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ABC MARTES 13 6 2006 27 La Unión Europea y Turquía abren las negociaciones para la adhesión con una llamada a acelerar las reformas Milicianos de Al Fatah, leales al presidente Abbas, incendian la sede del Parlamento, controlado por Hamás Los suicidas de Guantánamo urdieron una treta para engañar a sus guardianes Los tres prisioneros se escondieron tras la colada antes de ahorcarse suicidio de los dos saudíes y el yemení, otros 26 presos islamistas lo habían intentado sin éxito un total de 41 veces en cuatro años M. GALLEGO NUEVA YORK. Cada dos minutos uno de los guardianes de Guantánamo recorre los pasillos de la prisión arriba y abajo, obligado a establecer contacto visual con cada prisionero. En la madrugada del sábado, el guardián de turno observó en la cama el bulto de lo que presumió era el cuerpo de uno de los prisioneros, sin saber que éste se ocultaba tras la ropa tendida para preparar su horca. Así es como fuentes militares describieron al New York Times la estrategia que permitió a dos saudís y un yemení convertirse en los primeros prisioneros que lograron acabar con su vida en la prisión de alta seguridad de Guantánamo. Otros 26 lo habían intentado un total de 41 veces en los últimos cuatro años. Ninguno pasaba de los 30 años de edad. Yasser Talal Abdula Yahaya tenía 17 cuando los estadounidenses le detuvieron en Afganistán. Según su padre, trabajaba allí con una organización de caridad islámica. El Gobierno norteamericano le describe como un luchador en la primera línea de los talibanes pero no había presentado cargos contra él ni contra los dos hombres con los que aparentemente sincronizó su suicidio. b Con anterioridad al Objetos suministrados a los detenidos en la base de Guantánamo REUTERS Entre los prisioneros se había corrido el rumor místico de que era precisa la muerte de tres presos Se ha redoblado la vigilancia; los que ya intentaron el suicidio son observados cada 30 segundos rumor, descrito por los militares como místico de que la liberación requeriría la muerte de tres de los presos. Por ahora, lo único que han logrado es que los militares estudien prohibir a los reos el derecho a lavar su ropa en la celda, y redoblen la vigilancia. Los que ya habían intentado cometer suicidio con anterioridad son observados por sus carceleros con una frecuencia de 30 segundos. Incluso se han instalado cámaras en las duchas para privarles de unos mi- AP de la coalición multinacional le han citado jamás como una figura importante dentro de la red dijo. Las únicas pistas sobre su identidad las dan su apodo, Al- Muhajer, que se traduce como el Inmigrante en referencia a su origen no iraquí, y su experiencia en el yihad, que hace suponer que luchó en Afganistán. Su misión será continuar la labor de Al- Zarqaui y sacudir al enemigo hasta quitarle el sueño como prometen los comunicados. La autopsia realizada a su antecesor reveló ayer que Al- Zarqaui vivió 52 minutos tras la explosión, pero falleció víctima de heridas internas producidas por la onda expansiva, que le habían llenado los pulmones de sangre. No hay rastro de disparos o golpes, como se había sugerido. Máximo control Los tres suicidas tenían su celda de 2 metros por 2 metros y medio en la misma hilera, pero no eran contiguas. Tenían, sin embargo, una valla metálica por pared para facilitar la vigilancia y que pudo hacer posible la comunicación entre ellos. Entre los prisioneros se había corrido un nutos de intimidad. Las sábanas con las que los fallecidos lograron ahorcarse dejarán de estar a la mano. Los carceleros las requisarán tan pronto como amanezca o se levante el preso. Lo mismo ocurrirá con los objetos para la higiene. Estamos determinados a encontrar el equilibrio entre las prendas de comodidad que puedan poseer algunos detenidos y todo aquello que puedan utilizar para acabar con su vida dijo ante la Prensa el general Bantz Craddock, jefe del Comando Sur de EE. UU. al que está adscrito Guantánamo. Desde la ciudad santa de Medina, en Arabia Saudí, el padre de otro de los suicidas, Zaharani, habló por teléfono con el rotativo neoyorquino. El hombre se decía sorprendido por el suicidio de su hijo, al que en una carta reciente había encontrado más optimista que nunca sobre las posibilidades de ser liberado. Según él, su hijo había hecho votos de comportarse para facilitar su extradición. A su velatorio de cuerpo ausente habían asistido cientos de vecinos. Apenas un avance de lo que puede ser su entierro si EE. UU. accede a repatriar el cadáver.