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ABC SÁBADO 10 6 2006 Opinión 5 UNA RAYA EN EL AGUA LA MESA DE LOS TRAMPOSOS D GALLARDÓN EN LA PICOTA UVE la suerte de asistir a la intervención de Alberto Ruiz- Gallardón en el Foro de ABC. Sus críticas al Gobierno de Zapatero fueron constantes, vigorosas, indubitables. Se pronunció contra las reformas estatutarias que amenazan con convertir el pacto constitucional en letra muerta; censuró la deriva del llamado proceso de paz adhiriéndose sin ambages a las posiciones mantenidas por su partido; recriminó muy severamente el revisionismo de un pasado que, bajo la coartada de una mal llamada memoria histórica pretende reavivar los fantasmas del resentimiento. Condenó, en fin, el radicalismo de un Gobierno que, en su afán por expulsar a la derecha de la vida pública española, no vacila en dinamitar los cimientos de entendimiento social y en iniciar una negociación con criminales confesos que, lejos de abominar de sus crímenes, están dispuestos a utilizarJUAN MANUEL los como argumento de transacción DE PRADA política. A continuación, Gallardón alertó sobre el peligro que corre la derecha si, abandonando su riquísimo acervo conservador y liberal, se enfrenta al mal que combate empleando sus mismos recursos, esto es, entregándose insensatamente al radicalismo; pues así no conseguirá sino alimentar la sectaria estrategia de cainismo y enconamiento social que rige la acción del Gobierno. Y animó a sus correligionarios a centrar su crítica en los plurales desafueros y tropelías que el Gobierno perpetra y en proponer alternativas a la sociedad, que siempre concede su confianza a quienes postulan un porvenir distinto e ilusionante, no a quienes chapotean en los lodazales del pasado. En ningún momento de su alocución el alcalde insinuó que se debiera correr un velo de amnesia sobre las circunstancias que rodearon los bestiales atentados del 11- M; tan sólo constató que ciertos debates bizantinos distraen la atención de lo que verdaderamente importa. T A Gallardón podrán hacérsele sin duda muchos reproches, como a cualquier político que ha desempeñado durante veinte años altos cargos de representación ciudadana. Las tres o cuatro lectoras que todavía me soportan saben que desde este rincón de papel y tinta hemos arremetido contra Gallardón cuando, en su afán por desmarcarse de esa derecha arriscada que lo zahiere, se ha prodigado en gestos de outsider un tanto estentóreos o exasperantes; pero estas arremetidas no nos han impedido nunca reconocer en Gallardón al político español más brillante y mejor equipado intelectualmente de las últimas décadas. Desde hace algún tiempo, Gallardón ha entendido que la mejor manera de hacer valer su singularidad no consiste en prodigar espantadas y desafecciones que sólo benefician a sus detractores, sino en integrarla en el caudal de su partido, en el que conviven corrientes muy diversas, algunas por cierto desoladoras. Gallardón encarna la posibilidad de una derecha ilustrada en la que muchos nos sentimos cómodos; mucho más cómodos, desde luego, que en esa derecha atrabiliaria que azuzan por igual la irresponsabilidad sectaria de nuestro actual Gobierno y cierto energumenismo mediático. Por supuesto que hay rasgos de Gallardón que provocan nuestra reticencia; pero de ahí a presentarlo como un monstruo de egoísmo, capaz de pisotear por ambición la memoria de las víctimas del terrorismo, media un trecho que sólo se atreve a salvar la infamia. Pocos políticos a izquierda y derecha pueden mostrar una ejecutoria tan limpia y desvelada de apoyo y compasión (en el sentido más prístino de la palabra) con quienes han sufrido la crueldad del terrorismo. Pocos tan constantes como Alberto Ruiz- Gallardón en sus muestras de aprecio y cercanía con las víctimas. Volverá a estar con ellas, latiendo con ellas, en la manifestación que esta tarde se celebra en Madrid. Por ello merece nuestra gratitud y nuestro aplauso. OS escoltas sentados en el recibidor de Punto Radio indican que ya ha llegado Jaime Mayor Oreja, un hombre con la vida marcada por ETA. En sus diferentes despachos ha estado siempre una foto de grupo de los años setenta; todos los que aparecen en ella, salvo su primo Marcelino, han sido asesinados por los terroristas. La voz aterciopelada, acunadora y dulce de Mayor suena con la misma firmeza grave con que te mira desde sus ojos claros, impregnados como de una eterna tristeza. Sonríe con el gesto cansado del combatiente que se ha acostumbrado a vivir haciendo de su existencia una trinchera: Ya estoy viejo, pero sigo teniendo las ideas claras No me creo esta tregua comono creí la del 98, la treIGNACIO gua- trampa. No me creí CAMACHO que hubiésemos derrotado a los terroristas. ETA se repliega cuando aumentan las expectativas de sus reivindicaciones, eso es todo. Y ahora ve en el proyecto de Cataluña, en el proyecto de Zapatero contra laestructura constitucional, que puede avanzar en sus objetivos políticos. Le basta con hacer concesiones para trasladar la imagen de que el proceso va adelante. ¿Para qué va a matar, pues? El objetivo de ETA es la autodeterminación, y sin autodeterminación no habrá paz. Si yo veo que ETA renuncia a la autodeterminación, vendré aquí y entonaré la palinodia. Pero nunca me he equivocado. No será un proceso largo, sino rápido. Primero Navarra, quela tendrán sin precio político, simplemente en cuanto cambie la actual mayoría. Después, la legalización de ETA a través de Batasuna. Y luego la autodeterminación en un proceso de referendos sucesivos, el objetivo común con el PNV. ETA no quiere la paz, quiere el poder, y eso no lo tendrá sin autodeterminación. Ésa es su hoja de ruta. La de Zapatero no lo sé bien cuál es, quizá una vendetta histórica, la segunda Transición, pasar a la Historia como el pacificador del País Vasco. Esas dos hojas de ruta coinciden en un momento dado: ahora es el Gobierno el que está haciendo el papel del PNV en 1998, en el pacto de Estella. Y se le va a ir de las manos El Gobierno desea al PP cerca para anestesiar a la sociedad española, porque necesita que la euforia de lapaz amortigüe el impacto de la autodeterminación. Por eso yo creo que nos tenemos que alejar, para precipitar el proceso, porque el PSOE no quiere asumir solo los riesgos. A mí la soledad no me asusta, he estado mucho tiempo solo en política, y sé que tu voz se vuelve importante. Este proceso es un diálogo entre el crimen y la mentira, una mesa de tramposos, y yo quiero estar lejos de los tramposos, aunque eso sea una rémora para afrontar las próximas elecciones. No sé si todos en mi partido dirían lomismo, creo que no. Pero yo no quiero un partido para ganar las elecciones, quiero un PP que sirva para afrontar el escenario siguiente, que será el escenario de una España destruida o a punto de serlo. ¿Que la ruptura es una palabra que asusta? Bien, pues llámalo distancia, una distancia infinita y democrática... ya, ya sé que puedo parecer apocalíptico, pero nunca me he equivocado con ETA. Otros sí...