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56 Cultura 65 FERIA DEL LIBRO DE MADRID La hoguera de las vanidades LUNES 12 6 2006 ABC LUIS MATEO DÍEZ Escritor Todo cuento debiera contener la sustancia de la eternidad En tiempos de amenaza arbórea, Mateo Díez reúne cuarenta años de relatos en un frondoso El árbol de los cuentos (Alfaguara) Sus cuentos dejan ver el bosque de un mundo de desasosiegos, de tipos extraviados y perdiciones desde una escritura perpetua y perfecta TEXTO: ANTONIO ASTORGA FOTO: SIGEFREDO El Instituto Castellano y Leonés destapa los Versos ocultos de Díaz- Caneja b El pintor cubista palentino exploró su faceta poética en los años treinta. El resultado se reedita ahora como último fleco del centenario de su nacimiento P. G. MAHAMUD MADRID. Porque quien es esencial en su tierra la trasciende y no es ésta la anécdota literaria de un pintor que incurre en la poesía en sus ratos libres, sino el reflejo de una personalidad compleja y fecunda se ha decantado el Instituto Castellano y Leonés de la Lengua por la reedición de los Versos ocultos de Juan Manuel Díaz- Caneja (Palencia, 1905- Madrid, 1988) Así lo expresa su director, Gonzalo Santonja. Rota la tónica de estudios lingüísticos y la ley no escrita de no editar poesía (el organismo ha publicado sesenta títulos) el Instituto recupera un racimo de versos que datan de la década de los 30, dado que en ellos, como en los cuadros de su autor, se descubre con mirada penetrante, lúcida y abstracta la tierra de Castilla y León y el espíritu de su gente Premio Nacional de Pintura en 1958 y protagonista el año pasado de una retrospectiva en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía con motivo del centenario de su nacimiento, Díaz- Caneja tan sólo había publicado algún poema en la revista burgalesa Parábola y en Blanco y Negro cuando en 1991 el editor Javier Villán rescató todas sus creaciones, incluidas las inéditas aportadas por su viuda, Isabel. Lo modesto de la tirada (300 ejemplares) no impidió que Víctor García de la Concha ejerciese de altavoz del hallazgo a través de las páginas de ABC, acuñando aquello de versos cubistas con el indudable valor de servir de tratado introductorio a la cabal comprensión de su visión del paisaje de Castilla MADRID. ¿Qué ha encontrado en esta tierra que usted ha abonado terrón a terrón para la distancia corta? -El subsuelo de escritor, el humus del que vienes. Muchas tonalidades que forman parte nutritiva de tu universo, de tus obsesiones. Cada vez me siento propietario más indolente de mis ficciones. La perfección se gana en el olvido. Como me hago mayor, me interesan más los sentimientos que las ideas. -En tiempos convulsos para los árboles, usted los siembra. -De los árboles se hace el papel de los libros y escribir requiere tener madera de escritor. Como proemio siembro primero cuentos de los árboles para buscar la ejemplaridad del relato popular, pero sin ningún tipo de pretensión de antropología cultural. Uso el arquetipo del que sale a buscar algo que no sabe lo que es, pero que tiene una gran inquietud de hacer algún hallazgo más allá de la rutina de sus días. ¿En sus cuentos anida la intrahistoria de quien viene atraído por un secreto que nunca pudo confesar y que parece irradiar un misterioso poder de atracción casi destructivo? -Esa es una pauta simbólica de nuestra propia condición. Siempre buscamos algo que no sabemos lo que es, determinado por nuestra ilusiones y ambiciones. Y nuestro pasado está repleto de deudas. Hay débitos inconfesables. ¿A qué raíz literaria se debe usted? -Fui un escritor lejano, juvenil, con una clara conciencia de que pertenecía a la tradición en la que está mi lengua. Eso lo compaginé con todas las literaturas europeas. Muchas son las lenguas y una la literatura. El libro expone el arraigo de mi tradición. El cuento literario lo aprendí con los grandes maestros: Poe, Maupassant, Chejov... He sido alguien muy marcado por el cuento popular y por la tensión narrativa. Y me siento heredero de la tradición española: Clarín, Valle- Inclán, cuyos cuentos brillan y están construidos con una concreción muy peculiar: Baroja, Aldecoa, Dieste... ¿La tradición española ha vivido del cuento? -Uno repasa la tradición española y se da cuenta de la importancia que ha tenido el cuento. Y en lo hispánico, con maravillosos creadores. Hace unos años José María Merino hizo una antología de cien años del cuento en España que es reveladora. Lo remarco un poco, porque me parece que entre la gente joven- -donde hay estupendos cuentistas- -se nota un cierto desnorte en cómo asume uno su tradición y la compagina con otras para lograr el punto creativo preciso. Y cómo se olvidan de su tradición y de la lengua en la que están y se meten en otros terrenos. A veces lees cuentos de autores españoles que parecen norteamericanos y son siempre peores que los norteamericanos. ¿Revele el gran secreto de un excelente cuento? -Contar un asunto crucial de la vida, que es siempre algo con más significaciones que un mero hecho o suceso. Todo cuento debiera contar, relatar y contener la sustancia de la eternidad. Cuénteme lo más importante de su existencia... ¿Ese sería el reto? -Sin duda. Por eso yo creo que el cuento es el más difícil de todos los géneros, pero alberga el reto de la perfección. Uno se la puede jugar con un cuento para hacer un relato perfecto (pero yo no lo voy a lograr jamás, seguro) -Sí, pero eso le pasa a la novela... ...No, no, porque la novela puede ser imperfecta. El cuento tiene el cuarto a espadas tremendo de la intensidad, de la necesidad, de la significación y no admite desmayos. Los grandes cuentos del pasado contienen elementos sustanciales de la condición humana. A veces en latidos cortos, fogonazos, momentos luminosos, desde la extrema emoción o desde ese conducto casi abstracto en el que también hay un latido enormemente inquietante que es por donde andaría la estela de Kafka. Y a mí me gusta mucho. Renovado lenguaje La comunidad canejista tiene visos de crecer con la reedición de este poemario del que tanto Villán, su responsable, como el escritor José Esteban, amigo personal del pintor, subrayan un afán de creación y libertad; algo que Díaz- Caneja encontraba en sus lecturas de Faulkner y se veía igualmente en sus cuadros Y en tal correspondencia entre lienzos y cuartillas, un íntimo convencimiento del artista, que entronca con la vanguardista Escuela de Vallecas, a la que se acercó como sus amigos Alberti y Lorca: Se negaba a todo realismo testimonial; pensaba que no se podía hacer la revolución con los mismos lenguajes de los grupos sociales a combatir