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10 6 06 EN PORTADA Abanicos Que corra el aire P. ESPINOSA DE LOS MONTEROS l escritor Teófilo Gautier le encandiló el arte de los abanicos, tras su viaje a España en 1840. Escribió que las españolas los abrían suavemente o los cerraban con gran estrépito. Pero en realidad el abanico no es de Sevilla, ni español, ni siquiera folclórico. Hay gran confusión con este utensilio que realmente nació como la forma más primitiva de refrescarse. Una charla con Maruja Merino, cacereña, conservadora de abanicos del Museo de Artes Decorativas de Madrid, nos aclara muchas dudas. Merino es una de las autoridades en esta materia. Lleva más de quince años estudiando el abanico español, paseando por archivos y almacenes de colecciones europeas. En 2005 recibió el Willcocks Trophy, premio concedido por una importante sociedad inglesa de amigos del abanico. El museo- -dice- -cuenta con la colección mas heterogénea entre las españolas, con más de novecientos ejemplares fabricados entre los siglos XVIII y XX. Es una de las mejores de Europa, aunque en número sea superada por la de Patrimonio, que actualmente se exhibe en Aranjuez. En el resto de Europa estas colecciones están A La Reina de los belgas, Fabiola, española de nacimiento, luce un abanico a juego con el traje en la Boda de los Príncipes de Asturias. A la derecha, Montserrat Caballé con un modelo valenciano decorado con flores prácticamente abandonadas. Llevo años viajando para estudiarlas y las encuentro arrinconadas en sótanos y almacenes El abanico vino de Oriente con Marco Polo, como muchas otras tendencias del lujo, y llega a Portugal junto a las porcelanas, las especias o la seda. Rápidamente se extendió por Europa, hasta convertirse en Francia en un objeto imprescindible. Se cuenta que sólo alrededor de París había más de mil aldeas dedicadas a la fabricación de abanicos, situación que se prolongó hasta la revolución. Al paso de las modas afrancesadas, el abanico se introdujo con fuerza en España. Los mejores artesanos del país vecino se instalaron en Valencia, donde hasta hoy se sigue fabricando, aunque ya de forma industrial. Pero en el XVIII, el siglo del abanico, existía un modelo para cada ocasión. Había abanicos de misa, de luto, de novia, de ópera, de teatro, de tertulia, de toros. Los primeros souvenirs que existieron fueron los abanicos que se hacían en Nápoles para el Grand Tour un viaje destinado a completar la formación cultural de los chicos ingleses de familias bien que siempre finalizaba en Nápoles y Pompeya. Eran aquellos unos abanicos con paisajes, mapas. detalles, todo un souvenir de la época. En los isabelinos, el refinamiento llegó a extremos increíbles. Tenían todo lo que una mujer puede necesitar como arma de seducción: cuanto más completos, mejor. Algunos contaban con espejo retrovisor situado en las guardas, para no perder detalle desde ningún ángulo, lupas y anteojos para el teatro y la ópera, escondidos en el clavillo o en la argolla, lima de Pistas La mejor colección. En el palacio de Aranjuez, con 1.620 piezas; la del Museo Nacional de Artes Decorativas, con unas 900 piezas. Tiendas castizas. Casa de Diego. Puerta del Sol, 12. Tel: 91 522 66 43. Casa Gil. Cra. de San Jerónimo, 2. Tel: 91 521 25 49. Lo más fashion Loewe, en Serrano, 26. Madrid. Velacha, en Marqués de Riscal, 12. De encargo. Anny Foret, en Cristóbal Bordiú, 53 (tel: 648 00 58 80) los hace de mujer y de hombre pintados a mano y bolsa a juego. Para leer. -Catálogo de Abanicos del Museo Municipal- Colección de Abanicos del Museo de Cerámica de Valencia- Maryse Volet y Annette Beentjes: Éventais. Colección del Museo de Ginebra. Para comprar antiguo. Un anticuario. Suelen salir en las salas de subastas. Un restaurador. Pilar Manrique en Burgos: 947 13 82 74. Paco Blay es el abaniquero de Aldaya: 96 15 14 349. Abanico de Loewe de la colección de verano 2006, realizado en seda y rematado en piel de pitón Cuenta una leyenda que a alguien, mientras observaba el vuelo de un murciélago, se le ocurrió que sus alas podrían servir como abanico e inventó uno con este sistema