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ABC MARTES 13 6 2006 97 Un baño de realidad La República Checa baja de las nubes a Estados Unidos, la barre del terreno de juego con un fútbol completo y acaba goleándola con dos tantos de Rosicky y uno de Koller R. CHECA EE. UU. 3 0 República Checa: Cech; Grygera, Rozehnal, Ujfalusi, Jankulovski; Galasek; Poborsky (Polak, m. 83) Rosicky, Nedved, Plasil; y Koller (Lokvenc, m. 44) Estados Unidos: Keller; Cherundolo (Johnson, m. 46) Pope, Onyewu, Lewis; Beasley, Mastroeni (O Brien, m. 46) Reyna, Conwey; Donovan y McBride (Wolff, m. 77) Árbitro: C. Amarilla (Paraguay) Amarilla a Onyewu, Rozehanl, Lokvenc, Reyna, Rosicky y Grygera. Goles: 0- 1. m. 5: Koller. 0- 2. m. 36: Rosicky. 0- 3. m. 76: Rosicky. JOSÉ MANUEL CUÉLLAR En la previa del partido, Bruce Arena, técnico americano, decía que Koller les quitaba el sueño, que era una pesadilla. Sí, pesadilla en Elm Street, que viendo a Koller cuadraba y todo. Pero la pesadilla en sí no era un sueño, sino una flagrante realidad que se hizo cuerpo en el minuto cinco. Entró Poborsky por el lado derecho como una flecha, centró y los pipiolos de los centrales norteamericanos se fueron por delante de Freddy Kruger, digo de Koller, y por allí les llegó el 2,02 checo para marcar y luego lesionarse de cierta importancia. No se habían asentado aún los equipos y la República Checa estaba donde quería. Asentada, tranquila, con el marcador a favor y frente a unos novatos que se pensaban, pobres ilusos, que si la estadística les daba un 52 por ciento de porcentaje en el manejo del balón es que iban a remontar el partido. El problema de los norteamericanos es que no controlan los verdaderos resortes del juego. Tocan en horizontal y lo hacen aquí y allá, pero sin buscar huecos, sin trazar diagonales, sin amagar ni salir para luego entrar, sin crear zonas de distracción. Todo previsible, una minucia para el rival. Porque ésa es otra. La República Checa llega al torneo con todo lo bueno que tiene, con la madurez de jugadores como Nedved, Koller o Kosicky, con experiencia, con colocación y con la certeza de que su juego preciosista y brillante da dividendos, de que está en el camino correcto. Así que se pusieron a ello y tallaron una joyita en la que Estados Unidos parecía que estaba pero no estaba. Eran tan pringaíllos los americanos que abrían el juego a las bandas y, sin profundizar, lanzaban bombardeos aé- REUTERS ROBO DE ENTRADAS El checo Galasek se lleva el balón ante el estadounidense Jonhson AP AFICIÓN ENTUSIASTA Al hijo del seleccionador italiano, Marcello Lippi, le robaron su entrada y la de su acompañante poco antes del partido. Alguien aprovechó un descuido cuando se encontraba en la recepción del hotel y le quitó la cartera que había dejado en el mostrador. que les iban fallando las fuerzas. El partido se cerró en otro falló defensivo de Ghana. Kuffour calculó mal una cesión a su portero y Iaquinta, que perseguía el balón, se encontró con él y superó con facilidad a Kingston. Punto final. Sobraron los diez últimos minutos e Italia seguro que habrá recuperado parte de la autoestima rasgada por las impurezas de su fútbol. No hay como las victorias para curar heridas. George Bush llamó a los jugadores estadounidense para desearles suerte. El presidente es aficionado al béisbol, pero no se sabía que lo fuera al fútbol. La selección está arropada en este Mundial por una multitud de entusiastas seguidores, que llenan las gradas de colorido. ros contra los checos. Una estupidez: Cech mide 1,97 y sus centrales, 1,91 y 1,85, con dos laterales de 1,85 el derecho y 1,83 el izquierdo. ¿Dónde iban con ese juego aéreo? A que les sacasen el balón y les pillase a la contra la dupla Rosicky- Nedved en la media punta para hacerles añicos. Cuando en la segunda parte Estados Unidos, harto de ir arriba para no llegar a ningún sitio, se quedó sin pulmones, los creativos checos dieron la estocada. Rosicky sacó un latigazo desde la medular y la puso en la escuadra mientras que en las gradas y delante de la televisión los rojiblancos del Atlético se abrían las venas. Viéndoles tan cándidos, los norteamericanos daban algo de pena. Lo intentaron todo, pero en la enésima contra Nedved sirvió un balón de oro a Rosicky, que entró como un cohete para marcar el tercero y mandar a los de Arena al descabello. Sí, su peor pesadilla, sólo que no era un sueño.