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17 6 06 TENDENCIAS Rodríguez de la Borbolla en una calurosa sesión del Parlamento andaluz Arturo Llerandi, con abanico en el bolsillo Contra el calor Abanicos for men Pequeño y sobrio, dos condiciones indispensables. Y que quepa en el bolsillo de la chaqueta o en el del pantalón. El abanico no gasta y quita el calor. ¿Cómo pueden los hombres vivir sin él? POR PATRICIA ESPINOSA DE LOS MONTEROS R eivindicamos una semana más el abanico, pero esta vez para los señores. ¿O es que creen que es un instrumento exclusivo de las mujeres? Que algunos no se animen a llevarlo porque crean que es grande, difícil de guardar, afectado o que da el cante es otra cosa, pero la verdad es que, en una calurosa tarde de verano en Las Ventas, o aho- ra mismo en los estadios alemanes, seguro que muchos caballeros con prejuicios agradecen que su vecina de grada mueva el aire vigorosamente con su abanico. Desde siempre ha habido hombres que usaban abanico. Según cuenta Arturo Llerandi- -tercera generación al frente de Casa de Diego, de Madrid- el abanico era, hace siglos, un signo de poder y de distinción masculinos. En China, los mandarines los llevaban dentro de una funda de marfil que colgaba del cinturón. Entre duques y poetas Más cerca en el tiempo, todos tenemos en la mente la imagen de los modistos Lagerfeld o Lacroix, con su abanico, y aquí en España nuestro referente es el Duque de Lugo, que siempre lo lleva. Pero también lo utilizan otras figuras conocidas y menos conocidas, como el profesor de Historia Ramón Serrera, el político José Rodríguez de la Borbolla, el novelista Fernando de Artacho, el anticuario Carlos Marañón... Pero- -dice Don Jaime de Marichalar- -yo lo uso, sencillamente, porque no soporto el calor y realmente me da igual si es o no sofisticado, o si es del color ade- El duo Navajita Plateá, en negro y verde En España se ha utilizado siempre. De aquí pasó a Cuba, donde los hacendados lo llevaban en la caña de la bota. Va y viene. Se fue con el Panamá, que ahora vuelve cuado. No lo utilizo por moda, sino porque me resulta práctico, lo mejor cuando tengo calor. Los compro en una tienda muy típica en el centro de Madrid y siempre pequeños y negros En España se ha utilizado siempre el abanico entre los hombres, costumbre que luego pasó a Suramérica, sobre todo a Cuba, donde los hacendados guardaban sus abanicos en la caña de sus botas. El anticuario sevillano Manolo Morales tiene dos que pertenecieron a su familia. Uno de ellos, del siglo XVIII, es tipo pai- pai, de marfil y piel de cabritillo con pinturas muy livianas y se pliega sobre sí mismo. Tengo otro Imperio, con el mango de ébano. En la generación del 27 lo llevaban todos. Cernuda, Aleixandre, García Lorca... todos los pijos y guapos de la época. Y es que siempre fue un signo un poco pijo incluso ahora, aunque lo que no se entiende bien es que no se utilice, sobre todo en España, con el verano subido de temperatura. Es una de esas costumbres que se han perdido, pero, quién sabe... Antes se usaba también el sombrero Panamá, que se guardaba en una caña junto al abanico, en el bolsillo delantero de la chaqueta, y ahora el Panamá parece que vuelve con fuerza Eduardo Carrera, abogado sevillano, tampoco comprende cómo en su tierra, con tanto calor, no se generaliza más su uso. Los abanicos ocupan poco espacio, son discretos y el aire que dan es más sa-