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ABC MIÉRCOLES 14 6 2006 Opinión 5 UNA RAYA EN EL AGUA LA ROJA N una nación maltrecha y escasa de símbolos unitarios, sobre la selección de fútbol recae casi en solitario el papel de referencia colectiva. El combinado nacional es un retrato de lo que somos, el trasunto de un país razonablemente próspero acomodado en la mediocridad y conformista con sus fracasos históricos, una nación con buena pinta y bastante dinero que genera expectativas por encima de su dimensión real y acaba resignándose a una posición secundaria de la que siempre encuentra el modo de culpar a alguien: un árbitro, un seleccionador, un gobierno. Hay en nuestro equipo de fútbol una especie de recurrente aire de fastidio y polémica, trufado de una notable ausencia de identidad colectiva en la que no es difícil reconocer la ausencia de un proIGNACIO yecto social y político coCAMACHO mún. La gente se cabrea cuando no juegan los de su pueblo y siente dificultad para identificarse con un equipo lánguido en el que falta personalidad histórica. La globalización del planeta futbolero ha llenado las Ligas de mercenarios internacionales y ha diluido en el mestizaje los estilos clásicos de los clubes, pero las selecciones continúan conservando unos ciertos rasgos de temperamento propio. Se sabe que Brasil juega a la fantasía, Alemania a la eficacia, Italia al cerrojo, Argentina a la garra, Holanda a la belleza o Inglaterra a la rústica manera de los fundadores, pero es imposible distinguir el estilo de España. Nadie adivina si este año jugaremos al ataque o a la defensiva, al pelotazo o a la filigrana. Y si no hay forma de establecer en la cancha un hecho diferencial español, mucho más incierto resulta su carácter simbólico. Sólo el seleccionador, Luis Aragonés, intenta establecer en torno a la roja un código reconocible al que adherir un programa mínimo de referencias identitarias. El españolismo castizo de Camacho ha dado paso a este pragmatismo gruñón y cazurro que algunos jugadores, como Raúl, tratan de investir de gestos prestados como el de agarrarse de los hombros cuando suena el himno, que por cierto sólo se oye ya en los partidos de fútbol y en los desfiles militares. Pero el Ejército se ha convertido en una ONG y la selección nacional apenas da el perfil simbólico de una guerrilla indolente y desacompasada. Con todo, cada vez que empieza una competición de altura los españoles tratamos de pactar con nuestros demonios más pesimistas en un esfuerzo de ilusión que se nos nota un poco desganado. Queremos creer que existe un equipo, una nación, un objetivo, un carácter, y desempolvamos las banderas agarrados al albur de la esperanza. Por lo general dura poco; la selección regresa con otra derrota imponderable y nosotros volvemos a lo que más nos gusta, que es la pasión tribal interna y el garrotazo goyesco. A ver si en Alemania nos roza un poco la suerte, llegamos algo más lejos que de costumbre y asistimos al prodigio de ver a Zapatero rodeado de enseñas nacionales, ese raro privilegio del que últimamente no goza ni el Día de las Fuerzas Armadas. E OPÁ RESPONDE AL KOALA H IJO, no tienes remedio, pero no te vas a salir con la tuya. No hay radio que ponga ni televisor que enchufe donde no salgas con esa perra que has cogido de hacer un corral. Hasta por los móviles y los interneses lo dices. Que te crees tú que porque lo repitas tanto con tu guitarra me vas a convencer. Enseguida voy a dejar que hagas el dichoso corral. ¿Por qué me habría de tocar a mí este niño? Todos los hijos quieren que el padre les compre una amotillo. Pero este hijo mío, no: un corral. ¿No podría ser yo de esos padres que les vienen los hijos con el opá, cómprame una amotillo ¡Pues no! Me tuvo que caer la china del puñetero niño del corral. Ojalá se lo llevara Florito al corral. Cuando, además, aquí ni hay sitio para corral ni nada. Demasiado tenemos con estos olivitos para coger las subvenciones que trincamos, a saber tú lo que va a pasar cuando Europa nos cierre el grifo. ANTONIO En otras familias las desgracias BURGOS son más llevaderas. Les sale un hijo con aficiones a la ferretería, que se pone un tornillo en la nariz, y un aro en la oreja, y una tuerca en el ombligo, y no quiero ni pensar lo que se ponen en ese sitio que no quiero ni mentar. O les sale un hijo testigo de Jehová. O del Barsa. O cosas peores. Hasta mondrigones les salen a algunos los niños, que es lo que se lleva ahora. Si por lo menos me hubiera salido un niño Zerolo... Pero no. Me tenía que caer este jodido niño y la perra que ha cogido con hacer el corral. Sí, ya sé: se va a hacer rico cantándome por ahí que viazé un corral. Por mí como si se la machaca. Pero aquí corral no se hace. Y es que nadie escarmienta en cabeza ajena. Cosas de la edad. Yo a sus años también iba a hacer un corral. Menos mal que mi padre me hizo entrar en razón. ¡Qué bofetada me pegó! Pero, claro, entonces había vergüenza, y los padres tenían autoridad. Y los que les teníamos miedo a los maestros éramos los niños. Y no como ahora, que los maestros llegan a la escuela cagaditos de miedo con los niños. Y que no se atrevan a toserles, porque viene la APA y les dan por el hopo. Mira que te lo he dicho, hijo: ¿para qué vas a hacer un corral? ¡Con lo bonito que es que vivas como tu padre, que entre el PER y las subvenciones de los olivitos, y los chapuces por bajo cuerda, y la pensión no contributiva de tu madre, mira el BMW que nos hemos comprado sin necesidad de ningún corral! ¿Pero tú estás loco? ¿Qué te crees, que un corral es un huevo que se echa a freír? ¿Pero en qué mundo vives? ¡Tú no sabes la que hay que liar de papeleo y de permisos del Gobierno, de la Junta y del Ayuntamiento para hacer un corral! Mira, de momento tienes que buscarte a un perito agrícola, que te haga el proyecto de corral. Y como no apoquines sus honorarios en el colegio profesional no lo puedes sacar visado para presentarlo en el Ayuntamiento a que te den el permiso. Échale un galgo. Espera sentado. Seguro que a los dos o tres meses te dicen que al proyecto le falta el estudio de los bomberos. Que los bomberos deben decir si las gallinas están seguras si hay fuego. Otra morterada de dinero, de papeleo, más colas. Y luego te dicen que falta también el estudio del impacto medioambiental aprobado por la Junta. Que una oficina técnica del cuñado de uno que yo me sé te tiene que hacer el informe para Medio Ambiente. Y mucha norma DIN de los ponederos, y mucho PGOU de la altura máxima de las vallas. Ah, y el informe de un veterinario. Y un estudio de viabilidad económica. Y el IBI. Y la escritura. Y cuando ya te creías que te iban a dar el permiso, ¡la gripe aviar, y a tomar por saco el corral! ¿Pero tú sabes lo que estás diciendo, hijo mío, en qué lío te vas a meter? Ni jóvenes emprendedores, ni principio de la libre empresa, ni economía de mercado, ni leches. Tú lo que tienes que hacer es dejarte de corrales, sacarte el carné que se ha sacado tu padre, votar al alcalde, votar a Chaves, decir sí a los catalanes, hocicar ante la ETA, y... ¡a poner la mano, hijo! El de los nuestros sí que es un buen corral. ¡Menudo corral!