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ABC JUEVES 15 6 2006 105 MUNDIAL 2006 LA SELECCIÓN LA MEJOR ESPAÑA E spaña ha ganado con claridad. Ha jugado con mucha posesión de balón y verticalidad, además de definir y crear múltiples ocasiones. Ha logrado los tres primeros goles en jugadas de estrategia- -córner, falta directa y penalti- -y el cuarto, con un alarde físico de Puyol y una buena combinación entre éste y Fernando Torres. Este fútbol se genera con un sistema que parte del 1- 4- 3- 3 y se modifiJAVIER ca en las acciones IRURETA ofensivas por la movilidad de los tres hombres de arriba y da libertad para, por momentos, estar en un 1- 4- 3- 1- 2, con Luis García detrás de los dos puntas. También es importante que los delanteros no tengan que recuperar su posición, pues el dibujo les permite aparecer en diferentes lugares. Además, Luis García arrastra con sus diagonales a la zaga rival, lo que permite que los laterales puedan profundizar hasta el área contraria. Un sistema que se adecúa a las cualidades de los jugadores. Luis ha acertado en el equipo inicial y en los cambios. La afición no falló a la selección en este Mundial: por millares, los españoles llenan las calles alemanas AFP Cañizares, distante, no festejó los goles J. Á. LEIPZIG. La presencia de las vacas sagradas en el banquillo suscitó el interés por conocer cómo celebrarían los goles. No fue necesario esperar mucho para comprobar el nivel de compromiso. En el minuto doce, Xabi Alonso mandó el balón al fondo de la red. Lo celebró todo el banquillo. Como si se tratase del efecto dominó, los internacionales se fueron incorporando de sus asientos para festejar el acierto. El último fue Cañizares. La televisión reveló su desgana o apatía. Impropia de la celebración de un gol tan importante cuando tiene sobre sus espaldas varias batallas perdidas y sabe qué supone poner la primera piedra en un Mundial. La escena puso en alerta a todo el mundo. ¿Por qué lo celebró tan frío? ¿Paranoia de la prensa o un gesto maleducado? No fue necesario esperar para fijarse en una escena similar. En el primer tanto de Villa ni se levantó. Se mantuvo impertérrito y sólo aplaudió el tanto de su compañero de club. Ver para creer. Cañizares, decían ayer, no está a la altura de las circunstancias y la bronca del otro día con Luis no fue gratuita. La roja estuvo más arropada que nunca Unos seis mil aficionados de todos los puntos del país se dieron cita en Leipzig bajo un solo grito: ¡A por ellos, oé! J. ÁVILA LEIPZIG. España no estuvo sola en Leipzig. Al contrario. Los aficionados españoles se desplazaron en masa e inundaron las terrazas y las calles de la ciudad con sus pinturas de guerra: rojo y amarillo. Y lo que es más significativo: con el vaquero y su camiseta de España. Con su Raúl, Torres, Joaquín o Íker del alma en la espalda. Es curioso. Cuando el país atraviesa por una etapa convulsa por las tensiones territoriales, más afición viaje con la selección al grito del ¡a por ellos, oé! y embutidos en la roja como dice Luis. Más de seis mil aficionados de todos los puntos de país, de Navalvillar de Ibor (Cáceres) de Huelva, de Gandía (Valencia) de Las Palmas, de Sevilla, de Barcelona, de San Sebastián... Hasta los Príncipes de Asturias no quisieron perderse uno de los mejores escenarios para fomentar el patriotismo. El ánimo y el color de los hinchas fue el otro espectáculo del día, tan emocionante como el que ofrecieron los jugadores sobre el césped. Un apoyo tan numeroso sorprendió a los propios protagonistas. La marea roja ya inundó Portugal con motivo de la Eurocopa cuando nadie esperaba ese caudal de aficionados. España siempre ha sido una selección sin se- guidores. Es la idiosincrasia del fútbol español. Lo seguidores lo son de sus clubes, pero pocos del equipo nacional. Salvo Manolo el del bombo Por entonces se pensó que la cercanía con el vecino país originó las oleadas de camisetas rojas. No esperaban el mismo caudal en Alemania porque los precedentes no eran nada alentadores. En Corea 2002, la colonia española era inexistente y los únicos gritos de aliento salieron de las gargantas de los familiares y amigos de los españoles. Dos años más atrás, en la Eurocopa de Bélgica y Holanda, España se sintió sola. Las aficiones rivales dominaron la grada y en el espacio reservado para los españoles sólo había ejecutivos con pantalón de pinzas y polo de marca y algún emigrante despistado. Colón (Madrid) fue una fiesta bajo el sol abrasador de la tarde FRANCISCO SECO