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4- 5 D 7 LOS DOMINGOS DE El mirlo blanco Durante toda su vida ha sido un buscador de talento. Lo hizo durante dos décadas para Arthur Andersen, luego para Iberdrola, y hoy Carlos López Combarros, amén de profesor, es asesor de Isbank. A él tampoco le gusta hablar de triunfo, sino de éxito, porque tiene que ver más con las expectativas y con la felicidad y la frustración que se sienten ante esas metas Considera que el éxito se mide con dos varas: una externa, con la que la sociedad te ubica, que aunque pueda ser certera es vacua; y la interna, que es por la que más se fía, que se fija en los talentos y cómo los has desarrollado. Un candidato a conquistar el éxito, a su juicio, debe tener aptitud para comunicarse, y óptimo sería que pudiera hablar en público; iniciativa y capacidad de decisión; habilidad para gestionar el tiempo y priorizar tareas; debe saber redactar, sintetizar documentos e información; trabajar en equipo, ser resolutivo y buscarse la vida, teniendo la visión de ir siempre por delante; estar motivado, orientado a metas, e implicarse y comprometerse; relacionarse bien con los demás, generar buen trato y confianza, y desenvolverse bien en cualquier entorno; ser capaz de adaptarse rápidamente a los cambios; tener interés, capacidad y, sobre todo, ilusión por aprender; y, obviamente, tener una ética seria en sus comportamientos. Adicionalmente, nos gusta ver aspirantes que, si han tenido la oportunidad de formarse, lo han hecho de una manera sólida y amplia, más allá de los apuntes; que si es posible hablen un segundo idioma, que tengan conocimientos ofimáticos e informáticos, y que presenten una imagen cuidada. ¿Esto es un mirlo blanco? Pues hombre, a eso deberían tender la mayoría de las personas Aptitud para comunicarse, gestionar el tiempo y tomar decisiones, cualidades indepensables para llegar a la meta luña, es el paradigma de todo lo anterior. La economista ha querido compartir su reflexión sobre el triunfo y ha escrito El encanto de Hamelín (Editorial Alienta) donde se vale de la fábula del famoso flautista y los ratones para ejemplificar las cualidades del nuevo líder. Entre la gente que estudia y va a la Universidad- -reconoce Sala- -hay demasiados vacíos, porque allí enseñan conocimientos pero no aptitudes, y una de las que se olvida es que muchos de ellos acabarán dirigiendo a personas. Eso lleva a que la gente cuando empieza a trabajar se topa con un salto bastante importante. Por eso cada uno debe buscar la manera de ejercitarse en la habilidad de comunicar, que es esencial, lo mismo que en aprender a escuchar, porque sueles encontrarte mucho autista, que va a su bola, y que luego se queja de que la gente no le sigue cuando no le ha preguntado por qué está con él, qué busca y qué pretende. No es del todo verdad que el líder nace y punto: de la misma forma que la gente aprende a nadar, se puede aprender el liderazgo y en las universidades tendrían que trabajar más en esto, de la misma manera que lo trabajan las escuelas de negocio. Desde luego, la gran recomendación es saber escuchar y saber adónde vas. Y aprender de la vida. Que se dice muy fácil pero se hace muy difícil mar equipos potentes y enérgicos; gente que esté cómoda en el mundo global, que sepa capitalizar la diferencia y que no se quede en la periferia de las creencias religiosas, de los colores, razas... El talento- -recuerda Álvarez de Mon- -es cosmopolita, pero es un músculo que hay que ejercitar para que no se dilapide: Nadal es un hombre con talento, pero lo que le hace un jugador especial es su carácter. Más allá de los títulos que se tengan, y no seré yo el que tire piedras contra mi propio tejado, el éxito es del que usa la vida como escuela última, como referencia constante, con curiosidad y hambre de aprender. Y todo ello siendo auténtico y genuino, saciados como estamos de tanto superman y superwoman Porque la persona de éxito, según el cirujano Mario Alonso, autor de Madera de líder (Ediciones Empresa Activa) será aquella que sabe gestionar su tiempo de acuerdo a sus prioridades y no se deja desequilibrar por apariencias de cosas que no son importantes, aunque sean urgentes, lo que la lleva a vivir con un componente alto de serenidad; que dedica un porcentaje de su tiempo a eso que le permi- te alcanzar objetivos valiosos para su vida y la de los que le rodean, con un grado de ilusión y de alegría en el día a día lo bastante alto para afrontar la adversidad, y que dedica tiempo a soñar, a visionar posibilidades y a trabajar hacia ellas La base del entrenamiento Un camino hacia el estrellato que requiere preparación. Porque el aspirante a triunfador, según prescribe Alonso, debe entrenarse en la empatía, para percibir más lo que el otro siente que lo que piensa, y establecer una conversación mucho más positiva consigo mismo: si habláramos a los demás como muchas veces nos hablamos a nosotros mismos no tendríamos ni un amigo. Se ha estudiado lo que pasa en el cerebro cuando nos hablamos negativamente y se ve cómo el riego cerebral deja con menos sangre zonas vitales para pensar con claridad, además de inducir la aparición de hormonas que pueden ser muy limitantes ¿Quién dijo que triunfar (de verdad) era fácil? Para la legión de los abonados a la ley del mínimo esfuerzo siempre quedará el atajo de la fama. Entonces hay que seguir otras pistas: Para tener éxito- -recomendaba Onassis- mantenga un aspecto bronceado, viva en un edificio elegante, aunque sea en el sótano, déjese ver en los restaurantes de moda, aunque sólo se tome una copa, y si pide prestado, pida mucho El arte de vivir No en vano el profesor Santiago Álvarez de Mon, profesor del IESE y autor, entre otros libros, de Paradigmas del liderazgo (Prentice Hall) o Desde la adversidad (Mc Graw Hill) aconseja que antes de nada cada uno defina lo que entiende por éxito, porque como persigas lo que creen los demás estás perdido. Desde luego, el éxito de este siglo va a tener que ver con el arte de vivir, con la sabiduría de conocerse, de trabajar para proyectos que merezcan la pena más que con definiciones que se quedan en la espuma. Gana enteros la capacidad de mirar a la realidad, la apertura mental, hacer las paces con los hechos y no enamorarse de las propias ideas sino ser capaces de desasirse de las mismas y ser conscientes de lo que acontece; y eso requiere humildad, plasticidad mental, versatilidad, juventud psicológica, que no cronológica; habilidad para gestionar la paradoja, capacidad para ar-