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30 Internacional MIÉRCOLES 14 6 2006 ABC Peretz exculpa a su Ejército de la muerte de ocho palestinos en una playa de la Franja b Israel cree que la explosión pu- do haber sido provocada por una mina colocada bajo la arena y no por uno de los proyectiles disparados por su artillería J. CIERCO GAZA. La investigación del Ejército hebreo sobre el dramático suceso de la tarde del viernes en una playa de Gaza exculparía a Israel de la muerte de los ocho civiles palestinos, entre ellos siete miembros de una misma familia. Así lo sentenciaron ayer ante los medios de comunicación el ministro de Defensa, Amir Peretz, y el jefe del Estado Mayor, Dan Halutz, jueces y parte en un proceso de investigación que no ha podido ser realizado por organizaciones internacionales neutrales. La única que se ha manifestado al respecto, lo hizo ayer en Gaza, fue Human Rights Watch, que apuntó con el dedo acusador a Tel Aviv sin cerrar de manera definitiva la puerta a otras posibilidades. Un ciudadano palestino llevaba ayer entre sus brazos, hacia el hospital, el cadáver de uno de los niños muertos en el ataque AFP Israel mata a nueve civiles en otro asesinato nada selectivo en Gaza Abbas acusa a Tel Aviv de querer borrar a los palestinos del mapa b La lista de víctimas, once en Ninguna credibilidad Tanto el Gobierno de Hamás como la oficina del presidente, Mahmud Abbas, negaron toda credibilidad a la investigación. ¿Qué van a decir, que han asesinado a ocho personas que pasaban una tranquila tarde de playa? Es más fácil, como siempre, echarnos la culpa a nosotros. ¿Es que alguien puede creerse que seríamos capaces de minar las playas de Gaza, que se llenan de gente todos los fines de semana? La verdad es que, desde el punto de vista israelí, que nunca considera a los palestinos seres humanos sino animales, tiene mucho más sentido declaró a este diario el portavoz del Gobierno, Hamad Gazi. Peretz y Halutz, acompañados del responsable de la investigación, el general Meir Kalifi, no acusaron a Hamás, como se había filtrado a los medios de comunicación, de haber plantado las minas pero aseguraron que en el momento de la explosión hacía ya unos minutos que la artillería israelí había dejado de disparar sobre la zona. La investigación hebrea señala asimismo que la metralla extraída del cuerpo de los heridos palestinos tratados en hospitales israelíes no pertenece a explosivos fabricados en Israel, y que el cráter fotografiado en la playa demostraría que la explosión habría venido de abajo y no de arriba. En definitiva, otra guerra de propaganda abierta en este sempiterno conflicto entre palestinos e israelíes, cada uno, como en la otra guerra, con sus medios y sus armas tan dispares. total, incluye también a dos milicianos del Yihad Islámico, dos niños, su padre y cuatro miembros del servicio de urgencias JUAN CIERCO. CORRESPONSAL GAZA. Uno. Otro asesinato nada selectivo. Éste en nueve actos, los mismos que los civiles muertos en una operación aérea contra el Yihad Islámico. En el poblado barrio de Zeitun. En la calle de Salahadin. A media mañana, un helicóptero israelí lanzó dos misiles contra una furgoneta amarilla que transportaba a dos milicianos cargados de cohetes Katyusha con mayor alcance, precisión y poder de destrucción que los artesanales Qassam Dos. Los proyectiles disparados por el helicóptero, según versiones palestinas. Uno bastante después del otro. De ahí el elevado número de víctimas colaterales que se habían acercado a la furgoneta tras la explosión inicial. La primera versión israelí, distinta. Sólo fue lanzado un proyectil. La segunda explosión se debió al estallido de los cohetes apilados en la parte de atrás de la furgoneta. Una cosa clara, de no haberse disparado el primer misil no habrían muerto los nueve inocentes palestinos. Quizás por eso el general israelí, Gadi Eisencott, jefe de Operaciones del Ejército, reconocería a la postre el lanzamiento de dos misiles. Tres. Los miembros de otra familia partida en mil pedazos. Un padre, Ashraf al- Mugrabi, y sus dos hijos. Ma- her, de 4 años de edad. Hisham, de 7. Su delito, la curiosidad, el aburrimiento, el paro. Los tres estaban en casa. Oyeron la primera explosión. Se acercaron al vehículo alcanzado. Contemplaron los dos cadáveres. Vieron los cohetes Katiusha Murieron juntos. Cuatro. Los miembros de los servicios de urgencia, conductores y enfermeros, que fueron enterrados ayer entre otra gran multitud que clamó venganza y muerte a Israel. Morir por curiosidad Las ambulancias llegaron desde el cercano hospital Mohamed al- Durra el primer niño símbolo de la Intifada, a la calle Salahadin después de la primera explosión. Se lanzaron sin pensarlo para atender a los heridos. Segundos después, ellos mismos se convirtieron en víctimas. Cinco. Los minutos que tardó en reaccionar el presidente palestino, Mahmud Abbas, presente estos días en la Franja de Gaza en un desesperado intento de frenar las luchas intestinas. Sus palabras, mucho más duras de lo habitual, quizás por encontrarse a sólo unos minutos del lugar de los hechos. Abbas acusó a Israel de practicar el terrorismo de Estado de matar El elevado número de víctimas colaterales se debe a que los cohetes fueron disparados con un dilatado intervalo cada día a civiles inocentes, a niños y mujeres, a familias enteras y al más puro estilo del presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, pero en dirección contraria, de querer borrar del mapa a los palestinos Seis. Las palabras del primer civil ministro israelí de Defensa, Amir Peretz, quien lleva camino de batir una plusmarca muy particular en la zona: desde que accedió a su cargo el 4 de mayo han muerto 67 palestinos en ataques militares hebreos, según la Cruz Roja Internacional y la organización israelí de derechos humanos, Betselem. Seis palabras, sólo seis: Lamentamos la muerte de civiles inocentes Siete. Los heridos que hubo en uno de los entierros de las víctimas celebrados en el este de Gaza, muy cerca de la valla de separación con Israel. Se acercaron tanto los manifestantes a territorio prohibido que recibieron algunos disparos desde el otro lado para dispersar a la multitud y espantar el peligro. Ocho. Los días en que la Guardia Presidencial palestina tardará en recibir las armas prometidas por Ehud Olmert, quien confirmó ayer en Londres haber dado el visto bueno a la inaudita entrega de armamento por parte Israel a los guardaespaldas de Abbas. También dijo, para que no quepan dudas respecto al controvertido Documento de Reconciliación Nacional de los presos palestinos que será llevado a referéndum el 26 de julio, que Israel nunca regresará a las fronteras de 1967. Nueve. Los muertos inocentes ayer. En nueve actos. En Gaza. Poco importa. Eran palestinos.