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ABC MARTES 13 6 2006 Madrid 47 Del Piamonte a la Carrera de San Francisco A finales del siglo XIX, en el Piamonte, el fraile italiano Gilberto d Acosta inventaba la zanfona lo que hoy conocemos por organillo. En 1838 llegan los primeros organillos a España de la mano de los hermanos Apruzzese, Luis y Gerardo, que a principios del siglo XX montan una fábrica en la madrileña Costanilla de San Andrés. Luis Apruzzese rechaza el cargo de afinador de la Casa Real y prefiere construir y afinar organillos. Luis se independiza de su hermano y se establece en la calle de Luzón, en donde el 2 de mayo de 1906, nace su hijo Antonio, continuador de la tradición. Antonio Apruzzese empieza a trabajar con su padre a los 9 años. Construye, repara, marca y afina organillos. Estudia música y hace la carrera en el Conservatorio. Instrumenta las partituras para el organillo y coloca con gracia los repiques y los trinos, para dar a sus floreos esa alegría tan típica en este instrumento. Con tiempo, traslada su negocio a la Carrera de San Francisco, 7. Con su muerte, hace unos diez años, se pierde al único y último constructor y restaurador de organillos. Fernando Ochoa, el cabeza de familia, disfruta con el toque y el sonar de uno de sus ocho organillos tis y jotas. Esta es la pieza que, al parecer, más ha salido del museo. Ha sido jurado de numerosos concursos de baile y su música presidía los escenarios de la Plaza Mayor y las Vistillas. El del Oso y el Madroño Este organillo lleva más de 25 años haciendo del bar El Oso y el Madroño en la calle de la Bolsa, uno de los más típicos de todo Madrid. Entre caña y caña, tapa y tapa, los clientes suelen escuchar el repiqueteo de las notas del instrumento que, durante muchos años, sólo ha tocado una persona. Banderita Es el único que tiene bandas militares. Por lo visto, esta pieza ha viajado hasta Estados Unidos. El de María Dedicado por Antonio Apruzzese a su mujer que tenía, según cuentan, un gran carácter y un amor desmedido por los organillos. El Abuelo Es el más antiguo de toda la colección. Fue uno de los que la familia Apruzzese trajo desde Italia a tierras españolas. Parece que se construyó hacia 1890. Es toda una reliquia. Su sonoridad es especial, vieja y suave a la vez. Su tamaño es intermedio, ni grande ni chico, pero su sistema de cambio de melodías difiere del resto, pues se gira una manivela que sitúa automáticamente las canciones.