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86 SÁBADO 10 6 2006 ABC MUNDIAL 2006 RÉCORD DE GOLES JORNADA INAUGURAL Lahm firmó el primer gol de un Mundial que comenzó con un récord de tantos en el partido inaugural. La plusmarca anterior data de 1950, cuando Brasil ganó 4- 0 a México. En los últimos diez campeonatos sólo se marcaron en total nueve goles en el primer encuentro (Viene de la página anterior) derecha, aunque juegue por la izquierda, Klinsmann saltó como un energúmeno. Ese tempranero tanto era justo lo que necesitaba su equipo para asentarse. Y en eso estaba cuando Wanchope apagó la megafonía del vociferante estadio. Empate. Me acordé en ese momento de Bernd Schuster y su columna de ayer en ABC. La selección alemana dejaba al descubierto sus miserias defensivas con un achique fuera de lugar y más de veinte metros a sus espaldas. No siempre van a encontrar un rival menor, aunque voluntarioso, ni tampoco tropezarán con un segundo gol tan rápido que permita recuperar el aliento y tranquilizar los ánimos. Posiblemente porque el propio equipo se siente inseguro atrás, Alemania no corrió riesgos a partir de entonces. Intentó mantener el balón, jugarlo el mayor tiempo posible con circulaciones largas y sólo aceleraba el ritmo cuando Lahm se subía en su moto por la izquierda o Borowski hacia correr el balón. La sombra de Ballack estuvo siempre presente, quizás por eso Lahm le dedicó su gol. Mantuvo su compostura Costa Rica, que obligada a jugar con muchos hombres por detrás del balón tenía demasiados metros por delante y pocos efectivos para comprometer a la defensa alemana. Cuando Klose marcó el segundo de su cuenta todos pensamos que el partido estaba cerrado e incluso podía acabar en goleada, pero volvió a replicar Wanchope en un tanto de habilidad. El pase de su compañero Centeno dejó otra vez en evidencia a los dos centrales germanos. Con un toque los dos quedaron fuera de la circulación y el desmarque del delantero a su espalda hizo el resto. Klinsmann miró al cielo. Ballack se levantó del banquillo. Suspiros, resoplos... Quedaba un cuarto de hora, pero Frings, trabajador incansable toda la tarde, cerró el sufrimiento con un golazo que remarcaba el triunfo de su selección, que superada la ansiedad del primer encuentro deberá mejorar en los próximos partidos, como además es su costumbre, ir de menos a más. La ceremonia de inauguración del torneo, en el Allianz Arena, fue sobria y corta, para dar paso rápidamente al fútbol Fiesta redonda en Múnich TEXTO: RAMIRO VILLAPADIERNA CORRESPONSAL Tradición bávara, hip- hop, el negro de Pelé y el blanco de Claudia Schiffer con una Copa del Mundo protagonizaron una fiesta inaugural a la que Maradona no quiso sumarse BERLÍN. Más redondo, incluido el tanteo, no pudo salir. Unas breves palabras presidenciales, un pequeño espectáculo con 1.400 bailarines y músicos, el negro de Pelé y el blanco de Claudia Schiffer portando una Copa del Mundo contra el racismo, los inevitables tamborileros bávaros maniobrando folclóricamente y el rock patrio de Herbert Gronemeyer ofrecieron un acto inaugural como deberían ser todos, expeditos y campo libre al balón. La ceremonia- -Maradona no quiso participar, pese a que la FIFA contaba con él- -reflejaba el proverbial equilibrio muniqués entre rabiosa modernidad y contumaz tradición, el imponente estadio Allianz Arena, entre leyendas del fútbol de todos los tiempos y equipos, hip- hop berlinés y multiculti la famosa coral de Tolz y granjeros bávaros en traje de bautizo, lo que siempre requiere de pantaloncillos de cuero, tirantes y brocha de afeitar en el sombrero. Presentaba Thomas Gottschalck, que es uno de esos personajes televisivos con los que cada país debería car- gar a solas, y el espectáculo evolucionó hacia el deporte con la entrada de 160 jugadores de las siete selecciones campeonas del mundo: Brasil, Alemania, Argentina, Uruguay, Italia, Francia e Inglaterra. El veterano Gronemeyer interpretó el himno del Mundial, Zeit, dass sich was dreht algo así como Hora de rodar y también lo dijo el presidente, tras saludar también en inglés, francés y español: Llegó el momento de fútbol, fútbol, fútbol Kohler dijo querer ver muchos goles y que el fútbol una a los pueblos Una monumental bandera rojigualda- negra desplegada por la eufórica hinchada recibió al equipo local. En las calles de Múnich y las gradas la gente portaba los colores nacionales en todas las versiones posibles, incluida la que representaba un gorro prusiano con pincho en forma de balón. 66.000 espectadores directos y 1.500 millones ante la pantalla en 200 países siguieron, según los cálculos, la inauguración y el primer partido del Mundial en Múnich. Tan medido todo que hasta el error de que un corista perdiera un zapato estaba previsto para relajar el ambiente según el director del espectáculo. El acto estuvo protegido por