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ABC LUNES 12 6 2006 91 MUNDIAL 2006 GRUPO D Zinha revoluciona México Los de La Volpe aprovechan la entrada del menudo jugador y la ingenuidad de Irán para imponerse en un partido jugado a bajo ritmo, con carencias ofensivas y de creación México Irán 3 1 México: Sánchez; Márquez, Osorio, Salcido; Pineda, Pardo, Bravo, Torrado (Luis Pérez, m. 46) Méndez; Guille Franco (Zinha, m. 46) y Borguetti (Fonseca, m. 51) Irán: Mirzapour; Kaabi, Golmohammadi, Rezaei, Nosrati (Borhani, m. 81) Nekouman, Mahdavikia, Teymourian, Karimi (Madanchi, m. 62) Hashemian y Daei. Árbitro: R. Rosetti, de Italia. Amarilla a Torrado, Nekouman y Salcido. Goles 1- 0, m. 28: Bravo. 1- 1, m. 35: Golmohammadi. 2- 1, m. 75: Bravo. 3- 1, m. 79: Zinha. AP AKWA, DE CHILENA Héroe nacional de Angola por sus cinco goles en la fase de clasificación, el delantero africano destacó por sus constantes remates de chilena en busca del empate y del gol del Mundial. Juega sin tener equipo para la próxima temporada. cho un guiñapo a Jamba con su autopase, y le regaló el gol a otro abuelo que aún da guerra en su selección y en el París Saint- Germain. Ambas acciones fueron definitorias. Estuvieron tan mal defendidas que evidenciaron por qué Angola es, quizá, la cenicienta del Mundial. Sus hombres tienen físico impotente y la dignidad y el orgullo de representar a una patria que hace cuatro años dejó atrás casi tres décadas de guerra civil, pero son inocentes semiprofesionales que se dejan ganar la espalda y caen en los amagos como lo que son, novatos. El gol llegó muy pronto pero marcó para siempre el partido, ya que Portugal se dedicó a nadar y guardar la ropa, a reservarse para citas de mayor enjundia, y los angoleños a evitar ser goleados y a intentar dar algún sustillo a Ricardo, como en un tiro lejano de Mateus y una chilena, muy aplaudida desde la grada, de Locó. JOSÉ MANUEL CUÉLLAR Marcador engañoso. Fue ese clásico partido entre tenistas en el que ambos llegan igualados al final de los juegos y en el desenlace siempre gana el mismo. ¿Causa? El salto de calidad, de oficio y de picardía, también fuera del terreno de juego, porque La Volpe supo cambiar en el momento oportuno, meter en el campo a Zinha y variar el signo del encuentro, que había sido una ful en la primera mitad. No pueden ir los mexicanos así por este Mundial, con ese ritmo cansino, que parecen House a la hora de atender a los enfermos de gripe, pecata minuta para él. Tocaban y tocaban con lentitud enfermiza ante una selección, la iraní, que no tendrá otra cosa, pero orden posee todo y más. Les pusieron la cara colorada los asiáticos a los de La Volpe en una primera parte en la que México aprovechó una jugada de estrategia para imponerse, ya que con juego no podía. Les igualaba la organización de los iraníes, muy metidos en el partido, disciplinados en la marca y sin dejar un hueco para las entradas de los mexicanos, demasiado previsibles en ese discurrir a cámara lenta que tenían en la salida del balón desde atrás y en el discurrir por la parcela ancha. Zinha se escabulle entre los defensas iraníes Zinha: Al campo Zinha es un tipo que pesa casi lo que Crouch (66 kilos) pero con 1,63 de estatura. Es decir, una bala, con potencia y habilidad porque además es un brasileño reconvertido en mexicano. Fue salir el pequeñito y a Irán le entró un vahído. Entró Zinha y revolucionó el partido con su velocidad, sus aperturas y sus entradas desde la segunda línea. En ese batiburrillo, México encontró la ingenuidad de Irán, cuya defensa facilitó el segundo gol en un error que aprovechó Zinha para asistir a Bravo, que encontró en el recién entrado el socio que necesitaba. Luego, el mexicano- brasileño marcó el tercero y sentenciaba el choque mientras que Irán buscaba sombras, enanas, en ese caos en el que Zinha había convertido el encuentro. México ganaba el partido, pero dejaba dudas sobre su mecánica general, alterada milagrosamente por un futbolista letal. AFP UNA BALA BERND SCHUSTER Un cambio vital Les empató Irán de la misma manera porque, no nos engañemos, tampoco podía de otra manera, con problemas creativos para afrontar defensas modernas y sin excesivo mordiente o llegada. Así que ahí andaban ambos equipos, en el alambre, con mucho riesgo mexicano de estrellarse por toda la polémica creada en el equipo en las vísperas del evento y porque su juego no convencía a nadie. Pero La Volpe, que puede ser conflictivo pero de tonto no tiene un pelo, miró al banquillo y vio al pequeñito. Se dijo esta es la mía y habló con Ricardo La Volpe vio la jugada, la mala jugada, de su equipo y en el descanso arregló la situación. En el minuto 46 decidió meter a Zinha en el equipo en sustitución del jugador del Villarreal, Guille Franco. La bala en la recámara que tenía el técnico mexicano decidió el partido.