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102 LUNES 12 6 2006 ABC Deportes El campeón español celebra en la tierra de Roland Garros, formando una imaginaria V de victoria con los brazos, su segundo triunfo consecutivo en París Nadal continúa en la senda de la gloria Suma su segundo Roland Garros y evita que Federer conquiste un histórico Grand Slam DOMINGO PÉREZ, ENVIADO ESPECIAL PARÍS. Todo estaba preparado en Roland Garros para dar la bienvenida a Roger Federer en la gloria y la leyenda del tenis. Se contaba con que el suizo uniera su nombre al de los poquísimos hombres que han conseguido los cuatro grandes de forma consecutiva. Algo que únicamente han conseguido en la historia del tenis Don Budge en 1938 y Rod Laver en 1962 y 1969. Además, era la octava final del suizo en un Grand Slam y se esperaba que fuera su octava victoria... Se aguardaban muchas cosas del número uno del mundo. Quizá demasiadas, porque todos parecían haber olvidado que el genio de Basilea se enfrentaba a su muro, al único hombre capaz de derrotarle cotidianamente. Sin embargo, en los primeros compases dio la impresión de que por fin Federer iba a ser capaz de derrumbar ese muro. Más aún cuando abrió el partido con un contundente 1- 6. Parecía un mazazo insuperable, pero resultaba engañosa la contundencia. No ya porque el helvético hubiera jugado de maravilla y Nadal, demasiado nervioso, un poco por debajo de su nivel, sino porque el español perdió la manga en una de las pocas lagunas que ha presentado su juego en esta quincena parisina. Rafa tuvo cinco bolas para romper (dos en el primer juego, tres en el quinto) y no aprovechó ninguna de ellas. No sorprendió a nadie. Ha sido una constante en sus seis encuentros anteriores, durante los que llegó a disfrutar hasta de 90 opciones de ruptura y sólo aprovechó un tercio de las mismas (37) Las claves del partido Los nervios del inicio sorprenden a Nadal El español, muy tenso, cometía muchos errores y desperdiciaba cinco bolas de break en el primer set, que perdía por un contundente 1- 6. Suerte de cruz... y de cara Además, en el cuarto juego de esa primera manga un golpe de suerte ayudó a Federer. Otro, puesto que la fortuna parecía ser una de sus más firmes aliadas estos días. El tanteo ofrecía un 0- 3 y un 0- 40 contra el español. Un punto larguísimo le sirvió a Nadal para salvar la primera bola de break Pareció que esa acción le devolvía a la batalla. Incluso igualaba y tras otro gran peloteo se colocaba con ventaja. Pero ese punto se tuvo que jugar de nuevo y Federer se lo llevó y puso el 0- 4. Pero Nadal no es un hombre que se pare mucho en lamentaciones. Borró de su mente el golpe recibido y afrontó la segunda manga como si fuera el comienzo del choque. El segundo juego resultó decisivo. Federer controlaba el partido. Manejaba un cómodo 40- 0, Se engancha al partido con la repetición de un punto En el segundo juego del segundo set y con 40- 0 para Federer. Se repite el punto que hubiera dado el juego en blanco al suizo y el español acaba quebrando. Salva cuatro bolas de break y rompe enseguida Tercera manga, 1- 2 para el helvético y 15- 40 en el cuarto juego. Salva cuatro puntos de ruptura. Pone el 2- 2 y rompe en el siguiente para irse directo al 6- 4. Supera el revés de no haber cerrado el duelo a tiempo Sacaba para ganar con 5- 4, pero perdió. Se podía haber ido al quinto set, pero supo decidir en el desempate. cuando tuvo que repetirse el punto que le hubiera dado el 1- 1 en blanco. Se repetía la historia del primer set, pero a la inversa. Fue como un aviso de que tal vez las tornas habían cambiado. Al menos así lo entendió el balear. Se aferró a la nueva oportunidad que le brindaban. Le devolvió la pelota a su rival y le hizo un break que le devolvía a la batalla. Tanto, que poco después le reintegraba un 6- 1. El partido comenzaba de nuevo, sólo que una hora y diez minutos después de su inicio. En la pista, 31 grados, un sol de justicia, una caldera y una incógnita ¿Qué iba a pesar más, la casi cuatro horas extra de juego que llevaba Nadal sobre Federer a lo largo del torneo o una temperatura digna del Sahara? Había que reservar fuerzas. Cada uno tenía buenas razones para no desgastarlas. Y el tercer set fue de esos que llaman de tanteo. Bajaron el ritmo uno y otro, a la espera del primer signo de debilidad, de la ocasión de saltar en la primera oportunidad. Curiosamente, el primero que dispuso de una buena ocasión fue el suizo. Se presentó en el cuarto juego, Federer aprovechó una volea muy inocente del mallorquín para ponerse con un 0- 40. Tres bolas de break que valían un