Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC JUEVES 15 6 2006 103 MUNDIAL 2006 LA SELECCIÓN La revancha de Fernando Torres Su gol, el más espectacular, culminó un partido enorme en el que brilló su potencia y capacidad para desbordar J. CARLOS CARABIAS Su aureola se había congelado hasta nueva orden como estrella de uso doméstico. A fin de cuentas, Fernando Torres (Madrid, 22 años) sólo ha dirimido litigios locales, cuitas de andar por casa con el Atlético: el ascenso a Primera, la construcción de un equipo en torno a él, la persecución estéril de un torneo en Europa. Torres habrá recibido cientos de millones de ofertas de clubes en Europa, pero es un perfecto desconocido para el gran público europeo y no digamos para el transoceánico. Para él, más que para muchos otros seleccionados de Luis, el Mundial tenía un aire de reivindicación. Ayer, el 9 atlético se quitó de encima unos cuantos malos sueños. Luis Aragonés, con el que ha mantenido una cadena de mensajes de amor- odio, es sin embargo poco dudoso respecto a su potencial. Es el único futbolista al que ha convocado siempre en sus 24 citas. Torres ingresó en el estadio de Leipzig con la misma sensación de siempre: una polvareda a su paso. Tocó el primer el balón y echó a correr, potencia en estampida, como búfalos buscando una escapatoria en la pradera. Se benefició claramente de la limpieza de Xavi en el trato del balón. Gracias al esmero del barcelonista, a la fluidez de su fútbol- -trazos que no encuentra de continuo en el Atlético- Torres se encontró cómodo penetrando por la izquierda, haciendo de boya y revolviéndose, tocando y asociándose con Villa, Luis García y Xabi Alonso. Torres alteró la estabilidad de la defensa ucraniana. Generó más peligro que nadie, enganchado a su potencia, a su facilidad para desbordar. Tres veces ingresó por la izquierda y siempre significó algo. Saques de esquina, faltas o inquietud para el rival. El símbolo del Calderón retrató uno de sus fantasmas en el gol que decantó definitivamente el partido. Fue el 3- 0. Una vertiginosa carrera diagonal que invocaba un sencillo duelo frontal con el portero. Torres se atarugó, vio pequeña la portería para sentenciar con claridad y tiró medio caído, presa de su velocidad sin control. Por allí le agarró una mano antes de entrar al área y luego cayó en el torbellino. No era penalti, pero el árbitro lo pitó. Ya se iba el partido sin el gol de Torres, sin la llamada del 9 Y, como tantas veces en el Manzanares, fue a atinar con lo más difícil. La ruleta zida- NADIE COMO ESPAÑA onozco bien a Ucrania por haber entrenado allí y no pensaba que España la iba a poder doblegar tan fácilmente. Es un equipo fuerte y lleva tan sólo tres meses de campeonato, por lo que sus jugadores están más frescos. Los dos primeros goles les han hecho mucho daño y, al mismo tiempo, le BERND SCHUSTER han dado a España una confianza que le ha permitido jugar como lo ha hecho. Me ha gustado del equipo de Luis su insistencia en tener el balón y jugarlo. Xavi ha sido clave en este sentido. Su recuperación es total. No esperaba que pudiera estar tan bien físicamente, pero tiene ritmo de juego y con el balón es un maestro. Xabi Alonso se alía bien con él. Es un buen tándem. Vistos todos los equipos al menos una vez, España puede haber sido la que más ha C nesca de Puyol, la pared con Cesc, el toque sutil de nuevo del capitán barcelonista y la volea en tromba, rompedora, apabullante del delantero español. Un gol para redimir su estética de 9 con dificultad para el gol. Aliviado, lo celebró sereno, abrazado a Puyol. aportado, pero hay que valorar que otras selecciones han estado demasiado obsesionadas con no perder el primer partido y a lo mejor no han demostrado todo su potencial. De todas formas, Alemania, Italia y Holanda dejan ver que están fuertes. También los checos. Brasil no me decepcionó tanto porque yo tengo un buen concepto de la selección croata. Me parece un equipo fuerte, con buena técnica y un gran espíritu competidor. A lo peor, Brasil no desplegó sus encantos porque los croatas no le dejaron. Raúl, el secundario J. Á. LEIPZIG. Raúl sufrió ayer como un perro. Se confirmó la suplencia aireada en los entrenamientos y tuvo que pasar por el incómodo trance de probar la dureza del banquillo cuando se encuentra en perfectas condiciones físicas. El capitán tuvo que ceder el brazalete a Íker Casillas y esperar la llamada del patrón por si hacía falta echar una mano. Conocedor de su papel de actor secundario, no se dejó ver en la parafernalia que rodea a los equipos. Bajó del autobús de los últimos con la misma botella amarilla que el resto de compañeros para evitar la deshidratación. No salió al campo para comprobar el césped. Se mantuvo en las entrañas, oculto, cumpliendo con otros menesteres. Tampoco apareció en el calentamiento, donde los suplentes acostumbran a hacer un rondo para matar el tiempo. Raúl, Salgado y Albelda, una buena representación de los gallos optaron por el vestuario para poner el músculo a tono. Su perfil se hizo visible cuando los titulares se encontraban en el vomitorio del campo. Peto naranja, rostro serio y mirada cómplice. La imagen fue captada por el circuito interno de televisión. En el banquillo fue el jugador número doce. Conoce bien las pautas en una fila plagada de rostros inquietos y algo decepcionados. Celebró a lo grande el tanto de Xabi Alonso. Saltó como un resorte y llegó hasta el borde del campo porque no tenía permiso para más. Con el partido franco le tocó jugar. Poco le importó la renta. La batalla colectiva estaba prácticamente ganada y tenía margen suficiente para pelear por la suya particular. Y lo puso todo, como siempre. Entró mucho en juego, pero se peleó con el gol.