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6 Opinión DOMINGO 11 6 2006 ABC AD LIBITUM PROVERBIOS MORALES EL FUTURO DEL CHARNEGO STA España nuestra resulta tan estrambótica que empuja a la oposición, como ayer en Madrid, a expresarse en la calle y le deja al poder, sin muchos mohínes de disgusto, el monopolio del BOE. Donde nadie dice nada- ¿quién podría hacerlo? -es en el Parlamento. La conversión de nuestra peculiar democracia en pura aritmética ha volatilizado el diálogo político para convertirlo en sermones sin respuesta. Ante tal cúmulo de disparates, al ciudadano reflexivo, responsable, que rechaza la adhesión incondicional a una sigla, aunque se encuentre cómodo en sus cercanías, solo le queda el juicio de los signos externos. De ahí la importancia de las M. MARTÍN anécdotas. FERRAND Algunos socialistas de buena fe, tan escasos en la cúspide del partido como abundantes en las bases y en su parroquia electorera, le quitan importancia al problema catalán -en realidad, el gran problema español -porque dicen y piensan que el PSC no es más que una extensión del más clásico PSOE, aquel que, aunque receloso con las libertades, (casi) siempre hizo honor al sentido de las letras de su emblema; pero ya no es así. El PSC, primero la organización catalana del partido y después franquicia socialista en el territorio, ha pasado a ser un grupo nacionalista, posiblemente más radical que CiU y tanto como ERC. Es el maragallismo, una contradicción rampante que, además de presidir el confuso Govern catalán, quiere pasar a la inmortalidad como la fuerza que salvó algo que nadie había amenazado en los últimos treinta años, la identidad de Cataluña. Maragall, un político acabado que llegó a president desde una derrota, le ha cogido gusto a la púrpura del mando y no se la quita, con el calor que hace, ni para dormir. Tanto es así que ha llegado a insinuar que José Montilla, el secretario general del PSC que le llevó a la Generalitat, no podrá ser su sucesor en la presidencia porque ha nacido en Córdoba. Le niega, en un feo arranque de xenofobia, la condición de ciudadano de Cataluña, algo a lo que ni de lejos se hubieran atrevido a hacer Josep Tarradellas o Jordi Pujol, sus predecesores. La hipótesis de Montilla como aspirante a la Generalitat, tras el referéndum, nos conviene a todos. No en la previsión de su triunfo, que ya sabemos adónde puede llegar la fe de los conversos, sino por su inmediato relevo como ministro de Industria y Etcéteras. Hasta Josep Piqué, uno de los pioneros en el desastre energético nacional, lo hizo mejor en ese cargo, y, además, los intentos del cordobés errante por hacer méritos y servir a La Caixa y otros acreedores de su partido han sido tan negativos- -opa de Endesa incluida- que tampoco a Cataluña le conviene tener un embajador en Madrid de tan poco fuste y tal capacidad para la intriga. Pero no es por esto último por lo que su jefe y beneficiario le quiere dejar de charnego. ACOSO vivir melancólica y orteguianamente con España, porlos Ciutadans de Catalunya les han vuelto a reque, incluso de modo no consciente, sabían que sólo su ventar un acto público, esta semana, los habituaoposición a la España supuestamente opresora alimenles escamots, más crecidos y pendencieros cada taba la ilusión de la existencia de una nación catalana. día que pasa. La confederación tiene ese precio: desapaPero he aquí que llega Rodríguez y les escamotea- -nunrece la tolerancia civil en los territorios neo- nacionales ca mejor dicho- -la mayor, o sea, España. El silogismo que, en adelante, administrarán los nacionalistas a goya no funciona. Buscando desesperadamente una Esparrazo limpio. Y es lógico. El Estado se sublima, la violenña a la que oponerse, los nacionalistas catalanes cia política toma el mando. descubren de repente a los catalanes no nacionaA mi juicio, ahí reside precisamente el desatilistas y eso es España para los escamoteados escano fundamental del proyecto de Rodríguez, por mots. La violencia contra el PP y Ciutadans de llamarlo de alguna forma. Cuando se pasa de la Catalunya irá en aumento porque no puede ser nación en singular a la pluralidad de naciones, es de otra forma. Ya no cabe más modalidad de afiringenuo creer que la gobernabilidad podrá sostemación nacional catalana que la agresión a los nerse (lo de que pueda mejorarse suena a choteo) catalanes reacios al consenso nacionalista. ObSi la lealtad nacional se fragmenta, no hay EstaJON viamente, las elites políticas evitarán implicarse do que resista. Incluso los partidos nacionales terJUARISTI directamente, pero deberán forjarse al menos minarán por desentenderse de un Estado converuna retórica de acoso si pretenden competir en fervor tido en plurinacional de la noche a la mañana. Mantener nacionalista con los sectores más violentos y radicales la ficción de que sigue existiendo Estado de algún tipo en (ya lo están haciendo: el eslogan antes mencionado es Cataluña parece absurdo y, a corto plazo, perjudicial paun buen ejemplo) y, desde luego, tratarán de inhibirse ra todos, nacionalistas y no nacionalistas. La lealtad a la en la represión de los acosadores. ¿Cómo lograrlo? Sus nación española, que legitimaba al Estado nacional en homólogos vascos podrían darles algunos consejos, sin Cataluña, ha sido sustituida por la lealtad a la nación duda, aunque la experiencia suele ser difícilmente transcatalana, que por ahora no pasa de ser un sentimiento misible. sin referente político (o sea, un nacionalismo puramenSupongamos- -y si la suposición rompe un tabú, mete étnico) Esta situación crea inseguridad y angustia jor que mejor- -que se hubiera optado directamente por entre los propios nacionalistas, con proyectos políticos conceder la independencia a Cataluña. En el peor de los distintos y hasta encontrados. Se comprende- -aunque casos, se habría producido una lucha por el poder entre resulte injustificable- -que las elites nacionalistas tralos partidos nacionalistas con riesgo de degenerar en ten de convertir la angustia de sus bases en agresividad, guerra civil, pero los no nacionalistas habrían quedado no ya contra el Estado que se ha desactivado en Catalual margen. Evidentemente, no en una posición cómoda ña, sino contra los sectores de la población catalana que (a la larga, sólo les quedarían tres opciones: asimilarse a se proclaman todavía leales a la nación española. los nacionalistas, emigrar o resignarse a la condición de Sí: guanya Catalunya. No: guanya el PP Identificar extranjeros en su tierra) Sin embargo, la agresividad al enemigo de la nación es el primer paso para construir contra ellos perdería sentido y función. La ruptura del una nación que aún no existe, bien porque se perdió pacto nacional manteniendo la ficción del Estado- -re ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿En 1714 o en 1939? bien porque, sultado de la pirueta enloquecida de Rodríguez- -los como todo nacionalista sospecha en el fondo de su alma condena a ser los chivos emisarios de una Cataluña ingocuatribarrada, nunca existió. El dilema no es nuevo. bernable. Los nacionalistas catalanes se habían acostumbrado a E A -Hay que decir que ellos manejan a las víctimas del terrorismo, a ver si así disimulamos el Alto Comisionado que nosotros les colocamos.