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10 La Entrevista DOMINGO 11 6 2006 ABC MANUEL PENELLA Escritor La demonización del rival político, drama que nos afecta, es fascista y comunista Acaba de publicar La Falange Teórica análisis lleno de claves actuales sobre la influencia que José Antonio Primo de Rivera ejerció en los políticos de la República TEXTO: JESÚS GARCÍA CALERO FOTO: DANIEL G. LÓPEZ MADRID. Manuel Penella acaba de publicar en la editorial Planeta su ensayo La Falange Teórica una aproximación meticulosa a la génesis del movimiento fascista español que fundó José Antonio Primo de Rivera. La primera gran sorpresa de este libro, escrito desde la banda izquierda- -valga el símil futbolístico- -por un doctor en Filosofía y Letras que fue secretario de Dionisio Ridruejo, es la ecuanimidad con la que reconoce los valores teóricos que Falange aportaba, entre ellos su preocupación social, y al mismo tiempo denuncia su radicalización y su legitimación de la violencia. Además, el libro resulta apasionante cuando explica las relaciones de Falange con el resto de partidos en la II República y, sobre todo, el poder de gravitación, de radicalización, que ejerció sobre la derecha y, simétricamente, también sobre la izquierda, con el trágico final que aún recordamos. El libro es todo un tratado de memoria histórica, concepto hoy tan en boga. ¿Cómo explica la influencia de José Antonio en aquella derecha? -De entrada, más que la figura de José Antonio, lo que ejerce fascinación sobre aquella derecha en general, la derecha antirrepublicana, fuera monárquica por un lado o católica por el otro, es el modelo mismo, el modelo fascista. Claro, como en Italia convive Mussolini con el Rey, parece que se puede por ahí tener una vía para derribar la República, o por lo menos tener un argumento poderoso, para decir que la República ni siquiera es un régimen moderno. Lo más moderno entonces es el fascismo, lo más potente, atractivo, lo ultramoderno. ¿Qué diferenciaba a los liberales de los fascistizados? -Los monárquicos liberales son más pasivos, como su nombre indica, más pacíficos, y desarrollan su modo de vida con relativa comodidad bajo el régimen republicano. Hay que diferenciarlos muy bien de los monárquicos fascistizados, que son los que realmente están dispuestos a echar mano del fascismo para derribar la República. ¿Hasta qué punto? No creo que un conservador católico estuviera por la revolución. -Ahí está la gran ambigüedad de los dos planteamientos. Porque incluso los que llamamos monárquicos fascistizados, ¿hasta qué punto estaban dispuestos a un verdadero fascismo? Más bien eran partidarios de un autoritarismo teocrático y medieval, antes que de una revolución social de acuerdo con el ideal teórico del fascismo. La derecha se ve atraída por el modelo fascista, pero lo asume de manera incompleta. Ve la posibilidad de contar con un corpus doctrinal con el que hacer frente a la República, pero sin un sentido revolucionario. -En teoría, la religión y el fascismo- nazismo no se llevaban bien. -Tanto el fascismo como el nazismo son movimientos paganos. De ahí que Gil Robles y otros católicos tengan cierta prevención. Lo mismo se puede decir de los monárquicos liberales, que compartían esa prevención frente al modelo pagano y esencialmente materialista del fascismo europeo. Pero claro, ello no obsta para que los primeros pretendieran aprovecharlo. ¿A Gil Robles le viene bien que exista José Antonio? ¿Y su doctrina social? -Ésa no les gustaba nada. En común tienen algo importante, y es este elemento católico que debería protegerlos contra el fascismo, pero que no les protege porque el famoso pacto de Letrán, entre el Papa y Musolini, allana el camino del totalitarismo. Si el Papa considera que Mussolini es un hombre providencial y hay un tratado tan importante de por medio, ya no se puede argüir que el fascismo es cosa mala. -Dice que nazis y fascistas están de vuelta del liberalismo, pero que en España sólo están en sus trece. -Había un déficit liberal generalizado en la derecha española. Y los que tenían un determinado componente liberal en su actitud se vieron prácticamente desautorizados por la Iglesia, primero con el pacto de Letrán y después con la encíclica Quadragesimo an- Manuel Penella, en Madrid LA DERECHA, SIN DEFENSA Había un déficit liberal generalizado en la derecha española. Y los que tenían un componente liberal se vieron desautorizados por el pacto de Letrán entre Mussolini y el Papa LOS LIBERALES Los monárquicos liberales típicos de la época, como por ejemplo Juan Ignacio Luca de Tena, no veían con buenos ojos el fascismo porque conocían el lado tenebroso del asunto no. Pío XI condena explícitamente en ella el socialismo moderado y recomienda el estado corporativo. De alguna manera hacen pie en ese mensaje papal para estar unánimemente en contra de la República. Ése es el drama, que sin ese fundamento habría sido casi inconcebible que apareciese en España un fascismo o un derechismo tan reaccionario. -En un entorno en el que todo empieza a extremarse. -Claro. Los monárquicos liberales típicos de la época, como por ejemplo Juan Ignacio Luca de Tena, no veían con buenos ojos el fascismo porque conocían el lado tenebroso del asunto. Sin embargo, se verán desautorizados por esa doctrina papal que apoya el estado corporativo en contra de la República, y que también condena el socialismo. Finalmente esa doctrina quita la fuerza de sus argumentos frente a los monárquicos fascistizados. -En el libro también menciona la polémica que Juan Ignacio Luca de Tena tuvo con José Antonio en estas páginas. -Juan Ignacio Luca de Tena lo expone con cruda claridad: dice que el fascismo son las detenciones arbitrarias, los secuestros y la brutalidad, y que no quiere saber nada de eso. -El periódico sufre también esa tensión que dividía la derecha. -La derecha está de acuerdo en que la República no es el régimen ideal y que es el régimen a batir. Ahora, tanto los liberales como Gil Robles saben que el curso de la historia no se puede revertir de un día para otro, tienen cautela y una actitud de colaboración con la República con miras a la estabilidad mínima para poderse desenvolver en la vida del país. En cambio los más radicalizados, monárquicos fascistizados los llamo yo, así como José Antonio,