Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC MIÉRCOLES 14 6 2006 Opinión 3 LA TERCERA DE ABC ¿A QUIÉN MOLESTA UNA REBELDE DEL ISLAM? No es a Ayaan Hirsi Ali a quien hay que compadecer, sino a los que se sienten incómodos por su nítido discurso a favor de la libertad y los Derechos Humanos, por su inequívoca defensa de las mujeres musulmanas... A ex diputada holandesa de origen somalí Ayaan Hirsi Ali está acostumbrada a hacer las maletas, ha tenido que huir muchas veces a lo largo de su vida. La primera lo hizo de la mano de su padre, cuando se exilió en Kenia siendo ella niña; años después escapó de su propia familia para eludir un matrimonio concertado con un primo al que no conocía. No se fugó en realidad de un país, sino de una época, porque son pocos los musulmanes que consiguen vivir como un profeta del siglo VII como ella dice. Cuando los asesinos de Theo Van Gogh, director de la película Submission, dejaron junto a su cadáver una larga carta amenazando de muerte a Hirsi Ali, que había escrito el guión, necesitó huir de nuevo, pero ya no había siglos ni tierras por delante. Se encontraba en Holanda, el país de la tolerancia, así que sólo le quedaba evaporarse: permaneció diez semanas oculta bajo protección policial. No pudo ni asistir a la incineración de su amigo Theo. Eso ocurrió hace algo más de un año y ahora Ayaan Hirsi Ali, que ya tenía planes de marchar a EE. UU. se dispone a preparar de nuevo su equipaje, tras haber sido despojada de la nacionalidad holandesa y haber renunciado a su escaño en el Parlamento. Resultaría fácil apenarse por ella: amenazada de muerte, acaba de perder la patria y el empleo. Sin eso que llaman identidad cultural se quedó hace tiempo, cuando se percató de que desde niña sólo había oído a su alrededor palabras destinadas a convencerla de su inferioridad; su padre le tiene retirado el saludo desde que renegó del islam; y algunos familiares, entre ellos su hermano, han declarado desde una confortable mansión en Kenia que no planearon ningún matrimonio forzoso para ella y, por tanto, no tenía nada que temer. Su testimonio, hecho público por una televisión holandesa, ha determinado la decisión de la ministra Rita Verdonk de desposeerla de la nacionalidad. L después un ramo de flores. Los terroristas también saben ser agradecidos. Pero muchos otros musulmanes que repudian la violencia carecen igualmente de respuesta a las objeciones que la ex diputada ha formulado sobre la doctrina islámica. No saben contestar porque el entramado religioso cultural musulmán sostiene que el Corán es la única fuente de conocimiento y no hace falta ni contrastarla. Muchos de quienes han sido educados en las enseñanzas islámicas sencillamente no han generado anticuerpos para soportar la crítica a su religión o para rebatir puntos de vista diferentes, por tanto sólo pueden sentirse incómodos ante quien siembra dudas, y desear que calle quien plantea preguntas. Por eso tras la proyección de Submission, Mohamed Sini, presidente de la Fundación Islam y Ciudadanía, censuró a la autora de la película con estas palabras: Ella considera correcto hablar sobre la situación de las mujeres en el islam, pero para las personas piadosas esto constituye un shock tremendo... Sería bueno volver a las relaciones normales O sea, al silencio. can discriminaciones e injusticias cometidas con las mujeres musulmanas que no aceptarían para las europeas, y no duda en calificar ese comportamiento, con razón, de racismo puro Se pregunta por qué en las casas de acogida para mujeres maltratadas se enseña autoafirmación a las mujeres holandesas y no a las musulmanas, cuya identidad algunos valoran más que su vida. N T ambién entre los occidentales abundan los que no saben qué hacer con el discurso de Hirsi Ali, porque no encaja en ninguno de sus esquemas. En octubre de 2002 abandonó las filas del Partido Socialdemócrata después de denunciar su ceguera ante los problemas de integración de los musulmanes. Entonces pasó a formar parte del Partido Liberal y aseguró que en él se ocuparía de la integración y la emancipación de las mujeres extranjeras Ahora es una mujer de ese partido la que, tras una investigación de tres días, ha resuelto su expediente de asilo imputándole mentiras que ella ya había aclarado. Ayaan Hirsi Ali es especialmente implacable con los relativistas culturales de Occidente que, invocando el respeto al otro, comprenden o justifi- ebe de ser difícil asumir que tu propia familia busca tu ruina y tu desprestigio, pero no menos que tu país de adopción te tienda el puente de plata que suele reservarse a los enemigos. Con todo, no es a Ayaan Hirsi Ali a quien hay que compadecer, sino a los que se sienten incómodos por su nítido discurso a favor de la libertad y los Derechos Humanos, por su inequívoca defensa de las mujeres musulmanas. Es sorprendente la nutrida lista de detractores que ha acumulado en quince años una mujer que, sin ser millonaria, primera ministra o cantante, el año pasado fue considerada por la revista Time una de las cien personas más influyentes del mundo. ¿A quién molesta esa influencia? Desde luego a los terroristas islamistas. Con remite del grupo responsable del asesinato de Theo Van Gogh, la cadena de televisión que emitió el documental sobre la petición de asilo de Hirsi Ali recibió días D o ahorra críticas hacia los que abogan por financiar públicamente la educación religiosa de los inmigrantes, y ellos se sienten tan contrariados cuando Ayaan Hirsi Ali asegura que la causa del atraso de los musulmanes es la cultura y la religión islámicas, basadas en la misoginia que la han acusado de fomentar la islamofobia. Pero Hirsi Ali establece una meridiana distinción entre las ideas y las personas: La crítica al islam no implica un rechazo de sus creyentes, sino sólo de aquellos conceptos que, convertidos en actos reales, pueden tener consecuencias inhumanas Tampoco faltan pretendidos intelectuales y académicos occidentales que coincidirían con Schopenhauer cuando asegura que las religiones son como las luciérnagas, para lucir necesitan la oscuridad, un cierto grado de ignorancia y le reirían las gracias anticristianas a Nietzsche. Sin embargo, juzgan demasiado radical a Hirsi Ali por decir: Si sólo nos resignamos a recibir los avances tecnológicos de Occidente, y no la audacia occidental para pensar de manera autónoma, perpetuaremos el estancamiento mental en la cultura islámica Otros, que a buen seguro se conmovieron al leer a Primo Levi, la descalifican porque, dicen, está demasiado influida por su experiencia personal. Y aún los habrá que, al saberse que Hirsi Ali trabajará en un centro de estudios norteamericano de signo conservador, el American Enterprise Institute, como si todas las puertas hubieran estado siempre abiertas para ella, habrán sonreído complacidos, como diciendo: ¿Veis? Tenía que ser de la cuerda de Bush No puedo concluir el repertorio de los fastidiados por la presencia de Hirsi Ali sin mencionar a sus adorables vecinos: hartos de desconocer la mezquindad, un buen día salieron a buscarla, como Juan Sin Miedo, y enfilaron hacia un juzgado para solicitar que se les liberara del engorro de convivir con una mujer escoltada que habita una casa- fortaleza. Los europeos vamos a perder el enorme valor de su conciencia crítica cuando más lo necesitamos. Por eso cuando Hirsi Ali haga una vez más las maletas en septiembre doblarán las campanas, pero no por ella, sino por los incordiados, por sus vecinos, por sus viejos compañeros de partido, por los falsos intelectuales, por los relativistas culturales, por los indiferentes, por la sociedad holandesa y la europea... Doblarán por todos nosotros. IRENE LOZANO Periodista, lingüista y Premio Espasa de Ensayo 2005