Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
4 Opinión VIERNES 16 6 2006 ABC PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de área: Jaime González (Opinión) Mayte Alcaraz (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado, M. Erice (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) J. López Jaraba (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: José Luis Romero Adjunto al Consejero Delegado: Emilio Ybarra Aznar Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Francisco García Mendívil EUROPA, SIN PENA NI GLORIA A ha pasado un año desde que los electores de Francia y Holanda decidieron que no querían ratificar el Tratado Constitucional sometido a referéndum, pero la Unión Europea no ha sido capaz de encontrar todavía una solución alternativa para salir de una situación que le lleva al colapso. Europa había pasado antes por distintos tipos de crisis, pero nunca se había encontrado en un bloqueo tan evidente que amenaza con arruinar todo un proceso que empezó hace casi seis años. Después de constar que sin resolver los problemas institucionales la UE no puede ni cumplir con su calendario de ampliaciones ni frenarlo, la única decisión clara que parece que se puede tomar en esta cumbre será la de fijar un periodo máximo de reflexión que terminaría en 2008. Antes de dos años, en efecto, es necesario adoptar una decisión clara porque, por más positivo que se pueda considerar al proyecto constitucional, no es posible perder más tiempo dando alas a su desprestigio. Como ha venido sucediendo desde que ocupó la cancillería el año pasado, Angela Merkel es la única dirigente continental que viene a Bruselas con ideas claras y determinación para ponerlas sobre la mesa. Aunque todo pasa por las elecciones presidenciales francesas del año que viene- -puesto que nadie considera que con Jacques Chirac en El Eliseo se pueda replantear en ningún caso el voto de los franceses- Europa ha decidido ponerse en manos de la presidencia alemana, que abarcará el primer semestre del próximo año, para buscar y aplicar las posibles salidas a una situación de la que depende el futuro de la UE. Otra de las cuestiones vitales que se ha abordado en esta cumbre anodina, en las antípodas del debate institucional pero igualmente estratégica, es la de la inmigración ilegal. Esta es la tercera vez que España pide que se trate en profundidad, y también será la tercera vez que la Unión Europea responde con buenas palabras, pero con pocas acciones concretas. Lo que la Comisión le prometió a la vicepresidenta Fernández de la Vega no es más que una colección de medidas simbólicas que, de paso, le viene bien al Ejecutivo comunitario, porque le ayuda a mejorar su imagen frente a una opinión pública europea dominada en estos tiempos por el escepticismo. Lo único cierto es que la pretensión del Gobierno español de hacer de ésta una política comunitaria, como parecería razonable, está bastante lejos de obtener el consenso de los Veinticinco, y mientras no se den pasos claros en esta dirección, José Luis Rodríguez Zapatero tiene que seguir trabajando para convencer a sus colegas de que han de pasar de las palabras a los hechos. Si el Gobierno socialista no se hubiera fraguado un prestigio de insolidaridad con sus medidas unilaterales de regularización de inmigrantes, tal vez ahora tendría más argumentos para pedir que la Unión se haga cargo de un problema que afecta a todos. Y EL FINAL DE UNA CAMPAÑA DEMASIADO INQUIETANTE E N contra de lo que vulgarmente se dice de los hechos luctuosos, la campaña del referéndum catalán, que hoy finaliza, ha sido para no olvidar. Y no se debe olvidar porque ha puesto al descubierto los síntomas inquietantes de una clase dirigente dominada más por su aversión al Partido Popular que por compartir argumentos en defensa del nuevo Estatuto. Al final, el guión del Pacto del Tinell se ha ejecutado fielmente y el deseo de marginar a los populares de la convivencia política en Cataluña se ha instalado como eje de los discursos de nacionalistas y socialistas, con la adhesión incluso de Convergencia i Unió, el nacionalismo que se dice moderado. El voto favorable al Estatuto se ha puesto en valor como banderín de enganche contra el PP, obviándose cualquier labor de explicación y convicción democrática de lo que va a ser la norma institucional de la autonomía catalana. La campaña de eslóganes que enfrentaban a los populares con Cataluña y, sobre todo, la sucesión de intervenciones públicas de socialistas y nacionalistas que han justificado la violencia contra los líderes populares dibujan un cuadro de situación alarmante para el futuro de Cataluña, que dice muy poco a favor, y mucho en contra, de la disposición con la que estos mismos partidos, tan comprensivos con la violencia sectaria, asumirán la aplicación de un Estatuto que va más allá de la regulación de la autonomía para convertirse en una norma de corte constitucional que configura un modelo de sociedad a la medida del nacionalismo y de la izquierda más alcanforada. No es consuelo alguno que los autores de los actos de violencia contra el Partido Popular hayan sido grupos no muy numerosos. Las cuadrillas de matones nunca lo son, y tampoco representaría más problema que el policial si su hostilidad antidemocrática no hubiera encontrado eco en la clase política catalana. Por eso no han hecho más daño los que han insultado, escupido o lanzado huevos a Mariano Rajoy, sino los que, teniendo responsabilidades institucionales y obligados a pedir serenidad y respeto, han acabado culpando a la víctima, al PP, extrapolando a Cataluña una versión del algo habrá hecho con el que tantas víctimas en el País Vasco han sido despachadas por el nacionalismo como responsables de su propia desgracia. Queriendo sacar al PP de la vida política catalana, lo que ha hecho terrible la sinceridad de nacionalistas y socialistas ante la violencia contra los populares ha sido dar carta de naturaleza a las advertencias sobre la deriva frentista por la que discurre la convivencia en esta comunidad. Queriendo esconder el Estatuto tras un plebiscito contra los populares- -quizá porque el Estatuto es sólo para los nacionalistas una mera estación de paso hacia el texto que se aprobó el 30 de septiembre de 2005- aquéllos han logrado un efecto contraproducente al desvelar su predisposición a la limpieza ideológica de Cataluña, haciendo temible cualquier prospección sobre el uso que podrán hacer de las amplias potestades que el Estatuto otorga a la Generalitat en materias como educación, cultura, justicia o bilingüismo. La campaña por el referéndum se cierra así sin debate sobre el Estatuto, pero con muchas dudas sobre el futuro de Cataluña, tantas que no sorprende que, en el acto más importante del PP, los asistentes corearan gritos por la libertad. No se ha discutido, es cierto, sobre los efectos del nuevo orden estatutario, pero sí se han visto los modos totalitarios que la clase dirigente catalana está dispuesta a emplear para asegurar la hegemonía del régimen que ha sido capaz de absorber sin mayor problema el escándalo del barrio del Carmelo, la denuncia pública del 3 por ciento y la presunta extorsión de ERC a altos funcionarios de la Generalitat. Bipartito, ERC y CiU propenden a la amnesia cuando intuyen que algo puede desdibujar la imagen de la nación catalana declarada ya en el preámbulo del Estatuto. En esta campaña se ha resumido buena parte de la doctrina ideológica de la legislatura, centrada en la partición de la sociedad y en la erradicación política del PP. Las condenas a la violencia en Cataluña- -algunas sinceras, otras oportunistas- -hechas desde el PSOE no ponen suficiente tierra por medio entre la acción estratégica del Gobierno y la crispación ciudadana que se hace patente día tras día. Por eso hay razones para inquietarse por el futuro, a la vista de lo que ha sucedido en Cataluña. FAMILIAS CADA VEZ MÁS ENDEUDADAS A deuda que soportan las familias españolas no deja de crecer y alcanza ya cotas sin precedentes, superior al monto total de la renta nacional. Aunque no son magnitudes equiparables, permiten una referencia que empieza a salir mal parada en comparación con otros países prósperos y de buena trayectoria. Esa deuda está materializada, fundamentalmente, en activos inmobiliarios que hoy tienen un valor superior a las hipotecas comprometidas, pero que sometidos al rigor de depreciaciones en etapas de crisis, de estancamiento o de recesión, puede inducir una crisis financiera. El factor crítico inmediato de tanto endeudamiento radica en la evolución de los tipos de interés. Ha sido alcalor de un precio irrelevantedel crédito, tipos reales negativos, al que se ha engendrado tanto endeudamiento. También al aliciente de un sistema financiero e hipotecario muy eficaz y flexible, que se ha adaptado a las necesidades de los ciudadanos hasta el límite en plazos y condiciones. El gobernador del Banco de España, en su último informe L anual, advierte, una vez más, de los riesgos de este endeudamiento y señala que una política monetaria menos expansiva que la aplicada hasta ahora por el Banco Central Europeo pudiera resultar insoportable para algunos deudores y crear problemas en el sistema financiero. De la misma manera que unos tipos de interés bajos producen un círculo virtuoso en el sistema financiero y en el conjunto de la economía, lo contrario puede desencadenar problemas que afectan a la estabilidad del sistema y abonar un período de recesión. Tanto las familias como las entidades financieras deben atender las advertencias del gobernador y subir el listón de las exigencias a la hora de asumir riesgos crediticios. No olvidar que la garantía fundamental de una deuda radica en la capacidad de pago, tanto o más que en el presunto valor del activo soportado. En menos de un año, el coste de las hipotecas se ha elevado un punto de media (del 3 a algo más del 4 por ciento) una subida muy apreciable que puede seguir su escalada en el inmediato futuro.