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ABC SÁBADO 17 6 2006 55 Rafael Azcona, premio de Artes Escénicas de la Fundación Gabarrón por su intensa labor creativa Ryuichi Sakamoto, que actúa hoy en Madrid, dice que hay que mantener la música ajena a la política Jorge Semprún: Me fastidia el izquierdismo nacionalista b El narrador, que acaba de ser nombrado socio de honor del Círculo de Lectores, presenta en España su último libro, escrito con Dominique de Villepin ELENA D. DAPENA MADRID. No es fácil lucir un entusiasmo similar al que transmite Jorge Semprún (Madrid, 1923) a sus 82 años. El ex- ministro acaba de publicar un libro junto con Dominique de Villepin- El hombre europeo -en el que, en un singular matrimonio de izquierdismo y liberalismo, ambos políticos logran alcanzar una conclusión común. Me parecía importante- -cuenta Semprún- -demostrar en la práctica que se puede ser de izquierdas y coincidir con un hombre de derechas aunque con un matiz: Sólo en la cuestión de Europa; no escribiría un libro con él sobre otros temas, porque chocaríamos enseguida Para Semprún, nuestro país está actualmente por detrás y por delante de los problemas europeos Cree que, en materia de separación Iglesia- Estado, España se ha aletargado con respecto a los vecinos europeos ¡En Francia está solucionado por ley desde 1905! Sin embargo, el madrileño nos ve aventajados en nuestra exclusiva coexistencia de nacionalidades diferentes Somos los primeros en intentar resolver el problema de la unidad dentro de la diversidad Con respecto a las dificultades en la confluencia del castellano con el catalán, el antiguo ministro se muestra optimista: Espero que sea un momento pasajero de afirmación, y que se convencerán de la riqueza que supone para Cataluña ser un país bilingüe Una imagen del nuevo Museo del Quai Branly, situado en un muelle del Sena, y que se inaugurará el día 20 AFP París reivindica el valor de las culturas primitivas en medio de la globalización Un gran museo, diseñado por Nouvel, da por superada la era colonial el día 20 y nace como respuesta cultural al proceso de la industrialización y mundialización definitivas de la técnica y las culturas JUAN PEDRO QUIÑONERO CORRESPONSAL PARÍS. El Museo de las Artes y Civilizaciones de África, Asia, Oceanía y las Américas (Macaaoa) que debe inaugurarse el próximo martes, día 20, aspira a representar, en distinta medida, más de 3.000 años de varias civilizaciones, con la ambición de mostrar la pluralidad de las culturas dotado de unas 8.000 adquisiciones recientes y unos 300.000 piezas heredadas de los antiguos museos de la época colonial. Hace exactamente diez años, Jacques Chirac avanzó la idea original. El proyecto fue objeto de numerosas polémicas de fondo y de forma. Jean Nouvel ganó el concurso público de construcción de un edificio de nuevo cuño, en el muelle quai Branly, al oeste de París, no lejos del puente Mirabeau, donde se suicidó el poeta Paul Celan. Maurice Godelier fue nombrado director general del proyecto en 1999. Los trabajos comenzaron por un inventario del patrimonio nacional, acumulado desde finales del XIX, a través de la epopeya colonial, no siempre pacífica, con frecuencia traumática. Los tesoros conseguidos por los ejércitos cob El nuevo centro se inaugurará loniales estuvieron expuestos durante todo el siglo XX en el difunto Museo de las Artes de África y Oceanía (MAAO) y en el antiguo Museo del Hombre. Tomada la decisión de enterrar tales museos, nacidos durante el esplendor y ocaso de la historia colonial, parte de tal patrimonio se instaló provisionalmente en el Louvre, desde donde han sido trasladados al nuevo Macaaoa. Durante la última década, el patrimonio nacional ha adquirido otras 8.000 piezas, con el fin de intentar componer un conjunto más o menos coherente, que discu- La controversia El nuevo museo suscita interés, dudas y controversia, que el antropólogo JeanLoup Amselle resume de este modo: No quiero denigrarlo ni dudar completamente. Si el museo consigue combatir el racismo, a través de sus manifestaciones, sus colecciones, sus trabajos, habrá cumplido su primer objetivo. Si el museo consigue convencer a sus visitantes que hay otras muchas culturas y otras formas de pensar dignas de respeto, será una gran victoria. Pero esas batallas no están ganadas aún ten con ferocidad algunos especialistas. El nuevo museo tiene unas ambiciones quizá excesivas para ningún Estado: representar la diversidad de las culturas y civilizaciones no occidentales de África, Asia, Oceanía y las Américas, a lo largo de unos 3.000 años de historia. Culturas y civilizaciones víctimas, en muchísimos casos, de catástrofes fáusticas que continúan siendo motivo de estudio y controversia. Baste recordar el melancólico ocaso de las culturas mesoamericanas, antes y después del descubrimiento, conquista y colonización españolas. En su origen último, el nuevo Macaaoa fue una respuesta cultural al proceso en curso de la industrialización y mundialización definitivas de la técnica y las culturas. Una muestra de respeto y homenaje. Reagrupar todo el patrimonio artístico acumulado durante la colonización, para presentarlo a la luz de una visión universal de las civilizaciones difuntas. ¿Son suficientes 300.000 piezas para intentar ilustrar tales ambiciones? ¿Tiene sentido presentar en un solo y mismo museo las civilizaciones desaparecidas en el Gran norte americano y el Sur sahariano? ¿Hay algo en común entre ellas? Se trata de una aventura cultural y museística de nuevo cuño. Poner en contacto exponer en común, los gloriosos restos de incontables culturas perdidas. Muchos especialistas dudan. Para el gran público quizá se trate de una aventura muy atractiva. Nacionalismos antieuropeos El hombre europeo de Semprún y Villepin tampoco lucha, ni muchísimo menos, por situar su cultura por encima de las demás. Su perfil es el de una persona no nacionalista el nacionalismo- sea francés, catalán, húngaro o eslovaco -es antieuropeo porque pone ante todo lo suyo, lo excluyente, lo auténtico se niega a la diversidad y no admite las realidades históricas Por eso, a un histórico del socialismo como es Semprún, le saca de quicio el nacionalismo izquierdista. Me fastidia- -se queja- me disgusta políticamente. De hecho, me entiendo mucho mejor con Pujol que con Carod Así todo, le resulta exagerado el miedo al separatismo catalán. Si se destruyese España porque Cataluña tuviese una selección propia- -concluye- ¿qué clase de país seríamos? ¿Uno cuya unidad es impuesta?