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ABC MIÉRCOLES 14 6 2006 Cultura 67 Mi vida con Graham Greene revela la apasionante existencia del escritor Yvonne Cloetta vierte en el libro su relación con el autor de El tercer hombre b Su compañera durante años se duele en el libro, editado por Circe, de que algunos confundieran al escritor con su obra y que otros inventaran historias TRINIDAD DE LEÓN- SOTELO MADRID. Era mediodía y el hombre que iba a morir dijo: ¡Pero es que quiero marcharme Tenía una grave enfermedad de la sangre, que iba tratándose con transfusiones hasta que su cuerpo no aguantó ni una más. Entonces, ya sólo era la muerte. Pronunció las palabras airado y de hecho, empujó, apartándola de su lado, a quien había sido su compañera durante 32 años. Ambos se encontraban en la habitación de un hospital de Vevey (Suiza) A poco de pronunciar la que sería su última frase, el hombre expiró. Era el 3 de abril de 1991. El hombre muerto era el célebre, enigmático y controvertido Graham Greene. La mujer era Yvonne Cloetta, la pequeña bretona que se enorgullecía de haberle dado alegría de vivir. El novelista se enamoró durante una visita a Douala (Camerún) al regresar de una colonia de leprosos en el ex Congo belga, donde como era habitual en él había defendido a los débiles y los oprimidos. Así lo explica Yvonne, en una larga y reveladora entrevista que mantuvo durante dos años con Marie Françoise Allain, hija de Yves Allain, héroe de la Resistencia francesa, y amigo de Graham. El resultado es Mi vida con Graham Greene (Circe) Cloetta no respondió sólo a través de recuerdos, sino de documentos, entre otros su carnet rouge que contaba con textos propios y comentarios del autor de El poder y la gloria El apasionado amor que los unió no estuvo libre de problemas. Ambos estaban casados, aunque el escritor ya se había separado y era muy mujeriego. Pero en la vida se dan cambios: Te quiero para siempre le aseguró a Yvonne. Lo cumplió. El estado civil no acaparaba los conflictos de la pareja, ya que ambos eran católicos. A veces, él se calificaba de católico agnóstico alguien que llegó a soñar, como hombre de izquierdas, con un comunismo humanizado y una Iglesia más abierta a la realidad sión, le admitió que el personaje que más se le parecía era Daintry, de El factor humano Se duele de que algunos, al escribir sobre el autor de El americano impasible lo confundieran con su obra como hizo Norman Sherry o de que se inventaran historias, algo que corrió a cargo de Michael Shelden. Éste, concretamente, lo tachó de homosexual basándose en que tenía como mascota un osito de peluche, que no era sino el regalo del hijo de un íntimo amigo, que lo tenía como tal. Comenta la mujer que amó y fue amada por Greene que para él escribir era una terapia. Contaba que de no haber sido por el intenso maltrato que sufrió en el colegio Berkhamsted por parte de dos compañeros nunca habría escrito. Al principio le guiaba una sed de venganza, si bien aquella situación terrible le valió para experimentar un sentimiento de agitación contra las injusticias fuesen cuales fueran La amistad fue para Greene algo sagrado. Su relación con Kim Philby, a cuyas órdenes trabajó en el Servicio Secreto británico, se mantuvo a pesar de que éste huyera desde Beirut a Moscú. De hecho, se vieron en la URSS en los ochenta y la amistad sólo se resquebrajó años antes, cuando supo que el Gobierno de la Unión Soviética había condenado a trabajos forzados a Yuri Daniel y Andreï Sinyavsky por publicar en Occidente, algo que estaba prohibido. Tenía el don de la compasión manifiesta Yvonne. Firmó la Carta 77, que condenaba la invasión de Checoslovaquia por las tropas del Pacto de Varsovia, actitud que le valió la amistad de Vaclav Havel, que nunca lo olvidó. En 1970 renunció a la Academia de las Artes y las Letras de Estados Unidos, para manifestar su desacuerdo con la guerra de Vietnam y animó a otros escritores. La respuesta de François Mauriac fue: Quiero saber quiénes van a hacerlo Ni que decir tiene que la actitud de Greene reafirma la opinión de Yvonne sobre su compañero: Se interesaba por todo lo que violara la dignidad humana Perseguido por el espionaje El espionaje lo persiguió hasta Vevey, donde se moría. Al hospital llegaban cartas de Inglaterra que le apremiaban para que hablase de Philby o dejase documentos. No lo hizo. Yvonne y el autor de Historia de una cobardía (1929) su primer libro, tenían la idea común de que Philby actuó como agente doble- -se dijo que incluso triple- por convicción y no por dinero. Yvonne sí admite que la huida de Kim a Rusia fue para Greene un maremoto El precio que pagó por no ganar el Nobel fue firmar el prólogo del libro de Philby, My silent war Cloetta comenta que en Antibes se reunía en los cafés con amigos de la antigua empresa En realidad, cree que nunca dejó de trabajar para el Servicio Secreto británico, aunque señala que el secreto de Graham era su pasión por el secreto Niega la misoginia del escritor, porque ¡se alegró de la victoria de Margaret Thatcher, ya que, por fin, ganaba una mujer! No le gustaba hablar del episodio de la ruleta rusa, pero, la única ocasión en que pareció divertirle fue en 1983, en La Habana, cuando charlando con Fidel Castro y García Márquez, éste sacó el tema a colación y el aludido manifestó que era cierto, si bien nunca pensó que funcionara y se trató de un hecho aislado. Esto, rememora su mujer, habla de los auténticos tormentos que padeció por ser vulnerable, apasionado e irascible. No obstante, dado que pensaba que la jubilación era la muerte para un escritor, entendió la decisión de Hemingway cuando se quitó la vida. Cuando Cloetta habla de los últimos días del autor de Don Quijote cuyo tema era la duda y sus virtudes, confiesa que llevó la enfermedad con enorme serenidad. Sólo lloró cuando le dijo a la mujer de su vida: Te quiero, tú sabes cuánto te quiero. No tengo miedo a morir, sólo a separarme de ti Tuvo una certeza: Por fin sabré lo que hay al otro lado Yvonne murió en 2001. Nunca se repuso de la pérdida del hombre cuya obra siempre tuvo un impulso moral Graham Greene ABC Historias inventadas El caso es que Greene le daba gracias a Dios por el amor al fin hallado e Yvonne pensaba que se trataba de un regalo de Dios, puesto que encontró a un ser que la dotó de alma. En cierta ocasión, Graham le pidió a Yvonne que si alguna vez hablaba de él lo hiciera sin ambages. No duda por eso en hablar de política, espionaje, miedos, religión, hipersensibilidad, depresiones, personalidad misteriosa y ciclotímica. Evoca- no fui su musa ni el reposo del guerrero -que cuando le hablaba de sus personajes y su inteligencia respondía: No salen de ahí, sino de mis entrañas En cierta oca- Te quiero, tú sabes cuánto te quiero. No tengo miedo a morir, sólo a separarme de ti le dijo Greene a Cloetta