillantes auténticos y ocultándose detrás de unas gafas- parabrisa de Dior? Que alguien regale un abanico a David Beckham, genuino prescriptor de tendencias ¡El único capaz! Si él consigue ponerlo de moda, confirmará su poder contaminante sobre la población masculina española, y yo me tragaré esta columna. Los diputados Joan Ribó y Alfred Botella FOTOS: M. HERCE, R. SOLSONA Y ABC