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34 Internacional VIERNES 16 6 2006 ABC Hamás ofrece recuperar la tregua si cesan los ataques de Israel b Los observadores europeos en Rafah podrían abandonar la terminal si los ministros del Gobierno islamista no declaran el dinero que traen en sus maletas J. CIERCO JAN YUNIS (GAZA) No es posible lidiar con la crisis interna de su partido, de su Gobierno, de su pueblo escondidos en zulos o sótanos para no ser víctima de los asesinatos nada selectivos de Israel. No es posible, Hamás lo sabe y de ahí su reciente cambio de actitud. Hace menos de una semana, tras la muerte de ocho civiles en una playa de Gaza, los fundamentalistas palestinos anunciaron la ruptura que mantenían con Israel desde hacía 16 meses. Nadie pensó entonces que enviarían a sus terroristas suicidas al otro lado del muro, casi todos se fijaron en cambio en los Qassam Y así fue, horas después de aquel comunicado del brazo armado de Hamás, comenzaban a volar los cohetes hacia Sderot. Un centenar en poco más de tres días. La respuesta de Israel no se hizo esperar: además de insistir con sus asesinatos nada selectivos (nueve civiles muertos frente a dos miembros del Yihad Islámico el pasado martes) Tel Aviv puso en su punto de mira a los dirigentes de Hamás, con su primer ministro, Ismail Haniyeh, a la cabeza. Todos ellos serían objetivos a eliminar si no dejaban de lanzar de inmediato los Qassam Dicho y hecho. Hamás no ha disparado un solo cohete desde entonces. Sí lo hizo ayer el Yihad Islámico, otros tres sobre Sderot, que provocaron tres heridos. Más aún, Hamás ofreció ayer a través de Ghazi Hamad, portavoz de su Gobierno, volver a la tregua quebrada esta semana siempre y cuando Israel aparque sus operaciones militares y sus ataques sobre Cisjordania y Gaza. Palestinos de la nueva milicia de Al Fatah en pleno entrenamiento ayer en el campo de refugiados de Jenin AP Una veintena de muertos de Hamás y Al Fatah; tres asaltos al Parlamento; uno a la televisión; ataques y atentados contra los jefes de la Seguridad Preventiva y de la Inteligencia; tiroteos entre sus Policías; secuestros entre los unos y los otros... Si esto no es una guerra civil palestina, se le parece mucho TEXTO: JUAN CIERCO. CORRESPONSAL La advertencia de la UE No es éste el único frente para el Movimiento de Resistencia Islámica. Los observadores de la Unión Europea desplegados en la terminal de Rafah han lanzado una amenaza velada de evacuar sus posiciones si los ministros y otros dirigentes de Hamás que cruzan el paso siguen sin declarar el dinero que traen de sus viajes al extranjero. El miércoles, el ministro de Exteriores, Mahmud al- Zahar, quiso meter 20 millones de dólares. Ayer lo intentó el de Información, Yusuf Rizka, cargado con 2 millones de dólares. Las reglas señalan que todo aquel que entra en Gaza con más de dos mil dólares debe declarar la cantidad, su origen y su destino. Hamás no lo hace. A la UE no le gusta. JAN YUNIS (GAZA) No tiene los elementos de una guerra civil: diferencias religiosas, sectarias, ni siquiera nacionalistas. Los clanes son mucho más fuertes y están muchos más unidos que los partidos políticos. Las familias no permitirían el combate entre hijos de Hamás contra hijos de Al Fatah. Y tienen además un enemigo común, Israel. Todo eso es verdad. Como también lo es que los enfrentamientos, cada día más graves, en las calles de Gaza y de Cisjordania son entre grupos armados, fieles a uno u otro partido, y no han alcanzado el carácter popular del todo contra todos que caracteriza las guerras civiles. Pero si uno hace recuento desde aquí, Jan Yunis, el punto más caliente del conflicto interno palestino, de lo sucedido en las últimas semanas en distintos lugares de esa Palestina que no existe más que para la FIFA pero que sufre cada día, llega a la conclusión de que si esto no es una guerra civil, que todavía no lo es, se le parece mucho. No hace falta volver la vista demasiado atrás, ni mirar demasiado lejos. Basta con girar la primera calle a la izquierda, seguir recto doscientos metros y torcer a la derecha frente al colmado de la esquina para llegar hasta la casa quemada del jefe de la Seguridad Preventiva en Jan Yunis, Rifat Kullab, tiroteado el miércoles junto a su oficina. Tuvo la suerte de sobrevivir al ataque perpetrado por Hamás, de ahí que, ni corto ni perezosos, un centenar de milicianos armados fundamentalistas asaltaran su vivienda, la rociaran de gasolina y la prendieran fuego con parte de la familia en su interior, que tuvo que salir sin sus pertenencias por la puerta de atrás. No nos dejaron llevar nada, nos robaron el dinero y el oro. Son peores que los israelíes, que cuando vienen a demoler nuestras casas nos dan antes un par de horas para rescatar nuestros enseres más queridos y necesarios dice con un ventilador quemado en una mano, Rima, la hermana de Rifat. Una lucha fratricida Es un ejemplo del clima que se respira por estos lares, pero no hace sino sumarse a los incidentes acaecidos sin solución de continuidad en las últimas semanas. Así, a bote pronto, la lista comienza a ser ya larga: peleas a tiro limpio en las universidades de Gaza; asaltos por la fuerza de las sedes parlamentarias de la Franja y de Ramala; quema de la oficina del primer ministro pales- tino en la capital administrativa de Cisjordania; decenas de heridos de bala atendidos en los hospitales; atentados contra distintos jefes de la Seguridad Preventiva y de la Inteligencia en sus cuarteles generales, con Rashid Abu Shabak, a la cabeza; secuestros entre los unos y los otros; despliegue provocador de los 3.000 hombres de negro de la Policía ilegal de Hamás; asalto a la sede de la televisión palestina en el sur de Gaza; almacenamiento de armas y municiones en las cocinas de las principales facciones, y una guinda mucho más que indigesta para colocar en lo alto de este pastel tan empalagoso como suelen serlo los dulces árabes: 18 muertos contados y enterrados, con la consiguiente sed de venganza de sus compañeros de filas y de sus familiares y miembros de sus respectivos clanes. Lo dicho: no tiene los elementos de una guerra civil porque no se dan diferencias religiosas, sectarias, ni siquiera nacionalistas. Porque los clanes son mucho más fuertes y están muchos más unidos que los partidos políticos. Porque las familias no permitirían el combate entre hijos de Hamás contra hijos de Al Fatah. Porque tienen además un enemigo común, Israel. Pero si no lo es, todavía, se le parece mucho.