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70 Espectáculos VIERNES 16 6 2006 ABC Cruzando el puente Grizzly man Digestión de sonidos del Bósforo Alemania, Turquía, 90 m Director: Fatih Akin Intérpretes: Documental FEDERICO MARÍN BELLÓN Retrato de la idiotez EE. UU. 103 M. Director: Werner Herzog Intérpretes: Timothy Treadwell, Amie Huguenard JOSÉ MANUEL CUÉLLAR D espués de disparar Contra la pared uno de los títulos más originales que ha dado el cine europeo reciente, Fatih Akin regresa a Turquía junto al compositor de la banda sonora, Alexander Hacke, en busca de los sonidos que acarician las dos orillas del Bósforo, donde se pisan o se dan la mano (según quién vuelva de la feria y lo cuente) la influencia oriental y la tradición occidental (y viceversa) Cruce de civilizaciones, puente de las culturas, en la abigarrada Estambul caben todos los tópicos y más canciones que en la iPod. El artista bebe a morro de las fuentes mientras recorre sus grupos de rock (e incluso toca con alguno de ellos) la música psicodélica, los DJ, los herederos de la cultura turca de toda la vida, los cantautores- -que no componen en catalán, pero protestan a rabiar- el rap más negro con las letras más iluminadas, el sonido underground, la música electrónica haya o no apagón, fusiones tan imposibles como la del ritmo disco y la tradición sufí o, mejor, del clarinete gitano con el jazz de Nueva Orleans, canciones kurdas perseguidas hasta anteayer, el folk, los conjuntos más callejeros y viejas estrellas tan árabes como las mil y una noches. El viaje que propone Akin es apasionante, pero su cuaderno de bitácora anda sobrado de páginas. Pretende ser tan exhaustivo en el repaso a los sonidos, colores y olores de la ciudad que lo que podría ser una estupenda película documental de una hora termina por embotar los sentidos. Para bien, eso sí. H Antoni Laparra, protagonista de El taxista ful El taxista ful Trabajo clandestino España, 97 m. Director: Jo Sol (Jordi Solé) Intérpretes: Antoni Laparra, Antonio Martínez ANTONIO WEINRICHTER o más llamativo de esta película es la soltura con la que trabaja formatos fronterizos de la no ficción: está menos cerca del fake (ficción disfrazada de documental) que del docudrama, donde las personas se convierten en personajes haciendo de sí mismos. El director Jordi Solé admite que ésta es una creación colectiva en la que los protagonistas figuran como autores de sus diálogos; sobre todo, el taxista hace bueno aquel dictamen de Kaufman- -el hombre de la cáma- L ra de Vertov- -de que un buen actor de documental es aquél que sabe no actuar ante la cámara. Pero la historia de El taxista ful por supuesto basada en un caso real, es tan interesante como su formato. José R. roba taxis, los utiliza y luego los devuelve dejando un porcentaje de sus ganancias. No es un ladrón: roba para poder trabajar. Esta paradoja atrae la atención de un grupo anti- sistema cuya estupenda teoría se resume en su nombre: Dinero gratis (la praxis la tienen más difícil) El empleo clandestino del taxista y la idea de que el trabajo y la propiedad inmobiliaria son una estafa más del sistema: la confrontación entre estas dos concepciones tan distintas da lugar a más de una divertida escena y demuestra lo mucho que ha cambiado el concepto de actividad política en esta era post sindical, post pleno empleo y post casi todo. erzog es un tramposillo, pero es muy bueno. Viste de tragedia y heroicidad la historia de un pobre diablo, el tal Timothy Treadwell, como excusa para elaborar un bello documental sobre la vida de los osos, un relato que tiene un algo de tragicómico cuando el director centra el ojo del huracán en el aventurero metido a supuesto cuidador de dichos animales. Claro, se acercó a destiempo y acabaron comiéndoselo para no dejar ni el reloj porque a quien se le ocurre... El caso es que el relato de Herzog, dentro de la gran altura que desprende su trabajo, produce más comicidad que otra cosa dada la peculiar personalidad del protagonista, un incauto olvidado del mundo que intenta asomarse a él buscando, casi mendigando, un trozito de gloria, aunque sea colocándose a treinta metros de los osos, que le miran con tanta indiferencia y pena como le observa el espectador, que ve en el acto mucha más idiotez e inconsciencia que heroicidad. Esos tristes y ridículos intentos de Treadwell se asemejan más a los de la maruja que le habla al perro o al gato como si le entendieran que a los de un documentalista riguroso y serio. Es en ese choque de personalidades, de sensaciones misericordes, donde Herzog saca jugo a la historia porque caricaturiza tanto a Treadwell que el que se levanta erguido, hermoso y reinando en su hábitat es siempre el oso, que en su casa no conoce amigos, familiares ni osa que lo parió, entre otras cosas porque es un animal salvaje. Lo dicho, apenas quedó el reloj. Lógico.