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60 LUNES 12 6 2006 ABC Toros MONUMENTAL DE BARCELONA Monumental de Barcelona. Domingo, 11 de junio de 2006. Media entrada. Novillos de Garcigrande y Domingo Hernández, el 1 como sobrero, correctos de presencia, sin excesos y de buen juego en general. Julio Benítez El Cordobés de blanco y plata. Estocada (petición de oreja y vuelta al ruedo) En el cuarto, pinchazo, media estocada y tres descabellos. Aviso (silencio) Cayetano, de rosa y oro. Dos pinchazos, estocada atravesada, estocada y descabello (ovación) En el quinto, pinchazo y estocada (oreja) Palomo Linares, de celeste y plata. Dos pinchazos, metisaca y media estocada. Aviso (ovación) En el sexto, estocada desprendida (petición y vuelta al ruedo) Cayetano Rivera Ordóñez torea a la verónica genuflexo y elegante EFE Entre la nostalgia y la esperanza ÁNGEL GONZÁLEZ ABAD BARCELONA. Todos los mítines gratuitos que se han organizado hasta ahora en la campaña del referéndum del Estatuto no han reunido juntos tantas personas como las que ayer acudieron a la Monumental de Barcelona. Previo paso por taquilla los aproximadamente 10.000 espectadores que se congregaron a la llamada de un cartel con tres novilleros debutantes. Por eso la expectación que levantó la novillada en la que se presentaban en Barcelona el hijo de El Cordobés, el hijo de Paquirri y nieto de Antonio Ordóñez, y el hijo de Palomo Linares; contrasta con el ansia abolicionista que se ha apoderado de nuevo de determinados políticos. La Fiesta se encuentra en la picota, al albur de cualquier rifirrafe estatutario. El Parlament de Cataluña debatirá el próximo día 22, si el tiempo no lo impide, una proposición de ley que puede acabar con el espectáculo taurino en estas tierras. Y así, mientras en la Monumental miles de aficionados reivindican una fiesta, una tradición, una cultura; los políticos enfrascados en sus cuitas pueden acabar de un plumazo con la Fiesta por un simple voto de castigo al enemigo. Así de triste, tanto como la nula reacción del entramado taurino- -toreros, ganaderos, empresarios- Cayetano embrujó. Al quinto le dibujó muletazos increíbles por su profundidad y belleza Julio Benítez, entregado y templado, y Palomo Linares, firme y hondo, completaron una buena tarde que parece contemplar la gravísima situación de Cataluña como algo ajeno. Y en este contexto, bajo la espada de Damocles que supone la mocioncita de marras que esgrime Esquerra Republicana, la tarde discurrió entre la nostalgia de tiempos mejores y la esperanza por un futuro que antes tiene que pasar por vencer y ganar el presente. Nostalgia de figuras del toreo y esperanza en tres chavales que quieren emular las glorias paternas. Los tres, Julio Benítez, Cayetano y Palomo Linares, tienen genes toreros para dar y vender. Los tres demostraron que no venían a firmar el certificado de defunción de Barcelona con un cartel del ayer, de los años sesenta o setenta, sino que lo suyo es apostar por el futuro. Por ello la tarde tuvo su argumento de principio a fin. Si no llega a ser por los fallos a espadas en unos casos y por la rigidez presidencial en otros, podríamos estar hablando de un festejo triunfal. Buena la novillada de Garcigrande y Domingo Hernández, que es lo mismo con distinta divisa. A modo, sin excesos en la presentación y ofreciendo el triunfo en bandeja a sus matadores, como lo demuestra que el interés de la tarde se mantuvo en las seis faenas, rematadas con mejor o peor fortuna con los aceros. Bueno el primero, con el que Julio Benítez estuvo valeroso, con entrega novilleril y además enjaretando series por uno y otro pitón que tuvieron largura y temple. Acertó a bajar la mano y llevar prendidas las dulces embestidas. Tras una estocada, el palco le negó la oreja sin mucho criterio, ésa es la verdad. En el cuarto, él mismo perdió los trofeos por andar hecho un pinchaúvas, una vez que había toreado en el mismo tono de garra y temple. Cayetano embrujó. Al segundo lo toreó de forma espléndida con capote y muleta. A un comienzo de faena de una pulcritud exquisita le siguieron series con la derecha en las que le faltó un punto de ajuste y acoplamiento, aunque supo remontar al final con remates de orfebrería. Desencantó con la espada. Al quinto, flojito, lo fue mimando para acabar dibujando muletazos increíbles por su profundidad y belleza. De uno en uno, es verdad. Con desarmes, también cierto, pero con un aroma, una torería y una expresión que cautivaron los tendidos. Palomo Linares también ofreció una buena dimensión. Firme, buscando siempre la hondura en su toreo que fluye con facilidad. Anda bien de valor y lució mucho más en el sexto en series ligadas siempre de al menos cinco muletazos que tuvieron ajuste en la ejecución y apostura en los remates. La estocada desprendida permitió que el presidente dijera no a la oreja solicitada.