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62 Sociedad JUEVES 15 6 2006 ABC Comunicación La compañía Hearst se deja notar en el corazón de Nueva York con un espectacular rascacielos, símbolo de un grupo multimedia estrechamente controlado y con una envidiable cuenta de resultados El nuevo castillo de Hearst en Manhattan TEXTO: PEDRO RODRÍGUEZ. CORRESPONSAL WASHINGTON. Dentro de la geografía que acompaña a la historia de los medios de comunicación de Estados Unidos, un punto casi tan inevitable como impresionante es el castillo de San Simeón, la espectacular mansión de 128 habitaciones construida por William Randolph Hearst en mitad de la costa de California. Pero lo que el mordiente Orson Wells bautizó como Xanadú no fue el único sueño arquitectónico del legendario magnate que, pese a su notoria falta de ética periodística, supo construir el que pasa por ser uno de los pioneros grupos multimedia en la industria de la comunicación de masas. Medio siglo después de la muerte del verdadero Ciudadano Kane la corporación que lleva su nombre ha hecho realidad el sueño de su legendario jefe: un rascacielos en el centro de Nueva York. Una formidable torre de 46 pisos diseñada por Norman Foster en forma de una apoteosis de líneas diagonales que parece un gigantesco cúmulo de diamantes en la esquina de la Octava Avenida y la calle 57. Un prodigio de arquitectura que también está inspirando múltiples análisis y repasos sobre la filosofía, inversiones, beneficios y evolución de una corporación iniciada en 1887 cuando un veinteañero William Randolph Hearst asumió el control del San Francisco Examiner marca, la compañía ha logrado incrementar sus beneficios a lo largo de 13 de los últimos 14 años. Con una subida del 10 por ciento el año pasado, embolsándose 850 millones de dólares con una actividad económica de 7.000 millones de dólares. El negocio de la televisión de pago Por comparación, a la muerte del fundador en 1951, los beneficios fueron tan sólo de 2,6 millones de dólares, unos veinte millones actuales. Pese a sus rentables revistas, periódicos y estaciones de televisión en abierto, el grupo Hearst reconoce que ahora casi la mitad de su dinero proviene de inversiones en canales de televisión de pago junto a la compañía Walt Disney, con aciertos como la oferta de contenidos deportivos agrupada bajo la marca ESPN. De hecho, la empresa no ha tenido problemas durante su reciente historia en forjar alianzas esporádicas con grandes rivales como Dow Jones o Condé Nast. Toda esta recompensada gestión ha convertido en respetable el nombre de Hearst incluso para sus competidores. Y una distinción especialmente lucrativa para sus principales beneficiarios: los sesenta descendientes del patriarca Hearst. El rascacielos diseñado por Norman Foster alza 46 pisos en el centro de Nueva York Quinientos millones al contado Quizá uno de los indicios más reveladores y envidiables de la boyante situación de la Corporación Hearst es que el capricho de su nueva sede en Manhattan haya sido pagado, según apuntaba el New York Times con dinero contante y sonante: quinientos millones de dólares. Sin ser susceptible a las exigentes presiones de Wall Street al no cotizar en Bolsa, la empresa que ahora preside y dirige Victor F. Ganzi ha sido capaz de construir silenciosamente una máquina de hacer dinero que abarca desde múltiples periódicos a toda clase de revistas pasando por televisión por cable. Pero también otras actividades no limitadas a los medios de comunicación de masas. De acuerdo a la limitada información disponible de la Corporación Hearst, el 85 por ciento de los beneficios de la empresa con una plantilla de 20.000 empleados proviene de negocios construidos, iniciados o adquiridos en los últimos treinta años. A través de su política de compras, lanzamientos de nuevas publicaciones y extensiones de Terminar lo empezado La Torre Hearst está simbólicamente basada sobre el caserón art decó construido en 1928 por el magnate de la Prensa en mitad de Manhattan. De hecho, la estructura original diseñada para soportar más de sus seis pisos iniciales formaba parte de las ambiciones de Hearst para construir un gigantesco complejo para sus empresas periodísticas, durante los tiempos en que publicaba tres diarios en la Gran Manzana. El soberbio rascacielos de Foster, con 46 plantas y un diseño con sensibilidad ecológica, acogerá a 2.000 empleados, sobre todo directivos y las redacciones de revistas como Cosmopolitan Según insiste el presidente y responsable ejecutivo de la compañía, Victor Ganzi, me gusta pensar que hemos construido unas oficinas del siglo XXI para una empresa del siglo XXI El castillo de San Simeón, en California, que Orson Welles bautizó como Xanadú