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116 JUEVES 15 6 2006 ABC Gente Una catedral para la más grande Los madrileños se volcaron de nuevo con Rocío Jurado y su familia, arropando con su presencia el doloroso recuerdo de su ausencia. TEXTO: BEATRIZ CORTÁZAR FOTOS: DANIEL G. LÓPEZ El popular actor Jerry Lewis sufrió un leve infarto en el vuelo que le llevaba de Nueva York a San Diego. Tras aterrizar en California, el actor, de ochenta años, fue conducido a un hospital, donde los médicos le diagnoticaron el infarto y una leve infección pulmonar, afecciones de las que se recupera favorablemente. mo quería la familia y como le hubiera gustado a Rocío, ayer se celebró el funeral por su alma en la catedral de La Almudena, el mayor templo de Madrid, que de manera extraordinaria abrió sus puertas para que los madrileños, amigos y familiares de la más grande pudieran rendirle su homenaje. El Deán de la catedral, Antonio Astillero Bastante, ofició la ceremonia que tuvo en los primeros bancos a una familia desecha por el dolor pero dispuesta a mantener vivo su recuerdo que para algo era única e irrepetible según comentaba ayer su cuñada Rosa Benito. El de Madrid fue el primer funeral, pero no el único. Mañana, José Ortega Cano y sus dos hijos, José Fernando y Gloria Camila, viajan a Miami para asistir al funeral que se hará el próximo día 17 en la iglesia de San Patricio. El torero permanecerá en Miami una semana, en el apartamento que, en los dos últimos años, ha sido el refugio donde la cantante recuperaba fuerzas tras las sesiones de radioterapia en la Anderson. Luego vendrá otro en Cartagena, el día 30 en la catedral de Sevilla, después en Chipiona... Cada viaje, cada paso, cada casa es una fuente de recuerdos para el viudo. De luto riguroso, Ortega lleva como puede estas primeras semanas sin Rocío. Hace pocos días volvió a Chipiona con los niños para que pudieran rezar ante la tumba de su madre. De allí se marchó a la finca de la Hierbabuena En su capilla se casó con Rocío, en su salón Co celebraron las Navidades, en esos campos sus hijos han disfrutado de una vida llena de amor y cargada de promesas. Una vez más el pueblo de Madrid arropó a los familiares. Horas antes España celebraba el primer triunfo en el Mundial, pero a las ocho en punto en La Almudena se rezaba por Rocío. Cuentan sus cercanos que su ausencia crece según pasan los días, que su hermano Amador finalmente ha caído rendido ante tanta pena; que su hija Rociíto se refugia más que nunca en Fidel y en sus dos hijos, a los que no tenía a su lado desde el pasado enero; que su fiel Juan de la Rosa está abatido y se encierra en su casa de Chipiona para llorar en silencio y encajar esa pérdida, que su hermana Gloria la recuerda constantemente... Dicen muchas cosas, y hasta algunos auguran malos tiempos a esta familia. Por hablar se pone fecha de apertura del testamento- -el día 20 ha salido en algún medio- cuando lo cierto es que eso aún no lo sabe ni la familia. Para empezar, porque ese día Ortega Cano está en Miami y lógicamente hasta que no regrese no se abrirá el documento de últimas voluntades que la propia Rocío firmó ante notario un mes después de que le operase el doctor Emilio de Vicente. Consciente de la gravedad de su enfermedad, Rocío quiso dejar las cosas bien arregladas. Nadie espera sorpresas como tampoco nadie de la familia espera nada. Rocío nos ha dado mucho en vida me comenta- José Ortega Cano llegó al templo del brazo de Rocío Carrasco, junto a su inseparable Fidel Albiac ba su cuñada. Con la catedral abarrotada y las puertas llenas de reporteros, el revuelo mediático que siempre rodeó a la Jurado se palpó de nuevo. Tampoco faltaron los cercanos. Toreros como Jaime Ostos, Julio Aparicio o Palomo Linares, amigos como Natalia Figueroa con su hija, Remedios Cervantes, Terelu, María José Cantudo, Sara Montiel, Cuqui Fierro, José Luis Ruiz, Carlos Arturo Zapata, Marcos García Montes con Isabel, Pastora Vega, Tico Medina que prepara biografía de Ortega Cano, Antonio Carrasco y su mujer, Raúl Sender... Más contenidos y más descansados los familiares se fueron como llegaron: en silencio, con su dolor y agradeciendo el cariño de la gente. Pepe Rubio, María Rosa y Marilí Coll