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4 Opinión SÁBADO 10 6 2006 ABC PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de área: Jaime González (Opinión) Mayte Alcaraz (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado, M. Erice (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) J. López Jaraba (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: José Luis Romero Adjunto al Consejero Delegado: Emilio Ybarra Aznar Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Francisco García Mendívil OPORTUNISMO LAICISTA P REFORMA LABORAL DE CORTO VUELO E L Gobierno aprobó ayer el decreto ley que materializa la reforma laboral concertada con las fuerzas sociales hace un mes, tras una larga negociación durante lo que va de legislatura y que arrancó hace más de seis años. El decreto- -algunos de cuyos extremos entrarán en vigor inmediatamente- -tendrá que ser luego tramitado y es resultado de años de debate y negociación entre sindicatos y patronal, con una presencia intermitente de los sucesivos ejecutivos. Desde 1997 no se producía un movimiento concertado de este tipo, una vez que la reforma planteada del segundo Gobierno de Aznar, con iniciativa gubernamental, fue torpedeada por una huelga general con componentes político- partidista más que laborales y que, pese a su fracaso de convocatoria, amedrentó lo suficiente al Gobierno como para provocar el descarrilamiento del proyecto. El Gobierno necesitaba exhibir ante la opinión pública un acuerdo, presentado como esa reforma laboral pendiente que aparece en todas las recomendaciones de los organismos internacionales y de los institutos económicos que valoran la situación y las perspectivas de la economía española. Pero ¿es ésta la reforma necesaria? ¿Son éstas las medidas de cambio que pueden resolver la persistente pérdida de competitividad de la economía española? Y la respuesta no es ni tan favorable ni tan entusiasta como nos gustaría. Como en algunos otros procesos de reforma (por ejemplo, la fiscal) la establecida en el decreto de ayer adolece de un ritmo lentísimo, tanto que está por ver si produce los frutos esperados. Desde 1997 están pendientes de concretar las medidas necesarias para mejorar la estabilidad laboral, un marco que propicie la contratación permanente y que, sin merma del mayor potencial de ocupación, reste eventualidad y precariedad. Ahora se pone en vigor una serie de medidas, casi todas tibias, para estimular la contratación permanente y restar atractivo a la temporal. En España venimos de una etapa caracterizada por un bajísimo nivel de actividad, especialmente entre las mujeres (los índices más bajos de la OCDE) simultánea además con un altísimo nivel de desempleo, también el más elevado de los países desarrollados. La destrucción de empleo, que empezó a mediados de los años setenta, propició un espectacular aumento de la productividad, pero a costa de reducir los puestos de trabajo, primero en la agricultura y después en la industria. Quizá era un proceso inevitable, pero llegó con una celeridad y una dureza que colocaron a la sociedad española en la cola de Europa en cuanto a capacidad para ofrecer trabajo. Durante la última década y como consecuencia, en parte, de medidas legislativas de estímulo a la contratación (incluida la temporal y precaria) el panorama ha cambiado sustancialmente, y tanto los niveles de actividad como de ocupación y de paro se acercan a la medida europea, a una cierta normalidad. La singularidad española aparece ahora en la tasa de contratación temporal, que alcanza prácticamente a un tercio del total de la contratación, especialmente entre los jóvenes. Esa es la anomalía del panorama español del empleo. La cuestión es cómo corregir esa anomalía. El Gobierno entiende que primando la contratación estable y penalizando la temporal los empleadores modificarán la situación. Puede que sí, o puede que, por el contrario, volvamos a las andadas y baje la contratación temporal, pero también la contratación, lo cual significaría un retroceso, peor remedio que la propia enfermedad. La decisión de los empleadores es compleja: son los protagonistas de la ocupación y no actúan por mecanismos simples de estímulos artificiosos. Nadie crea un empleo por la perspectiva de una subvención automática y finalista. El Gobierno se propone bonificar los contratos fijos con un cuarto de punto de las cotizaciones sociales este año, y otro tanto en 2008. Plantea también retirar, pasados unos meses, la bonificación por el paso de contratos temporales a fijos con objeto de acelerar ese tránsito. La intención es correcta, pero ¿no sería más eficaz reducir las cotizaciones sociales en general, renunciando a la legislación al caso? ¿No sería más eficaz trasladar confianza y seguridad a los empleadores para que amplíen el empleo? No es posible sorber y soplar a la vez, pretender que todos los contratos sean estables, costosos en la rescisión, y que simultáneamente se alcancen la cota potencial de empleo y el nivel más alto de oferta de trabajo. Este es un mercado en el que con más ruido y excepciones más estrecho será el campo de juego. Una nueva oportunidad perdida. MARAGALL SE RETRATA N O hay fecha que no ofrezca algún lustroso ejemplo de la tremenda pugna que se vive dentro del socialismo catalán, donde Pasqual Maragall- -políticamente neutralizado por el traumático proceso del nuevo Estatuto y una legislatura plagada de sobresaltos y mala gobernación- -parece que se niega a rendirse y sigue apostando por su reelección como candidato del PSC en las próximas autonómicas. Ante tanta menesterosidad política (abandonado primero por Rodríguez Zapatero y por Carod- Rovira, después) Maragall intenta lanzar mensajes de autorreivindicación de su figura. Otra cosa es que acierte, circunstancia a la que en los últimos años no propende el presidente del PSC. Ayer, sin duda, erró de pleno al afirmar que para ser presidente de la Generalitat es importante dónde has nacido inaceptable arrebato de exclusión, análogo a la xenofobia, que dice mucho de Maragall. La frase, pronunciada a una semana del referéndum sobre el nuevo Estatuto de autonomía, cayó ayer como una losa entre los partidos que piden el sí quienes intuyen un castigo, en forma de no de los electores ante una afirmación que viene a poner en duda la igualdad de oportunidades de los catalanes, algunos de los cuales- -según Maragall- -tienen implícitamente vedado el acceso a determinados puestos. ¿Qué han de pensar la multitud de catalanes que han nacido en otra comunidad autónoma? ¿Son estos los aires que inspiran al nuevo Estatuto? Las disputas por el liderazgo que Maragall quiera mantener con José Montilla, quien hace unos días trazaba un perfil del candidato del PSC a las elecciones que curiosamente coincidía con el suyo, no justifican que se haga de menos a una parte sustancial de la sociedad catalana, que en su conjunto asiste perpleja al lamentable espectáculo de codazos y empujones que se propinan uno y otro dirigente. Probablemente, a los catalanes les interese mucho más que sus gobernantes sean competentes que su lugar de nacimiento. Porque se empieza estigmatizando ciudadanos por su lugar de nacimiento y se puede terminar con otras exclusiones aún más peligrosas, que no hacen sino retratar hasta el descrédito a quien las propone. OCOS días antes de la visita del Papa a Valencia, el Gobierno ha decidido subvencionar una fiesta gay al lado mismo de la Catedral, organizada por grupos homosexuales que pretenden aprovechar el fuerte impacto mediático derivado del V Encuentro Mundial de las Familias. Aparte de la subvención pública, está previsto que una directora general del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales inaugure el congreso que se celebrará en la Facultad de Psicología. Más allá del lenguaje edulcorado en favor de la diversidad familiar y contra el dogmatismo y la exclusión, el verdadero espíritu de los organizadores queda reflejado en una campaña paralela contra la visita del Pontífice, bajo el lema Yo no te espero Dadas las circunstancias, no es de extrañar que el arzobispado estime que se trata de una provocación ofensiva y denuncie la actitud de estos grupos radicales que cuentan con una inaceptable ayuda del Estado. Debe tenerse presente que la visita de Benedicto XVI a Valencia es un acontecimiento de dimensión mundial, en el que se espera una asistencia masiva y que está dedicado precisamente a la institución familiar, núcleo social básico en la doctrina de la Iglesia y en la consideración de la inmensa mayoría de los españoles. El Ejecutivo socialista practica una política errática en relación con los amplios sectores católicos de nuestra sociedad. En un primer momento, se caracterizó por un laicismo agresivo (criticado desde sectores del propio PSOE) manifestado en la aprobación de diversas leyes y en actitudes que no se corresponden con el artículo XVI de la Constitución, que exige una cooperación positiva entre el Estado y la Iglesia católica. Sin embargo, desde hace algún tiempo el Gobierno intenta recomponer unas relaciones muy deterioradas, a través de las visitas al Vaticano de la vicepresidenta Fernández de la Vega o del nombramiento de Francisco Vázquez como embajador ante la Santa Sede. En todo caso, la querencia laicista sigue presente, como un guiño hacia los sectores más radicales de la izquierda, según se confirma con este inaceptable apoyo a un congreso cuya cercanía en el tiempo al viaje del Papa resulta- -como mínimo- -manifiestamente inoportuna. Todo ello es contradictorio con el interés de Rodríguez Zapatero por conseguir una entrevista personal con Benedicto XVI e incluso con el intento fallido de inmiscuirse en la organización del viaje como si se tratara de la visita oficial de un jefe de Estado extranjero. Valencia está preparada para recibir al Papa como merece. Este acontecimiento de relieve universal no puede verse empañado por una protesta muy minoritaria y por la actitud poco diplomática del Gobierno, que debería replantearse su apoyo económico y su presencia en el mencionado congreso. Hay otros muchos lugares y momentos para celebrar unas jornadas de tono laicista que se presenten como una alternativa a las supuestas ideas esencialistas y excluyentes sobre la familia, a las que el propio programa vincula con ideas religiosas