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ABC MARTES 13 6 2006 61 Yoko Ono, premio Gabarrón de Artes Plásticas por su trabajo innovador y experimental Muere, a los 83 años, György Ligeti, uno de los compositores más destacados del siglo XX NOSTALGIA Llevo un año, día a día, echando de menos a Jaime Campmany. Al amigo y, más todavía, al maestro. Nadie como él era capaz de clavar en el corcho del periódico, con los alfileres de la palabra y el ingenio, la nota más descollante de la actualidad y, al tiempo, subrayarla o difuminarla desde el rincón de su contemplación y en uso, sin abuso, de su libertad. Ayer mismo, que el maestro no caía en la vocación retrospectiva, hubiera trepidado su pluma al saber que Luis Yáñez, uno de sus gafes predilectos, reclamaba en la UE una condena al franquismo... treinta años después de muerto Franco y veintisiete más tarde de que el pueblo español, con la aprobación de la Constitución, guardara la memoria del dictador en la urna de los olvidos. MANUEL MARTÍN FERRAND UNA DOÑA ROSA EXPULSA A MENÉNDEZ PELAYO DE LA BN Que una doña Rosa (es doña Rosa es doña Rosa es doña Rosa) expulsara a don Marcelino Menéndez Pelayo de la Biblioteca Nacional habría llevado a Jaime Campmany a tirar de látigo de siete colas, pues don Marcelino cayó no por bebedor o por cochino (el otro Menéndez, Pidal, decía que, aun sabiendo que bebía mucho, nunca lo vio borracho, si bien siempre le pareció la negación de la higiene) sino por misógino. ¡Misoginia en la Biblioteca Nacional! Lo de esa doña Rosa poniendo de patitas en la calle la estatua de don Marcelino es como lo de aquel labrador de Berceo que por las noches, a cencerros tapados, cambiaba los mojones por ganar heredad lo cual, naturalmente, habría vuelto loco a Campmany. IGNACIO RUIZ QUINTANO Jaime Campmany rodeado de tres de sus nietos: Conchita (a su derecha) Beatriz y Quique, a quien sostiene en brazos ABC ROMANCILLO DEL CABO DE AÑO Al cumplirse de Campmany el primer aniversario echo mano del romance para poder recordarlo y para pasar revista al amplísimo temario con que al marcharse a los cielos no ha podido deleitarnos. Tres mil quinientos romances o al menos trescientos cuatro le hubiera escrito don Jaime a esa Carmen, Carmen Calvo, que nos da jornales hechos cada día, a cada paso; mas sin Jaime que le escriba, creo que le falta algo. Nada digo del jersey de don Evo el boliviano, qué bien su lana don Jaime, ay, nos la hubiera cardado. Nada digo del proceso que Zapatero ha iniciado y al que le llaman de paz porque algo hay que llamarlo. Sin Jaime nada es lo mismo, ni catalanes ni vascos encuentran en su columna la horma de su zapato. Estamos todos de luto en este cabo de año, tan huérfanos como entonces, o algo más, al encontrarnos con que España no es España: Jaime no puede contarlo. ANTONIO BURGOS la yerma soledad de la pantalla en blanco, he levantado la mirada en vano buscando en algún sitio la sonrisa socarrona y paternal del maestro. Dime algo, ilumíname, aconséjame, le pido: susúrrame un quiebro cabroncete y genial para glosar la realidad nacional andaluza, muéstrame una tronera del idioma por la que asomar la burla sobre la chompa de Evo Morales, indícame cómo convertir en traviesa ironía la indignación ante la sonrisa triunfal de Arnaldo Otegi. Pero sólo encuentro, ay, el peso de su ausencia irreemplazable, el recuerdo doloroso de sus ojillos burlones, emocionados ante las velas de su último compleaños, y el consuelo del eco de su pulso en la prosa lírica y dulce de Laura. Qué difícil aviarse sin él. Como director me correspondió enterrarlo, y como articulista sustituirlo. Siento, como Alberti, esta noche heridas de muerte las palabras. IGNACIO CAMACHO ROMANCE DE LOS INSULTOS Ahora que estoy en la gloria- -o he pasado a mejor vida, que dirían sin razón los que teníanme envidia- ahora que ya nadie espera de mi ingenio una porfía y ninguno clama al cielo por lo que diga o no diga voy a decir a unos cuantos que propalan gollerías, cómo se debe insultar con gracia y con picardía a esos que llevan un año insistiendo en JAIME NUESTRO, QUE ESTÁS EN LOS CIELOS Cuántas veces- -tantas como los días que me ha tocado ocupar el espacio sagrado de su columna ausente- ante su manía, dando la vara y pidiendo más y más autonomía, y no quieren dos Españas sino tantas como habitan en la cabeza caliente de quienes mandan hoy día. La mitad son tumbaollas, ablandabrevas, golillas; pisaverdes, mojigatos, barbilindos bocasfrías; aladroques, calvatruenos, matachines de mentira; hay gilís y apañatundas de pura cohetería; hoy quien no es un tarambaina, es chocholo o avefría; sansirolé, zascandil, chisgarabí de boquilla; fifiriche, brincatapias, fuñique de sacristía. Hay lipendis, mamacallos, cenutrios de guardería; tolondrones, zurubitos, molondros de mancebía; boquimuelles, correlindes, aladroques de alquería; toletes y caquisueltos, catacaldos de hostería; badulaques, barbilindos, zorimbos de portería; majagranzas, palanquines, zanguangos de compañía; salamines, perdularios, zolochos en alta estima; zangandungos, salamines, pecheros y jeremías; archiganzúas, panarras, gilimursis de botica y en fin no los cito a todos por no hacer larga la lista. Hoy ya no hay gente que insulte con ingenio y sin malicia ni nadie que tire pullas como quien hace caricias. Consulten el diccionario y sepan sus señorías que con insultos sin arte como los que usan hoy día quienes los oyen se ofenden y el que los usa se humilla. In memoriam LUIS IGNACIO PARADA EL MUNDIAL SIN JAIME Mi hermano mayor Jaime Campmany, mayor en todo y muy poco en edad, era un deportista inmóvil. Sólo una vez le ví jugar al ping- pong. Lo hacía muy bien y le pregunté por qué. Jugaba de niño me dijo. De mayor le gustaban más las cartas y ese otro juego obligatorio y de variables reglas que llamamos vivir. Hubo un tiempo, perdido como todos en la noche de los tiempos, en los que Jaime fue cronista deportivo, sin dejar de ser lo que era y lo que seguirá siendo. No hay géneros mayores ni menores, sino escritores de distinto tamaño. El culpable de su afición fue Luisito Suárez. Algún partido del Mundial hubiéramos visto juntos. MANUEL ALCÁNTARA