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ABC JUEVES 15 6 2006 25 Bush ofrece a Irak su propio Gabinete para ayudar a las autoridades a pacificar y reformar el país La coalición en Afganistán acosa con 11.000 hombres a los talibanes y los señores de la guerra Hakmat al- Mugrabi limpiaba la cara de su hijo y la de su nieto para que murieran aseados, pero el líquido rojo no dejaba de manar. Minutos antes, un misil israelí había estallado en la puerta de su casa Las manos teñidas de sangre de la abuela palestina TEXTO Y FOTO J. CIERCO REUTERS sito y entrar con las manos vacías. Con este telón de fondo no hay lugar, en efecto, para el optimismo. Aun así, algunos lo intentan una y otra vez en busca de la poción mágica que obre el milagro. La última oferta, aceptada ya por Abbas y discutida en el seno de Hamás, ha llegado de El Cairo. Egipto ha propuesto a las partes enfrentadas la formación de un Gobierno mixto integrado por expertos y tecnócratas, sin filiación política, presidido por el empresario millonario de Nablus Munib al- Masri, que haría una declaración pública a favor del reconocimiento de Israel y se sentaría a negociar con Tel Aviv. Eso sí, cada acuerdo de importancia que se pudiera adoptar sería llevado a referéndum, para que el pueblo palestino se pronunciara al respecto. A esperar y ver... y mientras, a contar muertos y heridos. GAZA. La fachada de esta casa, pobre, vieja, está agujereada. Parece un colador por culpa de los dos misiles que cayeron en la mañana del martes ante la puerta, hoy inexistente. A sólo unos metros, se ha levantado una tienda en la que los vecinos acuden a dar el pésame a la familia Al- Mugrabi. El drama preside todos los apretones de manos, los abrazos, los besos en la mejilla. Luego el silencio, roto por el rezo del imán llegado hasta aquí hace unos minutos. La tragedia, sin embargo, se masca más dentro de la casa que fuera. En la habitación del fondo, una decena de mujeres, enlutadas de los pies a la cabeza, rodeadas de niños de todas las edades, lloran y no paran, rezan, se descomponen rotas por el dolor. Es un cuadro más propio de las Bodas de sangre de García Lorca, sin enlaces, con entierros y mucha sangre derramada, que de cualquier otra cosa, incluido alguno de los sentidos poemas de Mahmud Darwish. Nada más entrar, a la izquierda, entre sentada y tumbada sobre una alfombra que apenas esconde el polvo de un suelo frío y grisáceo, llora la abuela de los dos niños muertos, Maher y Akram; llora la madre de su hijo mayor, Ashraf, padre de Maher y cuñado de Akram. Hakmat, la abuela, la madre, llora desconsolada pero te mira a los ojos. Y te cuenta, recuerda, narra. Les limpiaba la cara, una y otra vez, les limpiaba sus caras para que murieran aseados pero la sangre no dejaba de manar. Tanta sangre, tanta sangre, en sus caras, en sus cuerpos chilla Hakmat entre el dolor de sus hijas, de sus nueras. Sentada a dos metros, los mismos que separaron la vida de la muerte en Las mujeres y los niños de la familia Al- Mugrabi lloraban ayer a sus tres muertos Esperamos varias horas y sólo cuando pagamos 2.000 shekels la ambulancia israelí lo trasladó al hospital esta mísera vivienda del número 64 de la calle Salahadin, con sus dos hijos más pequeños, de 2 y 3 años, sobre sus delgadas piernas, que apenas se adivinan bajo su chador tan negro como sus preciosos ojos, asoma entre su pañuelo negro el rostro quebrado de Mariam, bello, dulce, limpio en medio de la tragedia. No dice una palabra. Atiende a Abdala y a Faruk. Sostiene un pedazo del proyectil israelí que acabó con la vida de su marido, de su hijo, de su hermano. Y no llora. Ni una lágrima. Muchas palabras en cambio saltan de una boca a otra en esta oscura cueva donde la muerte se ha instalado para siempre. Muchas lágrimas caen por las mejillas de las demás modelos de este cuadro que nadie habría pintado mejor que El Greco. Y de fondo, Mohamed, que es, con sus 19 meses, el más pequeño de los nietos de Hakmat. Hoy está en un hospital israelí, luchando entre la vida y la muerte, tras resultar herido en el asesinato nada selectivo. Tuvimos que esperar varias horas para que llegara la ambulancia israelí a Erez y lo trasladara al hospital. Sólo cuando pagamos 2.000 shekels (380 euros) recibimos la luz verde se lamenta. Es así, con una mano nos matan y con la otra intentan salvarnos después