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ABC SÁBADO 17 6 2006 Cultura 57 LA HISTORIA DE ESPAÑA, NOVELA A NOVELA Mañana, con ABC, séptima entrega de la colección de novela histórica, con El doncel de Don Enrique, el Doliente de Larra, por tan sólo 1,99 euros más Un héroe enredando en la Corte TEXTO: LUIS CONDE- SALAZAR INFIESTA Cinco intérpretes, en la segunda fase del X Concurso de Piano Fundación Guerrero b Los pianistas tendrán que interpretar, como obra obligada, una partitura del compositor español Jesús Rueda. La final tendrá lugar el próximo viernes S. G. MADRID. Los pianistas Fernando Cruz Robledillo y Eduardo Fernández García (España) Xiaofeng Wu (China) Yukiko Akagi (Japón) y Stefan Ciric (Serbia) han pasado a la segunda fase del Concurso Internacional de Piano Fundación Guerrero, que convoca la Fundación Jacinto e Inocencio Guerrero. El certamen presenta dos novedades respecto a ediciones anteriores. Por un lado se eleva a diez el número de nacionalidades de los concursantes, de España, Serbia, Venezuela, Italia, Ucrania, Japón, Corea, Rusia, Bulgaria y China. El certamen musical también quiere contribuir a la promoción de la música española, dedicándole un espacio especial a las obras de nuestro patrimonio, de cualquier época y especialmente aquella escrita a partir de la segunda mitad del siglo XX. Prueba de ello es la inclusión este año, como obra obligada, de la partitura Cuatro interludios de Jesús Rueda. El propio compositor ha definido la obra como una colección de breves piezas escritas entre 1995 y 2003 en las que se muestra a modo de diario particularidades de mi lenguaje y pensamiento de manera esquemática, como si de un cuaderno de apuntes se tratase; pequeñas ideas que apenas tienen desarrollo, como el cuaderno de dibujos de un pintor antes de enfrentarse a un formato mayor. La dotación económica de los premios asciende a un total 29.000 euros, repartidos en las diversas categorias, aunque el galardón más atractivo es la gira de conciertos que la Fundación Guerrero organizará en colaboración con otras entidades. En términos clínicos actuales el gran cronista decimonónico Mariano José de Larra podría ser tenido por un neurótico que, además de tener la suerte esquiva por vivir su escasa existencia en pleno Romanticismo, cuando la decadencia de una flor podía ser motivo suficiente como para pegarse un tiro, coleccionaba desencantos amorosos que ríanse de los culebrones televisivos más enrevesados. Larra nació en la castiza calle de Segovia de Madrid en 1809. Su padre, un médico afrancesado, tuvo que trasladarse con su familia al país vecino con la salida de España de José Bonaparte. Regresa Larra con nueve años comenzando una nueva vida en una sociedad con muchas costumbres sociales y políticas rayanas en el surrealismo. Estudiando leyes cae enfermizamente enamorado de una mujer que a la postre resultó ser la amante de su padre. Primera en la frente. Segundo acto: Con 20 años se casa con Pepita Wetoret y Velasco, pero la cosa no funciona y abandona el barco, reseñándose a sí mismo en uno de sus más afamados artículos, Casarse pronto y mal Por su alcoba mental pasa la afamada cantante Grissi, que no le hace demasiado caso, para posteriormente rematar sus dominios del desengaño con el episodio de Dolores Armijo, mujer casada que mantiene una relación con Larra hasta que le abandona definitivamente en 1837. Larra echa el telón definitivo a su existencia. Si a esos pasajes añadimos los desencantos políticos, sociales y ambientales que el periodista tuvo que soportar en su piel liberal, el resultado no podía ser otro. En este país, si a un zapatero se le antoja hacer una botella y le sale mal, después ya no le dejan hacer zapatos llegó a decir Fígaro, el seudónimo con el que firmaba. Tan sólo 27 años duró Larra en el mundo, los suficientes, sin embargo, para ganarse un puesto destacado en las letras españolas, especialmente con sus artículos de críti- Doña Letizia regaló este libro como obsequio a Don Felipe en una edición de 1950, esencial para conocer esa época ca costumbrista, brillantes crónicas periodísticas de una pluma precoz y prolífica que supo reflejar aquella sociedad como pocos antes y pocos después, hasta que puso un cañón en su sien y apretó el gatillo, desesperado ya por la última broma del destino, que resultó ser definitiva. A pesar de que fue en el periodismo donde el autor se movía más a gusto, también cultivó otros géneros, como la poesía o el drama, además de escribir una novela, la que nos ocupa, su única obra de largo recorrido. El doncel de Don Enrique el Doliente libro que apareció por primera vez en 1834, es una narración histórica escenificada a finales del siglo XIV y ambientada en la corte madrileña del Rey Enrique III, llamado El Doliente por sus muchos y graves problemas de salud. El protagonista es Macías (también personaje principal del drama homónimo escrito por Larra y que en su momento no consiguió pasar la censura) un doncel versado en letras y armas al servicio del monarca y héroe menor de esos que tan frecuentemente se dan en los relatos históricos. Vive sus días el doncel enamorado de Elvira, mujer casada y en cuya situación muchos han querido ver un paralelismo con el propio Larra. Intrigas palaciegas, amores no correspondidos, engaños, muertes violentas, conspiraciones, locura y gestas caballerescas se suceden en esta obra, en la que el autor utiliza a menudo el recurso de convertirse en puente entre los muchos personajes que van apareciendo y el lector. Doña Letizia regaló al Príncipe Felipe como obsequio de prometida un ejemplar de 1950 de esta obra fundamental, en la que se analizan también las claves de una España titubeante, la de Enrique III, un monarca que se granjeó la enemistad de la alta aristocracia nacida con Enrique II, y a la que atacó sin denuedo durante su efímero mandato. El lugar que aquella ocupaba fue cubierto por la pequeña nobleza, en un intercambio de oligarquías que favorecía los intereses del propio Rey. A la muerte de El Doliente, ocurrida el 25 de diciembre de 1406 cuando contaba con 27 años la nobleza consolidó su hegemonía en los albores del siglo XV.