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11 6 06 CLAVES DE ACTUALIDAD diferencia de la del resto de los bagdadíes: morir por azar puede ocurrirle a cualquiera. Pero en la vida de Sheda hay riesgos específicos relacionados con su condición de periodista: Al Sabah es un periódico oficial, y por ese motivo ha recibido numerosas amenazas y ha sido asaltada. Tiene que ocultarse bajo una identidad falsa. Nunca da su dirección ni pistas que ayuden a encontrarla, pues teme ser asesinada. En Irak las amenazas a la prensa tienden a cumplirse y es imposible olvidar a Atwar Bahjat, la popular reportera de Al Arabiya asesinada hace tres meses. La censura es casi la misma que en tiempos de Sadam dice Sheda a ABC. Su denuncia se ha escuchado en Beirut (Líbano) donde mujeres periodistas de 15 países árabes y occidentales se reunieron en el II Congreso Mujeres en los medios de comunicación del Mediterráneo Entre sus testimonios, fue especialmente estremecedor el de Salima Tlemçani, seudónimo con el que una de las periodistas más prestigiosas de Argelia firma sus crónicas. Autocensura Salima, reportera de El Watan, se ofreció voluntaria para cubrir los atentados y las violaciones de los derechos humanos en los 90. Poco después, su nombre pasó a la lista negra de los integristas del GIA. Desde el primer momento adoptó el punto de vista de las víctimas, reflejó el sufrimiento de las familias de los muertos y siguió escribiendo sobre la erosión psicológica y social que sufren tiempo después de la muerte de un ser querido. La sangría de periodistas de la década pasada parece contenida, aunque Salima asegura que la mayor dificultad que tenemos que superar hoy es la autocensura, una guerra psicológica que limita nuestro trabajo La reportera argelina sabe de qué habla. En sus trabajos de investigación diversos altos cargos del régimen- -lo que ella llama la mafia político- financiera -han resultado implicados en casos de corrupción. Esto le ha valido varios procesos judiciales. La situación de su país es dramática para todos, pero especialmente para las mujeres: Antes del régimen militar había muchas mujeres periodistas, ahora cada vez hay menos y se nos invita a marcharnos La invitación a desaparecer que recibió la libanesa May Chidiac, la presentadora más popular de la canal LBC, fue expeditiva. El pasado septiembre hacía explosión una bomba colocada en los bajos de su coche. Se había hecho molesta por sus implacables críticas a Siria y su defensa de la plena soberanía del Líbano. May sobrevivió, pero perdió una pierna y un brazo. Sheda al Jatabi, periodista iraquí, sólo se muestra a cara descubierta cuando sale de su país Reporteras Periodistas árabes en las tinieblas Cuando se es mujer e informadora en un país musulmán en conflicto, el periodismo se convierte en un oficio de muy alto riesgo TEXTO Y FOTO: IRENE LOZANO. BEIRUT ntes de salir de casa, Sheda Al Jatabi se coloca el velo. Las iraquíes no estaban acostumbradas a hacerlo, pero la pujanza de los grupos religiosos ejerce una enorme presión. Resulta mucho más seguro llevar la cabeza cubierta. Con todo, no se trata del gesto cotidiano más difícil para Sheda. Antes de salir hacia la redacción de Al Sabah debe acopiar fuerzas A para enfrentarse a la muerte y la destrucción. Cada mañana, cuando sales de casa, ves cadáveres en las calles, cuerpos de gente inocente, asesinada o secuestrada sin motivo En eso su vida no se Sheda es amenazada sólo por trabajar en el periódico iraquí Al Sabah Cuando hace una entrevista, debe ocultarse bajo una identidad falsa y no dar nunca su dirección